Mérida

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Jaime Cedano Roldán
@Cedano85

El Centro Cultural La Alcazaba se llenó de símbolos, más allá de lo que el mismo representa, en la ciudad de Mérida, Extremadura. Alguien portaba en su mochila la camisa del padre asesinado, la foto de los padres desaparecidos, un lienzo con el nombre de un hermano asesinado, una carta, un poema, unos pendientes. Eran víctimas y sobrevivientes del conflicto armado político y social que ha vivido Colombia. Víctimas en el exilio y víctimas provenientes del territorio. Y entre las víctimas del exilio forzado habían tres generaciones, los del éxodo de los ochenta y noventa, y los de este siglo y también hijos y nietos de los primeros. Era un Encuentro de víctimas, un diálogo con funcionarias de la Justicia Especial para la Paz, la Comisión de la Verdad y la Unidad de búsqueda de personas desaparecidas. Fue el II Foro Internacional Por la Paz en Colombia organizado por la asociación Ayujara con el apoyo de la agencia de cooperación de la Junta de Extremadura y otras fundaciones e instituciones. En el Encuentro se abordaron diversos temas con variados enfoques relacionados con el funcionamiento y los objetivos de las tres instancias surgidas del acuerdo de paz, pero ante todo volvió a escucharse un reclamo que con el tiempo se va volviendo casi angustioso. El del reconocimiento de la calidad de víctimas para las personas forzadas al exilio, algo muy difuso en las normas, en los acuerdos, en los ejes programáticos de partidos, movimientos y en las propias organizaciones de víctimas. Algo presente también en la historia de otros conflictos y procesos de transición. Mucha gente quiere, aunque esté lejos, sentirse parte de los procesos y hacerlo con voz propia y con sus propias historias, reclamos y necesidades. El principal objetivo político es lograr que el exilio forzado y el exilio sean considerados un delito de lesa humanidad con la carga de consecuencias que este delito tiene para las víctimas, que suelen encontrarse muy lejos del “exilio dorado” que yace en el imaginario colectivo. Que las instancias del acuerdo surgidas para la justicia, la verdad y la búsqueda de personas desaparecidas se sentaran en Mérida a dialogar con el exilio es un avance muy importante para una población muy grande y significativa.

No fue ajeno el Encuentro a las dificultades del proceso, a las incertidumbres sobre el futuro real de las instancias creadas. No solo por el propósito de algunos de “hacer trizas los acuerdos”. También por la amenazante guerra de rapiña contra Venezuela donde el gobierno de Duque juega un mercenario papel. En un escenario fatal no quedaría nada de acuerdos. Alguien recordó aquello de “para qué zapatos si no hay casa”. Y efectivamente el camino ahora para defender la paz en Colombia es derrotando la guerra y las provocaciones contra Venezuela.

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