Macron habló de unidad, pero no de crisis

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Emmanuel Macron, presidente electo de Francia.

Francia eligió un gobierno neoliberal. Hasta hace poco un desconocido político. El nuevo gobernante es portavoz del recetario neoliberal que impone la troika europea

Alberto Acevedo

El candidato de la centro derecha francesa, Emmanuel Macron, se alzó con una contundente victoria en las elecciones en segunda vuelta, el pasado domingo 7 de mayo, al alcanzar un 65.10 por ciento de la votación, marcando una ventaja de más de 30 puntos sobre su oponente, la ultraderechista Marine Le Pen, que debió resignarse con 34.90 por ciento de los votos.

Finalmente, el mundo de los negocios ha colocado en la presidencia de Francia a uno de sus empleados predilectos. Ha garantizado, con los resultados de las urnas, la continuidad del modelo neoliberal. La Unión Europea ha respirado con alivio y la banca internacional ha reaccionado con expresiones de regocijo en las bolsas de valores. Se ha instalado en el Palacio del Elíseo una derecha “conveniente” a los intereses del gran capital.

En su primer discurso ante la nación y la comunidad internacional, Macron reconoció que recibe en sus manos a un  país dividido, polarizado. Por eso habló de unidad, de lucha contra el terrorismo, de mayor protagonismo dentro de la Unión Europea.

Mano tendida a la ultraderecha

Lo hizo por ejemplo al hacer un reconocimiento del trabajo de su oponente: “Yo quiero dirigirme a mi adversaria, Marine Le Pen, con un saludo republicano. Conozco la división de nuestra nación, yo la respeto. Conozco la cólera, la ansiedad y las dudas que un gran partido como ustedes ha expresado. Es mi responsabilidad escucharles, protegiendo a los más frágiles, organizando mejor la solidaridad, luchando contra todas las formas de inequidad y discriminación, garantizando la unidad de la nación”, dijo el nuevo presidente de los franceses.

Pero no habló de la crisis social que afecta a la nación, del desempleo, del despojo paulatino de las prestaciones sociales y el bienestar de los trabajadores y del pueblo. No mencionó el tema, porque sus compromisos políticos con el gran capital le impiden prometer soluciones en esa dirección.

Por el contrario, durante su campaña prometió disminuir los costos laborales. El pueblo galo sabe lo que eso significa. Es la reducción de los salarios y de las pensiones, el aumento de la pobreza entre los ciudadanos, el empobrecimiento de la clase media. Es, en fin, el recetario de la denominada troika: El Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, que imponen a los gobiernos del viejo continente el recorte del gasto social y el desmonte de las garantías sociales de los trabajadores.

No fue por sus méritos

Macron, de 39 años, considerado el presidente más joven de la vida republicana francesa, fue hasta hace poco un desconocido en la política de su país. Funcionario del Banco Rothschild durante la mayor parte de su vida y luego ministro de Economía y Finanzas del actual gobierno de Hollande, es un  personaje de escasa experiencia política. Su éxito se debió mas a las circunstancias de la vida del país, ante el descalabro del bipartidismo tradicional, que a sus propios méritos.

Ante la posibilidad de que la presidencia de Francia fuera ocupada por una representante de la ultraderecha nacionalista, la burguesía europea puso al servicio de la candidatura Macron todo el poder de la gran prensa occidental, y con el ingrediente del miedo logró movilizar una gran franja de población. Macron se ha declarado  europeísta, librecambista y neoliberal, y por eso no está en sus manos hallar una salida a la crisis social que atraviesa el país.

Pero sí tendrá, en todo caso, que lidiar con una nación en la que se mueven nuevas fuerzas sociales. Con el agotamiento, en primer lugar de la legitimidad del bipartidismo gobernante. La derecha conservadora de Los Republicanos, alcanzó el 20 por ciento de los votos, mientras el Partido Socialista de Hollande el 6.35 por ciento.

Se refuerzan en cambio fuerzas ascendentes. Una de ellas, el centro neoliberal de Macron, ahora en el poder. Pero también la ultraderecha del Frente Nacional de Le Pen, y la izquierda de la Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon, que alcanzó un 19.58 por ciento de las papeletas, casi siete millones de votos. Indicativo de que algo se mueve en Francia.

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