María Mercedes Méndez: Un hermoso descubrimiento feminista

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María Mercedes Méndez

En El Castillo, Meta, durante el mandato de María Mercedes Méndez, se puso fin a cuatro meses de violencia, gracias a un proceso de reconciliación entre los actores del conflicto promovido por la misma alcaldesa

Renata Cabrales

De manera infortunada, como sucede con todos los procesos de paz en Colombia, locales o nacionales el periodo de paz que se dio, gracias a María Mercedes Méndez, en El Castillo, meta, fue muy corto, pues el 3 de junio de 1992, un grupo de hombres armados, algunos con uniformes del ejército, detuvo el auto en el cual se movilizaban, María Mercedes Méndez de García, William Ocampo, Rosa Peña Rodríguez, Ernesto Sarralde y Armando Sandoval y les hicieron un ataque terrorista con granadas. Todos murieron en el acto.

María Mercedes hizo parte de la dirección regional del Partido Comunista Colombiano (PCC), de la dirección departamental de la UP, de la Unión de Mujeres Demócratas (UMD) y de la congregación de las Hermanas Dominicas de la Presentación, vistiendo hábitos de monjas por poco tiempo, durante su juventud. Dos horas antes de ser asesinadas María Mercedes y el alcalde entrante, William, habían estado en la Brigada 7 del ejército en Villavicencio, reclamando condiciones de seguridad para ellos y los demás integrantes de la Unión Patriótica.

Así mismo, José Rodrigo García Orozco, esposo de la asesinada alcaldesa, entre 1986 y 1988, fue el alcalde del municipio de Puerto Rico, departamento del Meta, fue diputado a la Asamblea del departamento del Meta por la Unión Patriótica y por el Partido Comunista. Su trabajo consistió siempre en denunciar los crímenes de lesa humanidad en contra de los militantes de la Unión Patriótica de la región del Meta. El 26 de noviembre de 1992, José Rodrigo fue asesinado por cuatro hombres de la estrategia militar encubierta, dos agentes del F-2 de la Policía y dos paramilitares, Arnulfo Castillo Agudelo, conocido con el alias de “Rasguño” y un hermano de este a quien llamaban “Puntillón”.

Las cuatro primaveras

Cuatro niñas quedaron huérfanas, producto de estos crueles asesinatos. “Somos cuatro hermanas producto de este matrimonio, Linda Carol, Hada Luz, Jenny Paola y Tania Marinella, nuestros padres se casaron por la iglesia y nos tuvieron a las cuatro, amorosamente se refieren a nosotras como las Cuatro Primaveras”. Afirma Jenny Paola en una entrevista para Contagio Radio, y continúa con su relato: “En el momento en que los asesinaron, en el año 1992, teníamos entre doce años la mayor y seis la menor. Lo que nos cuentan es que en ese momento es que antes de las amenazas que ellos enfrentaban a diario, particularmente mi madre empieza a organizarse y a organizarnos, de tal manera que, si a ella le sucede algo, nosotras no quedamos a la deriva. Es así como ella le hace el encargo a una gran amiga que conoce aquí en Villavicencio en el trabajo comunitario”.

Luz Helena la amiga de María Mercedes, trabajaba con una ONG que tenía como uno de sus objetivos principales, la protección de niños, jóvenes y adolescentes. Entonces, ella es la persona a quien le hace la solicitud, y en caso de que atentaran contra su vida, se hiciera cargo de las cuatro niñas, pues uno de sus temores era que fueran separadas. De esta forma, Luz Helena inicia los trámites, se le entrega la custodia de las menores y se trasladan con ella y su esposo a vivir en Montería, Córdoba.

Labor a puertas abiertas

En cuanto a su labor como lideresa, Paola afirma que la gente que conoció a su madre les habló sobre su maravilloso trabajo, sobre todo, con las mujeres de la región, lo cual constituyó para ellas un descubrimiento muy interesante: “Nuestra madre para mí y mis tres hermanas, ha sido todo un descubrimiento hermoso, pues a través de los años se mantiene ese cariño, ese afecto y ese agradecimiento por esa dirigente.

La recuerdan como una mujer sonriente, como una mujer muy dispuesta, muy abierta a la comunidad, con una disposición a escuchar a la gente en todo momento; una alcaldesa sin horario, también en algún momento hemos escuchado esa expresión. Ella no le cerraba las puertas a nadie, eso también es algo que parece que caracterizó su ejercicio y era una alcaldía de puertas abiertas para toda la ciudadanía, para los contradictores, para quienes votaron por ella y para quienes no lo hicieron también, como lideresa, una mujer muy amorosa, muy suave, pero con mucha determinación”.

Paola García Méndez

Especial trabajo con las mujeres

En un momento de la historia del mundo en general y de nuestro país, donde las mujeres estaban abriendo camino en muchos de esos espacios, buscando la justa participación política, que es tan difícil, María Mercedes fue la primera mujer en el Meta elegida por voto popular y tuvo un primer periodo donde le hicieron la designación. Cuando finaliza ese periodo la gente la busca en su propia casa para solicitarle que sea candidata para las próximas elecciones. Inmediatamente acepta esta solicitud del mismo pueblo y efectivamente sale elegida, todo esto constituye un legado importante para el departamento del Meta.

Según Paola Méndez, “entre sus apuestas, ella tenía temas relacionados con la educación, prioridades con la infancia y adolescencia, y algo que le preocupaba mucho era el hecho de lograr que otras mujeres también pudieran tener esos espacios dentro de la política y así buscar ese equilibrio dentro de lo que socialmente se nos ha impuesto como las tareas del cuidado de la familia y un tiempo para el desarrollo como mujer. Entonces, también es ese su paso por la Unión de Mujeres Demócratas, UMD, y creo que ahí deja también un gran legado, que pasó no solo desde el proponer, sino que es un ejemplo claro de que se pudo hacer”.

Algo muy particular en ese entonces que hubiese avanzado en la equidad para las mujeres en el país, de la mano del gran proyecto político y social que era la Unión Patriótica, tiene que ver con la economía del cuidado, “porque lo que nos cuenta la gente es que esa preocupación que ella tenía por  poder abrir esos espacios de participación política para las mujeres, pues estaba muy normalizada la idea de ese rol social que nos han impuesto, un trabajo del que no ha sido fácil desligarnos e incluso también por un tema biológico, lo que implica la maternidad en nosotras, y no ha habido aún unas iniciativas o acciones afirmativas para que las mujeres salgamos de ese rol de desventaja que tenemos en la sociedad y que nos quita posibilidades profesionales, de desarrollo individual o profesional en muchos campos. Creo que por su parte se habría empezado esa discusión desde hace mucho tiempo y estaríamos en otro momento de la discusión”, agrega Paola.

Las audiencias ante la CIDH

Ante la audiencia pública de la CIDH por el caso de la UP, a pesar del negacionismo del Estado ha habido un avance en cuanto al tema del genocidio, pues se ha reconocido la responsabilidad del Estado. “Pienso que eso es importante mencionarlo, repetirlo, que en la misma audiencia así queda dicho, y digamos que al final queda como que ha habido responsabilidad por omisión, pero también ha habido una justicia, en algunos casos el reconocimiento por acción y participación de agentes del Estado. No en general para todo el caso Unión Patriótica, pero en unos casos individuales sí ha habido ese reconocimiento, entonces, eso es importante saberlo”, afirma Paola.

En cuanto al número de víctimas de la UP y la reparación económica o no, por parte del Estado colombiano, la entrevistada concluye que “en cuanto al tema de justicia y sobre cómo la interpretamos nosotros, hay la posibilidad de generar acciones o medidas que garanticen la no repetición, pues se parte desde lo primero y es el poder tener acceso a la verdad, para asimismo como sociedad plantear esas acciones que van a garantizar que de verdad los hechos no se repitan…Uno de los puntos de discusión frente a los defensores de las víctimas y a la defensa del Estado es el universo de víctimas.

“El Estado solo reconoce 209, frente a más de 6.000 víctimas, entonces, lo que se entiende o la reflexión que uno hace alrededor de eso es que este reconocimiento tiene un interés de responsabilidad económica que pueda generar el tema de indemnizaciones o reparaciones administrativas. Reconocer a estas víctimas debe preocupar mucho más que si se va a tener o no la capacidad económica de hacer una eventual reparación económica individual”.

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