Modelos económicos en juego

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Debate de candidatos presidenciales en la pasada contienda electoral del año 2018

Se perfilan propuestas programáticas que se lanzan para medir fuerzas con los adversarios. Las diversas fuerzas políticas definen sus planteamientos económicos para las elecciones, en defensa de los intereses que representan

Carlos Fernández

La campaña electoral para 2022 empezó hace rato. Casi se puede decir que desde que se declaró a Duque como presidente electo. Obviamente, la proyección hacia la próxima campaña presidencial no ha asumido la apariencia formal de una campaña pero ésta es la razón de ser de muchos posicionamientos en materia política, judicial, económica y social. Más concretamente, cada enfrentamiento entre las fuerzas políticas en pugna trae aparejado el deseo de ganar adeptos para la próxima elección.

Y es que lo que está en juego no es cualquier cosa: los movimientos de Duque en materia de política económica, de mal manejo del conflicto social, de copamiento de todas las ramas del poder público, etc., pusieron en evidencia que los sectores proclives a una salida autoritaria y criminal, con visos fascistas, no están dispuestos a ceder el gobierno ante una eventual pérdida de las elecciones, prefigurada ya en los resultados de las últimas territoriales realizadas.

Lo nuevo de ahora es que empiezan a perfilarse incipientes propuestas programáticas, como globos que se lanzan para empezar a medir fuerzas con los adversarios. Aunque son conocidas las posturas de todo orden de las diversas fuerzas políticas, algunas de ellas ya han hecho planteamientos sobre lo que querrían hacer de ganar las elecciones. En esta nota, nos limitaremos a los aspectos económicos de los mismos.

Fajardo y el inefable centro

Hace pocos días, apareció en la página virtual del movimiento Compromiso Ciudadano, de Sergio Fajardo, una propuesta de programa de empleo de emergencia que busca paliar, en el corto plazo, la crítica situación de empleo que vive la fuerza de trabajo colombiana y que se agravó por efecto de la pandemia y por las medidas tomadas para contrarrestarla. Consiste en la inversión de hasta 50 billones de pesos en dos años (25 billones por año), más una esperada contrapartida de 18 billones de parte del sector privado proveniente del pago de la parte de los salarios que les correspondería después del subsidio y una suma no especificada que aportarían las administraciones municipales, distritales y departamentales.

Se plantean dos líneas de acción: la primera, destinada a la ejecución de proyectos de empleo de emergencia por el sector público de todos los niveles, con una meta de creación de 1,4 millones de empleos: 1 millón de empleos de salario mínimo, 200 mil empleos de profesionales jóvenes de hasta 1,5 salarios mínimos y 200 mil empleos de medio tiempo.

La segunda línea de acción consiste en un subsidio al sector privado para la creación de dos millones de empleos. Se subsidiaría hasta el 50% del salario mínimo y se podría destinar hasta el 10% de los recursos a créditos al sector privado, priorizando las empresas receptoras del subsidio. La financiación del programa vendría de la compra de TES del Banco de la República al Gobierno, la emisión de nuevos TES o préstamos internacionales. Hacia el mediano y largo plazo, debería hacerse una reforma tributaria progresiva, que elimine exenciones y que fortalezca la forma de contrarrestar la elusión y la evasión tributarias. Nada nuevo.

Cuota inicial del programa

No es objetivo de esta nota evaluar la viabilidad de la propuesta que elaboró Fajardo con algunos miembros de su entorno político como José Antonio Ocampo y Mauricio Olivera, entre otros. Nos interesa señalar que, sin ser, explícitamente, una propuesta de campaña, apunta a complementarse con medidas de más largo plazo pues se señala que «el programa puede revertir los efectos de la crisis del desempleo e iniciar planes de más largo plazo para combatir la pobreza y la desigualdad con empleo digno». Se puede pensar, entonces, que esta promesa no es sino la cuota inicial de la propuesta programática que, seguramente, elaborará el equipo de Fajardo para la próxima campaña presidencial.

Esta iniciativa, seguramente, vendrá acompañada de apelaciones a la participación ciudadana, tal como se hace en su ofrecimiento «Empleo de emergencia, ya», pues Fajardo logró «quitarles de las manos los recursos a los corruptos». Habrá que esperar que Fajardo concrete las propuestas económicas de lo que sería un gobierno de baboso centro ballenero. Y eso que, después de la pasada elección, dijo que se retiraba de cualquier contienda presidencial.

La campaña del Gobierno

Entre tanto, el Gobierno nacional no ha estado quieto. Luego de la expedición del documento CONPES 3999, en el que hizo el balance de las medidas de política adoptadas desde cuando se decretó la pandemia, ha elaborado un nuevo documento, que está para discusión hasta el 28 de octubre, en el que hace, por una parte, el balance de las medidas tomadas durante la pandemia y, de otra, propone un plan de reactivación de corto y mediano plazos, dado el impacto de la pandemia sobre la economía nacional. A corto plazo, plantea medidas que hagan que «la economía del país retorne rápidamente a la senda de crecimiento que estaba recorriendo cuando fue golpeada por el covid-19, así como contrarrestar las problemáticas que fueron creadas o profundizadas por la pandemia y las medidas de contención del Gobierno».

Hacia el largo plazo, el Gobierno «busca que la economía colombiana migre hacia una senda de crecimiento más sostenible que la que estaba recorriendo cuando fue impactada por el covid-19», lo cual no deja de ser una confesión de parte. Lo que queda en evidencia es que, mientras Fajardo sólo ha planteado, por ahora, salidas al desempleo en el corto plazo, el Gobierno, que también está en campaña en la medida en que tiene que mostrar resultados para cuando ésta se caliente, ya está hablando de la reactivación en el largo plazo, obviamente, dentro de los estrechos marcos del mejoramiento del ciclo de los negocios y del mantenimiento de los alivios tributarios a las grandes empresas, aprobados en las dos últimas reformas tributarias.

Ojo con el 22

La declaración de 38 puntos que hizo Uribe al salir de la «prisión», contiene cuatro o cinco enunciados económicos que, en general, coinciden, como es lógico, con lo que el Gobierno ha venido expresando: a) Gracias a «la reducción razonable de los impuestos», el país venía bien hasta marzo; b) Hay un desarrollo de la infraestructura vial que permite que el país se comunique mejor; c) La expansión de la energía alternativa es formidable; d) Hay que reducir la jornada de trabajo y expedir un bono para niños de hogares de menores ingresos. Como se ve, Uribe, en cuatro párrafos, va más allá que Fajardo y le da línea al Gobierno. Pero ese «ojo con el 22» no es sino la expresión que de lo que se trata es de ganar a toda costa las elecciones, para poder continuar con la política actual y profundizarla. Ojo con el 22 quiere decir «llegó el momento de la campaña, yo estoy libre para dirigirla y hay que ganarla incluso a base de promesas económicas que no vamos a cumplir».

¿Y el campo de izquierda y progresista?

En diversas oportunidades, Petro ha hecho síntesis importantes de su planteamiento programático, que viene desde la elección anterior y que involucra una concepción de cambio de sistema productivo, al proponer la descarbonización de la economía y, a partir de ahí, la incorporación de campesinos y trabajadores como sujetos del desarrollo pero, hay que decirlo, desde una perspectiva de desarrollo del capitalismo nacional favorable a los sectores campesinos y obreros, negando cualquier vinculación con un proyecto socialista, del cual, indirectamente, fue acusado por Uribe en su declaración. Es cierto que el socialismo no está en el orden del día de la lucha política actual en el país, pero no puede dejar de ser una perspectiva a alcanzar, en la medida en que sólo el derrocamiento del capitalismo va a garantizar la salvación del planeta y, con él, de la humanidad.

En este campo, han surgido voces democráticas que aspiran a la presidencia. Una de ellas, la de Iván Marulanda, del Partido Verde, ya cayó en la trampa fajardista de no medirse en una consulta con Petro. Lástima. Otra, que acaba de anunciarse, es la de Francia Márquez, la líder social del Cauca. Aún no hace planteamientos programáticos pero es saludable que en el campo de la democracia y del progresismo, existan aspiraciones diferentes, que deberán medirse en una consulta si queremos que sea la democracia la que nos rija.

Pero, de aquí a las elecciones, la lucha es larga y profunda. Tenemos Minga, tenemos paro nacional, tenemos múltiples movilizaciones. Ellas nos dirán a quién hay que apoyar para derrotar al uribismo y a las fuerzas que terminan, en su inconsecuencia, apoyándolo.

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