Entre el miedo y la esperanza

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Alejandro Ramírez Montoya*

Durante los últimos años nuestras familias, sectores y comunidades que componemos nuestra patria, hemos percibido, vivido o participado de un proceso de paz que, aunque se encuentra firmado, aún no se ve gran parte de sus resultados materializado en los territorios.

Hoy, esa posibilidad se ha visto truncada por los intereses de quienes se han beneficiado por varias décadas de un conflicto que ha dejado más de ocho millones de víctimas, desplazando a más del 50% de nuestra población a las grandes ciudades, entre muchas otras tragedias. Y todo a pesar de tener el apoyo de la comunidad internacional, empezando por el máximo organismo de la política mundial: el Consejo de Seguridad de la ONU, quien ha verificado el 100% la dejación de armas y ha alertado sobre todos los cambios normativos en la implementación, especialmente la desconfiguración de la JEP.

El papa Francisco, como máximo jerarca de la iglesia, se pronunció varias veces a favor y visitó oficialmente nuestro país, para alentarnos a no dejarnos llevar por la cizaña. El mundo ha valorado en toda su dimensión este proceso, mucho más que buena parte de la sociedad colombiana.

Este acuerdo ha sido atravesado por un sistema electoral viciado, donde se perdió el plebiscito en las urnas, un Congreso que minimizó lo que más pudo los alcances democráticos, sociales y políticos del acuerdo y un gobierno nacional que firmó a nombre del Estado y no ha cumplido ni el 20% de lo acordado desde hace un año y medio de implementación; se les expropió las curules de paz en el congreso a las víctimas y no se ha entregado un centímetro de tierra, de las diez millones de hectáreas pactadas para los campesinos y mucho menos a los excombatientes, eso sin contar con los más de trescientos dirigentes sociales asesinados después de la firma.

El panorama no es muy alentador, realmente esta etapa de transición histórica de la guerra a la paz, hoy se encuentra seriamente amenazada. Nos ubicamos pues, entre la perfidia o la posibilidad de convertir lo firmado en una opción transformadora real. El movimiento popular, las propuestas alternativas y los demócratas que han defendido la solución política, se encuentran en una gran dispersión y desarticulación, que no permite mostrarse ante las gentes del común como una posibilidad real y músculo socio-político que lidere y agencie los cambios.

El domingo 27 de mayo volvemos a las urnas, para definir en primera vuelta quién asumirá las riendas de nuestro país durante los próximos años. No podemos asegurar que sean solamente cuatro años. La matriz mediática se ha encargado de posicionar en el imaginario de los colombianos que ganó el candidato que defiende los intereses del statu quo, de la institucionalidad y que a través de las prácticas del engaño, el miedo y la motosierra han impuesto el modelo económico y político que padecemos.

Los sobrevivientes y herederos de esta tragedia empezamos a despertar y unirnos, el 27 de mayo diez millones de colombianos salimos de nuestras casas a pronunciarnos contra la muerte, la violencia política, la corrupción y el capital salvaje; en las urnas manifestamos una voluntad contundente por la vida, la democracia real y la esperanza.

En los próximos días se define por medio de una coyuntura electoral, lo que hemos luchado durante décadas los desposeídos, que somos la gran mayoría; aquí no se trata de dos candidatos, no se trata de definir entre izquierda o derecha, o entre guerra y paz solamente; se trata de definir entre el pasado-presente de incertidumbre, conflictividad, corrupción, que profundizará más las brechas de inequidad, acabando el poco sistema judicial, haciendo trizas los acuerdos.

Para fortalecerlo por más décadas o que cese por fin esta horrible y larga noche, el cambio hacia una sociedad en transición y construcción de la paz, debe incluir una agenda con la sustentabilidad de la vida, las economías alternativas limpias, las conquistas de los derechos de los agrarios, los jóvenes, las mujeres y los niños; con liderazgos colectivos alternativos. Hoy no se trata de gustos, ni una elección de un presidente más, se trata de enrutarnos, pese a todas las dificultades, por la construcción de la vida y la esperanza, ¡para las presentes y futuras generaciones!

Hoy no se trata de acuerdos por las alturas, de los precandidatos alternativos de primera vuelta, ni siquiera de sus partidos, hoy empezó a despertar una ciudadanía libre, inteligente y propositiva que recoge muchos y variados legados de lucha, entre ellos el de Gaitán: “El pueblo es superior a sus dirigentes”

¡Nunca en la historia hemos estado tan cerca, el futuro le pertenece a los pueblos! ¡Que el bien germine ya!

* Dirigente popular Marcha Patriótica.

Representante Consejo Nacional de Paz por sectores socio-políticos.

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