Nada que arranca la economía

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Desde sus hogares millones de personas se rebuscan el sustento diario. Foto J.C.H.

Descendió la industria manufacturera y el desempleo está en ascenso

Carlos Fernández*

El Gobierno nacional y sus adláteres recibieron dos baldados de agua fría en días pasados: los resultados de la Encuesta Mensual Manufacturera y los de la Gran Encuesta Integrada de Hogares, que mide los índices de utilización de la fuerza de trabajo del país (empleo, subempleo y desempleo). Y no es para menos. Según la primera encuesta, la producción real de la industria manufacturera descendió, en septiembre de este año, en 1,9% con relación al mismo mes de 2016. Por su parte, las ventas reales de la industria manufacturera descendieron 1,8% entre los dos períodos y (¡atención!) el empleo industrial descendió 1,3%.

Por su parte, la segunda encuesta sobre empleo y desempleo muestra un aumento de este último de 8,9% en septiembre de 2016 a 9,6% en septiembre de 2017. En términos absolutos, esto significa que el número de personas desempleadas pasó de 2 millones 174 mil personas en 2016 a 2 millones 376 mil en 2017. O sea 202 mil personas más sin empleo. Un número un tanto mayor de personas se mantiene en los rangos del subempleo llamado objetivo.

El desempleo

La situación de desempleo es aún más dramática si se tiene en cuenta que, en las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas del país, la tasa de desempleo pasó de 9,8% en 2016 a 11% en 2017.

¿Es un asunto de coyuntura?

Cuando aparecen cifras que contradicen el optimismo oficial, el solapado ministro de Hacienda sale, por lo común, a hacer declaraciones malabarísticas que significan, en general, que vamos bien pero que la cifra negativa es coyuntural. La semana pasada se le vio, en compañía del mentecato de Peñalosa, fuera de su aparente natural calmado, celebrando el acuerdo Nación-Distrito sobre el transporte masivo de Bogotá como niños en piñata.

El único planteamiento «estructural» que ha hecho el ministro Cárdenas durante su gestión fue ponerle ese nombre a la nefasta reforma tributaria del año pasado, que elevó el IVA del 16% al 19%. Pero las cifras comentadas no corresponden a una situación del momento sino que son el resultado de múltiples factores internos y externos que están configurando una recesión y, para algunos analistas, una crisis. Las variaciones mensuales de los indicadores económicos deben mirarse con la perspectiva de mediano y largo plazo y las series estadísticas sobre producción industrial, empleo, desempleo, comercio exterior, etc., están indicando que: 1) la pérdida de importancia de la agricultura y la industria dentro del producto interno bruto es consecuencia de lo que se llama la re-primarización de la economía, esto es, de apostar todo a la extracción de los recursos naturales renovables y no renovables del país.

El deterioro de las finanzas

La caída de los precios de estos productos ha deteriorado las finanzas estatales y afectado la situación en que se desenvuelven los dos sectores mencionados. 2) El creciente déficit comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos que ha conducido a un incremento sin precedentes de la deuda externa: desde 2013, dicha deuda se ha casi duplicado al pasar de 24% al 43% del PIB en 2016, con el agravante de que el nuevo endeudamiento se usa, no para financiar inversión productiva que genere capacidad de pago de la misma, sino para cubrir el déficit comercial, el déficit en cuenta corriente (provocado, en gran medida, por la generosa exportación de utilidades de las transnacionales) y, también, la fuga de capitales, representada en el aumento de las propiedades de los colombianos en el exterior. O sea que lo que se está viviendo no afecta sólo la coyuntura sino que apunta a deteriorar más las bases estructurales de la economía y a empobrecer aún más a la población trabajadora.

El último evento mencionado –fuga de capitales- podría tener que ver con el temor que el proceso de paz genera en los círculos plutocráticos del país, al cual se han opuesto sistemáticamente o, si, en un momento determinado algunos lo apoyaron, ahora se revuelcan contra su implementación. Unidos el temor a la verdad, a la justicia y a tener que reparar con parte de sus bienes a las víctimas del conflicto, está llevando a estos sempiternos dueños del país y a sus peones congresistas y funcionarios a poner en riesgo la implementación del Acuerdo final.

* Investigador del CEIS.

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