Los métodos para aumentar la plusvalía según Marx

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Alberto Maldonado Copello

La producción capitalista es producción de plusvalía bajo sus diferentes categorías: ganancia industrial, ganancia comercial, ganancias financieras, renta e impuestos. El motor de los capitalistas es la obtención de las ganancias más elevadas posibles, así traten de esconderlo detrás de hipócritas declaraciones sobre su propósito de desarrollar el país, generar empleo y satisfacer necesidades de la gente.

Marx dedica buena parte del tomo I de El Capital a explicar los métodos que tiene el capitalismo para incrementar la plusvalía, los cuales divide en plusvalía absoluta y plusvalía relativa.

La plusvalía absoluta es aquella que se consigue aumentando la jornada de trabajo o haciéndola más intensa. Esta es una práctica corriente que tiene especial fuerza en los inicios de la relación social capitalista, pero que se mantiene siempre presente. Es bastante clara y evidente para cualquier patrón que ve que, en la medida en que logre que el trabajador por el mismo salario trabaje más horas, o que trabaje en forma más intensiva, sin desperdiciar el tiempo, va a obtener más productos y mayores ventas, y en consecuencia mayores ganancias. Esta forma de aumento de la plusvalía tiene como límite la resistencia de los trabajadores y la intervención de la sociedad por medio de leyes laborales que establecen la jornada de trabajo y los costos salariales adicionales por la realización de trabajo extra.

Plusvalia relativa

El segundo método lo llama Marx la plusvalía relativa la cual tiene la característica de no ser completamente consciente y de generar efectos muy importantes en el desarrollo de la sociedad capitalista. ¿En qué consiste? En la reducción del valor de la fuerza de trabajo, es decir, del valor de los medios de vida de los obreros. Si se consigue que la canasta de bienes y servicios se pueda producir a un menor valor, los trabajadores destinarán menos parte de su tiempo de trabajo para la satisfacción de sus necesidades y una parte mayor para nutrir a sus patronos.

La reducción del valor de la fuerza de trabajo es también consecuencia de la búsqueda de ganancias extraordinarias. Cada capitalista para competir y ganar participación en el mercado busca métodos para abaratar sus mercancías con relación a los competidores, lo cual logra en la medida en que introduzca nuevas y mejores máquinas y herramientas y formas de organización del trabajo más eficientes, mediante las cuales produce una cantidad mucho mayor de mercancías con la misma fuerza de trabajo. Esto es lo que ha sucedido históricamente al pasar de la producción artesanal a la producción mediante la manufactura y la introducción de máquinas y la conformación de grandes empresas. El valor por cada mercancía se hace mucho menor. El capitalista que introduce estas máquinas y métodos mejores de producción puede entonces obtener una ganancia extraordinaria y concentrar una porción más grande del mercado.

Esto ocurre en las ramas que producen los bienes de consumo de los trabajadores (alimentos, vestido, muebles, etc.) y también en las ramas industriales que elaboran las máquinas y herramientas para producir dichos bienes. El resultado es que los trabajadores son mucho más productivos y pueden entonces obtener el equivalente de su canasta de medios de vida trabajando menos tiempo para ellos y generando más trabajo excedente. Esto permite incluso que puedan mejorar sus condiciones de acceso a bienes y servicios, aunque aumenten las ganancias de los patronos, lo cual se ha observado históricamente, en especial en los países más desarrollados, donde los trabajadores pueden conseguir mejores viviendas, vehículos, electrodomésticos, etc., a pesar que la tasa de explotación en términos relativos es grande.

Motor de la innovación

La búsqueda de plusvalía es por tanto el gran motor de la innovación tecnológica y el desarrollo técnico del capitalismo; los capitalistas no invierten por beneficiar a la humanidad sino por el apetito de más ganancias, pero al hacerlo han contribuido al gran desarrollo de la capacidad material de producción. Ya desde el Manifiesto del Partido Comunista escrito en 1848, habían señalado Marx y Engels este carácter “progresista” del capitalismo, consistente en el gran desarrollo de las fuerzas productivas que es la base para una sociedad que algún día realmente funcione en beneficio de todos los seres humanos. La gran capacidad de producción es el fundamento para la liberación del hombre y la mujer con respecto a la necesidad de generar los bienes materiales para su subsistencia.

Pero en la sociedad capitalista, el efecto de este “progresismo” es negativo en gran medida para los trabajadores. Por una parte, la introducción de máquinas desplaza trabajadores y contribuye a crear un ejército industrial de reserva, una población desempleada y subempleada permanente. Por la otra, el desarrollo de las máquinas genera presiones para la realización de trabajo nocturno, para la intensificación del trabajo y para la realización de tareas rutinarias y repetitivas que convierten al trabajador en un ser unilateral que desarrolla día tras día labores poco estimulantes para su espíritu.

Explotación

Finalmente, los métodos señalados por Marx para aumentar la plusvalía, la plusvalía absoluta y la plusvalía relativa, son fundamentales dentro del capitalismo, pero no quiere decir que no existan otros complementarios y también eficaces. Por una parte, la reducción del salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo, es decir, pagar incluso menos del salario mínimo regulado legalmente. Se trata aquí de todas las trampas que hacen los patronos tanto en la magnitud del salario como mediante el no pago de las prestaciones a las que están obligados, o las prácticas de contratación mediante contratos precarios y engañosos. Adicionalmente, los trabajadores ven que la explotación en el trabajo se complementa mediante explotaciones diversas en sus relaciones como compradores y deudores, por ejemplo, en el pago de los arriendos, en el pago de mercancías a productores monopolistas que incrementan los precios y, principalmente, en la necesidad de recurrir a los préstamos del sector bancario y de la usura informal. Mediante estos métodos se reduce aún más el salario de los trabajadores y se incrementa la plusvalía que se reparten los grandes y pequeños capitalistas industriales, comerciales y financieros.

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