Los grandes desafíos

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Nelson Lombana Silva

La carga de expectativas al comenzar un año es enorme entre el pueblo colombiano. Salir adelante, cumplir con las metas y los objetivos alimentan los hogares. Sin embargo, todo ese cúmulo quijotesco de sueños y esperanzas generalmente suelen chocar con la realidad del sistema económico que cada vez es más incapaz de satisfacer las necesidades del pueblo en su conjunto.

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Hoy llegó mi cuñado a comprar el tiquete Ibagué-Anzoátegui y, ¡oh, sorpresa!, tuvo que desembolsar mil pesos más. “Mientras festejábamos, el Gobierno decretaba el alza de la gasolina y al subir la gasolina todo sube de precio”, anotó pensativo hurgando su escuálido bolsillo para completar la suma requerida.

La terminal era un maremágnum. Viajeros que llegaban a la ciudad musical de Colombia y otros que salían a distintas zonas del país con la esperanza de comenzar a luchar apenas por sobrevivir. Despedidas y bienvenidas se expresaban con alborozo en la pequeña terminal.

Al fin y al cabo el mundo gira como es y no como quisiéramos que anduviera. El 2014 (más viejos, pero nosotros nos engañamos diciendo Año Nuevo) esconde grandes desafíos, sobre todo relacionado con el tema de la paz con justicia social. Algunos hablan incluso ya del posconflicto con bastante alharaca y exagerado optimismo.

De todas maneras, es la mayor apuesta: la construcción de la paz, después de casi 60 años de cruda violencia de un régimen sectario, excluyente y corrupto. Será un año de movilizaciones campesinas, indígenas y populares ante el incumplimiento del presidente Santos con la Mesa de Interlocución Agropecuaria (MIA). Seguramente el pueblo volverá a pelear en las calles y carreteras exigiendo sus justas reivindicaciones.

El tema electoral también será importante. Renovar el parlamento y elegir presidente o presidenta para los próximos años. Aunque es pelea con burro amarrado, hay que dar la batalla y la izquierda se debe prodigar a fondo sin medios masivos de comunicación, sin dineros calientes, sin maquinaria electoral a desalienar a millones y millones de colombianos prisioneros del régimen y de espaldas a su propia realidad. Ciertamente, es una tarea quijotesca.

Podría ser este año el año de la unidad de la izquierda en Colombia, el añorado sueño de un frente amplio por la paz y la democracia capaz de disputarle el poder presidencial a la rancia y pútrida oligarquía colombiana. A ese gran propósito hay que sumarnos con criterio político amplio, generoso y dialéctico. Nada de dogmas, nada de sectarismos, nada de grupismos. ¡Unidad, unidad, unidad!

Será un año de lucha frontal contra la megaminería a gran escala. No podemos permitir que las multinacionales y transnacionales se roben los recursos nuestros y nos dejen la vasta zona convertida en un gigantesco desierto. Debemos continuar con la preparación de un gran paro cívico. Será la única forma de expulsar del suelo colombiano a AngloGold Ashanti y demás depredadoras del medio ambiente.

Será el año de la Unión Patriótica. Sus banderas recorrerán las cúspides de las imponentes montañas y prolongadas llanuras. Aída Avella Esquivel, candidata presidencial, recorrerá el país despertando conciencias y anunciando la buena nueva. Nadie podrá detenerla, porque Aída es pueblo y el pueblo es invencible, nadie lo detiene cuando se dispone a luchar por sus sacros derechos.

Será un año de luchas y de victorias. Bienvenido.