El movimiento secundarista: una lucha olvidada en el tiempo

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Tercer congreso nacional de estudiantes de secundaria realizado en el año 2000

Históricamente la lucha del movimiento estudiantil de secundaria ha sido aislada y poco reconocida, provocando que no haya un amplio conocimiento, ni datos verídicos, sobre la disputa que han librado en las aulas y las calles a lo largo de la historia

Andrés F. Montoya Sáenz

En el marco de la oleada de protestas que se dieron en Colombia durante el mes de septiembre por el asesinato del abogado Javier Ordoñez a manos de la policía, varios compañeros y compañeras secundaristas resultaron detenidos y heridos, recibiendo amenazas, hostigamientos y comentarios despectivos por parte de la Fuerza Pública. Si nos remontamos al movimiento universitario, inmediatamente pensamos en los hechos ocurridos el 8 y 9 de junio de 1954 durante la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla, que terminarían forjando las bases para conmemorar el día del estudiante caído, sin embargo, suele omitirse la violencia que ejerció el brazo armado del Estado sobre los estudiantes de secundaria en aquella jornada, cuando los colegios y universidades salieron a manifestarse el 9 de Junio por el asesinato del estudiante de filosofía y medicina Uriel Gutiérrez el día anterior, siendo la solución del Ejército colombiano (recién llegado de la guerra de Corea) hacer uso desmedido de la fuerza disparando contra los manifestantes.

Por otra parte, los planteles educativos se han visto inmersos en una lógica bélica, así por ejemplo,  en 1964, las instituciones fueron usadas a merced de los militares quienes terminarían empleando los lugares de estudio como cuarteles. No obstante, en 1967, el presidente de turno durante el Frente Nacional, Carlos Lleras Restrepo, saca el decreto 966 en el cual señala “Que todos los colombianos varones están obligados a prestar servicio militar”, como consecuencia, se desataron protestas por parte de los estudiantes de secundaria en rechazo a la medida tomada por el mandatario. Viviendo en un país sumergido en la violencia y en donde se pone a las Fuerzas Militares en el podio más alto de las profesiones, son los estudiantes de los colegios e instituciones educativas quienes nos hemos opuesto a cargar un fusil y ser el blanco para continuar con la guerra.

Un recorrido de luchas

Los movimientos estudiantiles, sociales y políticos nacientes de la década de los setenta se caracterizaron por la gran influencia que recibieron de hitos como la revolución Cubana y la guerra de Vietnam. En lo corrido del 70, se vivieron diferentes tensiones y acciones violentas hacia el movimiento estudiantil, el primer mes comenzó con una movilización nacional, diferentes universidades se declararon en paro, destacándose especialmente la Universidad del Valle -en donde se venía gestando desde el año anterior una reforma al Consejo Superior Universitario- acompañada de la secundaria la cual efectúo una huelga en Cali que buscaba que no se privatizara la nocturna en un colegio.

Sin embargo, el conservadurismo del último presidente del Frente Nacional suscitó que el 26 de febrero de 1971 se arremetiera contra el estudiantado, campesinos y trabajadores en Cali quienes buscaban condiciones educativas y laborales dignas, dejando un saldo de más de 100 muertos. Meses después, Adolfo Losada Quintero era asesinado por la fuerza pública tras un allanamiento en su colegio.

En septiembre, en la capital del Quindío y seguido de un congreso estudiantil, se crea la Unión Nacional de Estudiantes de Secundaria, UNES, aunque no fue la única organización de carácter secundarista de aquella época, también se destacaron otros procesos que lograron tener incidencia como la Federación de Estudiantes del Quindío y la Federación de Estudiantes del Atlántico.

El 5 de octubre del 1971, el estudiante del Colegio de Barranquilla Julián Restrepo Villareal quien se movilizaba apoyando a los huelguistas y denunciando la corrupción dentro de su establecimiento educativo, es asesinado a bolillazos por la Policía quedando el caso en la impunidad.

En mayo de 1973, otro asesinato juvenil se vuelve titular en el periódico VOZ Proletaria. Manuel Cepeda Vargas relata como Henry Macías Ramírez quien cursaba sexto grado de bachillerato, fue asesinado por la fuerza pública; el movimiento estudiantil de dos colegios se disponían a manifestarse en contra del cierre de una institución en el Huila y a conmemorar el asesinato de su compañero Alfonso Losada dos años antes, a pesar de ello,  la reacción fue militarizar el municipio de Garzón y decretar toque de queda. Ese mismo año, la UNES realiza su segundo congreso.

Los estudiantes de la Universidad Industrial de Santander y los secundaristas de varios colegios de Bucaramanga, alzaban la voz en contra del alza en el precio del combustible y el transporte público, durante la manifestación, Pedro Vicente Rueda Montañez, estudiante del Instituto tecnológico santandereano recibe un impacto de bala propinada por un policía el 28 de Julio de 1976.

En la década de los ochenta se vivió quizá uno de los momentos más complejos para los movimientos sociales, populares y estudiantiles en Colombia. Es importante resaltar la reforma postsecundaria que empezaría a implementar el examen de Estado para ingresar a las universidades públicas, estandarizando la educación y los conocimientos de los y las estudiantes.

Sin embargo, es el nacimiento de la Unión Patriótica tras un acuerdo de paz con el gobierno de Belisario Betancur y las FARC-EP el 28 de mayo del 85, que se configura el hostigamiento y persecución contra la izquierda, a pesar de surgir como un partido político que le apuesta a la paz y la democracia, su historia se ve manchada por el plan “baile rojo” como es acuñado el exterminio del cual fue víctima su militancia.

Los estudiantes de secundaria no fueron ajenos a este crimen de lesa humanidad, las escuelas se usaban como motines de guerra. El 1 de septiembre de 1986 es asesinado el militante del Partido Comunista Colombiano y senador de la UP por el departamento del Meta, Pedro Nel Jiménez Obando en frente del colegio en donde estudiaba su hija Claudia, quien para ese entonces tenía 11 años. El anticomunismo seguía expandiéndose en Colombia y con el apoyo del Estado, el narcotráfico y el paramilitarismo, se perpetraba el genocidio a militantes de izquierda. En Medellín, el 24 de noviembre de 1987, tres sicarios asaltaron la casa de la Juventud Comunista, JUCO, y acribillaron a 6 militantes, entre ellos, María Concepción Bolívar, bachiller de diecinueve años.

El nacimiento de la ANDES

Antes de 1994, las reuniones dentro de los planteles educativos eran una acción estigmatizada y perseguida; no es hasta que se expide la Ley 115 o Ley General de Educación que se empieza a permitir los consejos, abriendo la posibilidad al estudiantado de tener un gobierno escolar con garantías y una incidencia política en las decisiones que se toman en los colegios.

Una movilización de más de 600 estudiantes en el centro de Bogotá, específicamente en el colegio Camilo Torres y después de un congreso nacional de estudiantes de secundaria durante los días 30 de septiembre, 1 y 2 de Octubre del 1994, serían los antecedentes del nacimiento de un proyecto unitario del movimiento estudiantil, la Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria, ANDES, organización con principios democráticos, pluralistas y humanistas. En el congreso de estudiantes se establecieron espacios de discusión en torno a la Ley 115 y las reivindicaciones que tenía que asumir la educación media junto con la movilización social.

Estaba llegando a su fin el siglo XX, en el mundo se construían los lineamientos de lo que sería la actualidad, sin lugar a duda, la caída del muro de Berlín que posteriormente debilitaría hasta la destrucción del bloque comunista, afecto significativamente las causas sociales y políticas en todo el globo.

En Colombia, el recrudecimiento del conflicto aumentaba, en 1998 asume la presidencia Andrés Pastrana quien profundizó el neoliberalismo y las privatizaciones, vale recordar a su padre Misael, último presidente del Frente Nacional que en lo que compete con la educación, cerró varias universidades y militarizo el territorio.

Bajo la directiva transitoria 0205 del 99, nació un órgano represivo de la protesta, el escuadrón móvil antidisturbios, ESMAD, que posteriormente se convertiría por excelencia, en el brazo de la fuerza pública para violar el derecho a la protesta y la movilidad de los secundaristas, universitarios y, en general, del movimiento popular.

Los últimos 20 años han sido de cambios, movilizaciones y una participación de los y las jóvenes en la construcción de país. En el primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez, estudiantes de secundaria (en su mayoría agremiados de la ANDES) acompañados del magisterio, organizaron una movilización de Tunja a Bogotá en contra del plan de desarrollo neoliberal de Uribe, el cual pretendía continuar con las privatizaciones y limitar el derecho a manifestarse. Cabe señalar que un ejemplo de lo último mencionado sucedió en la sede central de la UPTC en Tunja, lugar en el que se encontraban acampando los secundaristas quienes fueron infiltrados por la policía y vigilados por helicópteros del ejército, este hostigamiento a la protesta causo que no se desenvolviera correctamente, obligando a los estudiantes a trasladarse a la Universidad Nacional de Colombia.

El 1 de mayo del 2005 un arma no convencional disparada por el ESMAD le arrebataría la vida al estudiante Nicolas Neira quien cursaba noveno grado en el colegio Hermano Miguel de la Salle, mientras transitaba por la movilización que conmemoraba el día internacional del trabajo.

Presente del movimiento secundarista

Es durante la primera década del siglo XXI que la ANDES se convierte en vanguardia del movimiento estudiantil secundarista, eran sus agremiados organizados en compañía de sus compañeros quienes se tomaban los colegios en contra de las irregularidades y la privatización, tal como sucedió en el 2008 con la institución educativa La Amistad en Kennedy y el colegio Nuestra Señora del Rosario de Suba aglutinando específicamente a los padres de familia.

Con un país inundado en doctrinas bélicas, soldados en el campo colombiano y ríos de sangre, la juventud se volvió el blanco de las élites para propagar el conflicto. La ANDES desde sus principios destaca el antimilitarismo y los derechos humanos, negándose al servicio militar obligatorio y promoviendo el acceso a la objeción de conciencia. Para el 2010 se genera el IV Foro Nacional de objetores y objetoras de conciencia abriendo campos de discusión y logrando que los jóvenes asumieran una postura en oposición a la guerra.

La contribución fue muchísimo más amplia con el proceso de paz que inició en el año 2012; el movimiento estudiantil no se quedó por fuera de la apuesta por la paz estable y duradera. En los colegios se busca reforzar la implementación de la catedra de paz en virtud al acceso de conocimiento sobre lo ocurrido, los actores que participaron y así mismo se realiza la propuesta de servicio social para la paz en aras de la construcción de tejido social y la no repetición.

Mientras se recorría el tortuoso camino que terminó con la firma del Acuerdo, la juventud llevó a cabo jornadas de velatones, marchas en pro de la paz y pedagogía de lo pactado, pese a lo refrendado en el punto 6 y la decisión del “no” en las urnas. La lucha por retornar la confianza de las comunidades la abanderó desde entonces un importante sector estudiantil de la secundaria.

Actualmente, la lucha no es muy distinta a la que se vivía hace unos años, seguimos reafirmando el compromiso por la paz, la creación de espacios inclusivos y anti patriarcales, una disputa por la educación universal, gratuita y de calidad, la memoria de nuestros compañeros, el desmonte del ESMAD y la no criminalización ni estigmatización del movimiento social, para evitar la repetición de casos como el del bachiller Dilan Cruz quien fue asesinado en Bogotá por un agente en el contexto de la jornada de protesta del 21 de noviembre del 2019 mientras marchaba exigiendo el acceso a la educación superior.

Desde la Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria continuaremos ondeando las banderas de la democracia y la justicia social con destino a la utopía del país que queremos e intensificando las narrativas de nuestro movimiento, el mismo que ha sido poco reconocido y olvidado.

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