Madre adolescente

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28 de septiembre, Día por la Despenalización del Aborto en América Latina y El Caribe

Renata Cabrales

Cuando Marcela decidió vivir en unión libre con quien fuera su novio y padre del bebé que esperaba en ese momento, lo hizo más por resolver su situación de inestabilidad en todos los sentidos, que por amor, pues es imposible dar amor si nunca se ha recibido.

Cuando la vi no la reconocí a simple vista. Su panza de embarazada de ocho meses era demasiado grande para una adolescente, más bien baja y delgada, contextura muchas veces normal en chicas que han sido víctimas, desde el nacimiento, de maltrato y violencia intrafamiliar.

Marcela estudió, por poco tiempo, en el mismo colegio de mi hija y llegaron a ser buenas amigas. Pero de repente, no volvimos a saber de ella hasta hace poco.

Bastó su sonrisa insegura para reconocer ese rostro triste que muchas veces contemplé con lástima, y que recuerdo con remordimiento, por no haber hecho algo para cambiarlo.

La invité a sentarnos en un café y le dije que solo quería saber cómo estaba, si necesitaba algo, que ese era el motivo principal de mi invitación. Aceptó con gusto. Pedí un café y ella un jugo en leche y enseguida me dijo que la leche le haría bien a su bebé, que quería que fuera una niña sana, y no débil y desnutrida como ella.

–¿Entonces, ya sabes que es una niña?

–Sí señora. Dijo, mientras bajaba la mirada y se encerraba en un silencio profundo por un rato, como buscando alguna respuesta, en la mesa, sobre su incierto futuro.

No quise interrumpir sus pensamientos, así que tomé mi taza de tinto y la observé fijamente, como hacía mi abuela, al leer el futuro, y quise encontrar en el líquido oscuro, alguna respuesta sobre el porqué del maltrato hacia tantas chicas inocentes en mi país y en el mundo, y si algún día esto llegaría a su fin.

–Y no dejaré que nadie la maltrate. Dijo la joven, con determinación, poniendo fin al penoso mutismo.

–Te prometo que pondré mi granito de arena porque así sea. Le dije, con el mismo sentimiento de impotencia que me acompaña desde que asumí la causa feminista.

La historia de Marcela

Marcela fue víctima de maltrato físico por parte de su padre, y de maltrato sicológico por el lado de su madre. Varias veces se escapó de su casa, siendo apenas una adolescente, huyendo de sus infames progenitores. Hasta que decidió no volver y se quedó a vivir en un barrio marginal de Bogotá, con una familiar lejana, a quien poco o nada le importaba su suerte y quien le abrió las puertas de su casa con el único fin de que la ayudara con el trabajo doméstico.

Un día cualquiera conoció a un hombre mayor que ella, con quien empezó una relación sentimental y asimismo, empezó a tener relaciones sexuales sin ni siquiera saber lo que era un método anticonceptivo. No demoró en ser víctima de una enfermedad de transmisión sexual y, sin tener seguro médico. Al poco tiempo tuvo su primer embarazo no deseado. Algunas amigas con un poco más de experiencia en estos temas, le ayudaron a buscar ayuda médica en el caso de la enfermedad de transmisión sexual y más adelante la asesoraron en diferentes formas de practicarse un aborto casero, corriendo el riesgo de morir en el acto. Esto lo hizo un par de veces, por ser la única salida para una muchacha de su clase y condición sociocultural y además, víctima de la violencia machista.

Otra vez a la calle

Al ser víctima del maltrato y constante abuso sexual por parte de su pareja de entonces, Marcela decidió huir otra vez.

Esta vez conoció a una mujer mayor que le ofreció techo y comida a cambio de que la ayudara también con el trabajo doméstico. En ese nuevo barrio de residencia, conoció a otro joven, quien le ofreció un cariño verdadero, pero que al igual que ella, no había recibido una clara educación sexual, pues también había abandonado la escuela por verse en la obligación de trabajar. Así que una vez más, Marcela quedó embarazada, con la diferencia de que la señora que la hospedaba, le hablaba de Dios y del pecado que significaba el aborto y que además, era un delito. Sí, esa es la única educación obligatoria en casa y en la escuela que reciben los jóvenes del país: la religiosa. Así que Marcela decidió tener al bebé, siendo muy joven, sin educación y sin nada que ofrecerle, por el miedo al infierno y a la cárcel, infundido por la mujer con quien vivía, quien ni siquiera sabía que en Colombia el aborto no podía ser penalizado en tres causales y que existen muchas formas de prevenir un embarazo no deseado.

Por su parte, el muchacho, padre de su hijo, le pidió que viviera con él, que con su trabajo harían lo posible por “salir adelante”.

–Definitivamente, mi hija irá a la escuela y a la universidad. No dejaré que nadie la toque y le aconsejaré no traer niños al mundo a sufrir. Yo no quería ser madre tan joven y no quiero que a ella le pase lo mismo.

La miré y sonreí orgullosa por su nueva actitud. Marcela había madurado con los golpes de la vida. Me duele aún no haber hecho nada por ella directamente, pero creo que ahora con su condición de leona que defiende con uñas y dientes a su hija, tiene suficiente para enfrentar a esta sociedad machista y misógina que asesina a niñas, niños y mujeres, y condena a adolescentes pobres a asumir la responsabilidad de ser madres cuando ni siquiera tuvieron la oportunidad de tener una muñeca en sus manos, siendo niñas; debido a su extrema condición de abandono y de pobreza.

Campaña aborto seguro

A propósito de Marcela y muchos casos más, el 28 de septiembre es el día por la Despenalización del Aborto en América Latina y El Caribe. Es una iniciativa del movimiento de mujeres latinoamericanas y caribeñas, que luchan por la despenalización del aborto, en el marco de la democracia, los derechos humanos y la justicia social.

Se asumió el 28 de septiembre como el día por la despenalización del aborto, en el marco del V Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe, realizado en San Bernardo, Argentina, en el año de 1990. Esta propuesta fue hecha por la delegación brasilera, para rescatar el 28 de septiembre de 1888, cuando en Brasil se declaró la libertad de vientres, asegurando la libertad a todos los hijos (as) nacidos de mujeres esclavas.

A partir de este momento, las organizaciones comprometidas con la campaña, organizan y promueven todos los años acciones para sensibilizar a la sociedad e incidir en los gobiernos acerca del grave problema de salud pública, derechos humanos, justicia social y equidad de género que entraña el aborto inseguro e ilegal; de ahí, la necesidad de generar políticas públicas para despenalizarlo.

Fuente: http://www.rednacionaldemujeres.org/index.php/campanas/28-de-septiembre

@RENATARELATA 

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