Los horrores de la guerra

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Renata Cabrales

Los horrores de la guerra, obra pintada por Rubens en 1637, retrata de manera evidente, las funestas consecuencias de las guerras que arrasaron con Europa durante el siglo XVII. Representa en fin, esta obra, las consecuencias de todas las guerras, en todo el mundo.

La imagen principal de la obra es un hombre con una armadura de soldado romano, que se asemeja a Marte, el Dios de la guerra, a quien se aferra Venus, la diosa del amor, reconocida, a su vez, como la diosa de la paz, y quien a simple vista parece intentar detener el avance de la guerra funesta, simbolizada con negras nubes y mucha oscuridad. Y así, rodeados de muchos elementos simbólicos, los protagonistas de la obra de Rubens, representan un escenario de horror que se traduce en las desgracias padecidas por el ser humano en medio de las guerras que arrasaron el continente europeo, pero que finalmente, son las mismas tragedias que se padecen durante cualquier guerra: hambre, miseria, sufrimiento, desolación.

Los horrores de las guerras son evidentes, incluso en las palabras de orgullo de un norteamericano, a quien por accidente escuché decir que participó en la guerra contra Irak cuando apenas era un joven de 17 años, hazaña que le da cierto estatus social a hombres de bajos recursos que no tienen otra opción de vida.

Los horrores de la guerra están representados en los abusos sexuales que padecieron 875.437 mujeres de 142 municipios de Colombia, entre 2010 y 2015 durante el conflicto armado en Colombia, según una encuesta de Oxfam y organizaciones de derechos humanos

Así mismo, la Premio Nobel de Literatura 2015, Svetlana Alexiévich, muestra en su novela La guerra no tiene rostro de mujer, un lado de la guerra desconocido hasta el momento: el de las mujeres que combatieron en la segunda guerra mundial, y quien expresa en su introducción: “En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana. En esta guerra no solo sufren las personas, sino la tierra, los pájaros, los árboles. Todos los que habitan este planeta junto a nosotros. Y sufren en silencio, lo cual es aún más terrible”.

En Colombia, excombatientes de las FARC no pierden las esperanzas de que el gobierno cumpla los acuerdos y todos los amnistiados puedan volver a sentir el olor de la libertad, y en general, puedan gozar de una vida digna en sociedad después de haber arriesgado todo por el pueblo colombiano, y porque nadie merece seguir padeciendo el dolor de esta guerra. Ya es hora de que tomemos conciencia de la magnitud de este conflicto y de las secuelas que ha dejado en cada uno de los habitantes de este valle del horror. Porque nunca debemos preguntar por quién doblan las campanas (no me canso de las palabras de John Donne); las campanas doblan por ti.

@RENATARELATA 

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