Uno de los objetivos de Claver-Carone en la presidencia del BID es promover el derrocamiento de los gobiernos incómodos para la política norteamericana, estrangulándolos financieramente y consolidando el poderío de los Estados Unidos

Alberto Acevedo

En medio del rechazo de varios países de la región, y pese a la advertencia de expresidentes, banqueros y expertos en el manejo económico latinoamericano de que su presencia es un factor de división, de mayor atomización de la integración regional, el pasado 12 de septiembre, en sesión virtual, Mauricio Claver-Carone fue elegido nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.

La primera consecuencia de esta elección, que salta a la vista, es que su nombramiento, antes que cohesionar la región, impulsar la integración y el multilateralismo, la va a fragmentar y polarizar más, y que su llegada a la dirección del BID obedece a una estrategia del presidente Trump, para lo cual el gobernante imperial utilizó una especie de “diplomacia de las cañoneras”, como en los tiempos de la guerra fría, para imponer a toda costa a su candidato.

En relación a la inconveniencia de hacer una asamblea virtual de tan importante organización, que algunos economistas catalogan como un Banco Mundial chiquito, se pronunciaron numerosas voces en el continente americano y Europa.

Sin respaldo de los demócratas

Cinco expresidentes latinoamericanos, entre ellos el colombiano Juan Manuel Santos, y un alto funcionario de la Unión Europea, hicieron un pronunciamiento conjunto sugiriendo que la votación se hiciera en marzo próximo, no solo para garantizar que fuera presencial, superada la etapa más crítica de la pandemia, sino para que se realizara sin las tensiones de la campaña electoral de los Estados Unidos.

Círculos cercanos a la campaña del demócrata Joe Biden, indicaron por su parte que esa formación política no ve con buenos ojos la idea de que una persona cercana a Trump asuma el control del banco regional más importante, y que de ganar Biden, probablemente el mandatario y su bancada en el congreso van a menguar los fondos destinados a ese organismo.

Otro elemento a tener en cuenta es que Argentina y Costa Rica lanzaron candidatos propios para la presidencia del BID, pero en ninguno de los dos casos alcanzaron un consenso importante, y ante las presiones de Estados Unidos por imponer su candidato, ambos renunciaron antes de la elección del 12 de septiembre.

Rabioso anticomunista

Claver-Carone ha sido uno de los más cercanos asesores de Trump en materia de seguridad para América Latina. Es considerado uno de los ‘halcones’ de la política norteamericana, calificativo con el que se conoce a los conservadores más radicales, fundamentalistas y militaristas. Ha sido uno de los arquitectos de la ofensiva intervencionista contra Venezuela, Cuba y Nicaragua y es un furibundo anticomunista.

En esta perspectiva, uno de los objetivos de Claver-Carone en la presidencia del BID es culminar el derrocamiento de los gobiernos incómodos o que no están alineados con la política norteamericana, estrangulándolos financieramente y consolidando el poderío de los Estados Unidos. En la mira siguen pues, Venezuela, Cuba y Nicaragua, y de nuevo Bolivia, si triunfa el candidato del Movimiento al Socialismo, de Evo Morales.

Recordemos que, tres semanas atrás, Colombia fue visitada por el asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Robert O’Brien, quien estuvo acompañado del jefe del Comando Sur y del propio Claver-Carone. En la visita, quedó claro no solo que Washington iba a imponer a cualquier precio a su candidato a la presidencia del BID, sino que la política norteamericana tiene como prioridad uno A, una “campaña máxima de presión contra Venezuela”.

América primero

Pero hay otro objetivo no menos importante, que la Casa Blanca considera ‘estratégico’, y es el de “contrarrestar la influencia extranjera” en el continente y fortalecer las relaciones con los aliados y con socios de ideas afines. “El presidente Trump considera que el hemisferio occidental es un área increíblemente importante para los Estados Unidos, que ha sido descuidada durante demasiado tiempo”, dijo el nuevo presidente del BID.

Desde luego, cuando habla de ‘influencia extranjera’ no se refiere, en acto autocrítico, a la política intervencionista norteamericana. Alude al protagonismo cada vez más importante de China en la colaboración bilateral con países y organismos económicos de América Latina. Y en el marco de la guerra comercial desatada por Trump, la cuestión se convierte en asunto de vida o muerte. Riñe con su estrategia de ‘América primero’, que esbozó desde su campaña electoral.

La pelea con el gigante asiático no va a ser fácil. Hace pocos meses, China anunció una partida de mil millones de dólares para créditos de fácil acceso a los países latinoamericanos en su lucha contra el coronavirus. Pero además, dispone de una amplia línea de créditos a programas de desarrollo. China ya financió varias represas hidroeléctricas en Ecuador, y otros, programas de desarrollo en Venezuela y Centroamérica. Esto marca una diferencia con Estados Unidos, pues mientras Washington desarrolla programas de combustibles fósiles, China orienta sus créditos hacia las economías limpias.

Concepto de soberanía

Claver-Carone, más que un estratega económico, es un oficial de inteligencia norteamericano, puesto por Trump al frente del BID para contrarrestar la influencia de China en el hemisferio, particularmente en lo que se refiere al sector energético. Para los republicanos, el concepto de soberanía no tiene sentido. Tampoco el de no intervención. La soberanía es válida solo para los Estados Unidos.

Trump parte del supuesto de que ahora los países latinoamericanos van a correr a pedirle dinero prestado al BID y a caer en una carrera loca de endeudamiento, cuando China ofrece créditos menos onerosos y orientados al desarrollo independiente. Lo que tenemos es que hay una arquitectura financiera latinoamericana que va a ser hecha trizas por el agente de Washington en la entidad crediticia más importante del continente.

No en vano, el presidente de los Estados Unidos se refirió en términos despreciativos a todos esos “países mexicanos”. Algo parecido a “la vieja esa”, expresión salida del Palacio de Nariño en Bogotá. La diplomacia latinoamericana está en su punto más bajo, y el intervencionismo norteamericano en su punto más alto.

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