Los Simpson y el metro (II)

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Simón Palacio
@Simonhablando

Se hace cada día más viral la afirmación “Los Simpson lo volvieron a hacer” referida a las veces en las que la serie de televisión norteamericana ha logrado predecir el futuro en las 30 temporadas que lleva al aire.

La caída de las Torres Gemelas, Trump como presidente de los EE.UU., el espionaje masivo de la Agencia de Seguridad Nacional, entre otros acontecimientos de la historia reciente, han sido anunciados en distintos capítulos donde la constante es la caricaturización de la sociedad occidental.

En el capítulo Marge vs the Monorail de la cuarta temporada, la ciudad de Springfield es víctima de un timo sin precedentes. Al tener dinero extra en caja gracias a una multa impuesta contra el magnate Monty Burns, la ciudad se reúne para planificar la inversión del capital que asciende a tres millones de dólares.

Mientras Marge Simpson sugiere invertir el dinero en vías, irrumpe en el ayuntamiento un señor con el nombre de Lyle Lanley ofertando un monorriel eléctrico, persuadiendo al pueblo con cantos y algarabía. Springfield se decanta en la idea de un metro elevado que a la postre termina siendo un fracaso por la corrupción con el que se diseñó y ejecutó, consolidando un contundente robo que solo favorece al operador privado.

Este capítulo nos sugiere que es altamente probable que Los Simpson volverán a predecir la historia, en este caso, con el atormentado tema del metro de Bogotá.

La necesidad de un sistema de transporte masivo se asumió con un sistema temporal de buses que terminó resolviendo a las patadas el problema de movilidad en la ciudad. Hoy Transmilenio se encuentra colapsado, retomando la necesidad de un Metro eléctrico que ayude estructuralmente la movilidad de la ciudad.

El problema es que el alcalde Peñalosa nos quiere embaucar, vendiéndonos un monorriel elevado sobre la premisa de que es el modelo que necesita la ciudad. Ni es más barato, ni es la opción estética viable, ni soluciona el problema de movilidad.

Parafraseando a Lisa Simpson, la pregunta sería: ¿Por qué están tan obsesionados en construir una línea de mini-metro elevado, en una ciudad en expansión, con población descentralizada y un sistema de movilidad colapsado? Seguramente la respuesta vendría del CEO de Volvo y no de nuestro fanfarrón alcalde.

Como se ha venido argumentando, el proyecto es inviable con un Conpes aprobado sin estudios de factibilidad, con una proyección de costos mayor a la inicial, donde el distrito asumirá los seguros sobrecostos. La línea de metro proyectada al 2050 será de 27 kilómetros comparada con los 248 kilómetros que tendrá el sistema Transmilenio para esa fecha. Tendremos un metro alimentador y una ciudad estafada.

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