Los caminos de la duda: El pánico de la derecha

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Alfonso Conde

Llegó a mis manos una columna del bárbaro Plinio que funge como otro “ideólogo” de la caverna. Esta vez, curioso asunto, pudo descubrir lo evidente: califica como “ilusión engañosa” la supuesta disposición de la guerrilla de cesar su lucha política de medio siglo a cambio de un par de puestos en el Congreso más la garantía de ser eximidas de castigos penales. Las FARC, afirma, “van mucho más lejos”.

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Plinio Apuleyo Mendoza

No descarto la posibilidad de que algunos individuos más o menos cercanos a Plinio, de esos que son de malas para pensar, como decía un amigo, hayan llegado a creer la tontería de que era posible para ellos la perpetuidad de sus privilegios con el simple costo de permitir unos cargos simbólicos y un indulto. Colombia es hoy un país distinto y el mundo también cambió.

Pero más que la “brillantez” del análisis, la columna trasluce el temor de la burguesía, de la troglodita y de la emergente, de perder sus prebendas si la contienda política se transforma en una cercana a la verdadera democracia. Dice Plinio, además de la consabida mención a conspiraciones e infiltraciones, que sus fuerzas, esas que eufemísticamente califica de democráticas, están divididas y no ven algunos “las secretas cartas de las FARC” que “tendrían abierto el camino del poder a la manera patentada por Chávez”.

Y sigue diciendo: “…sólo les bastaría… una coyuntura electoral favorable. Y, cuidado, pueden tenerla el próximo año”. La eventual contienda entre los primos Santos no convocaría a los seguidores de la burguesía y quedaría libre el camino para un candidato único de la izquierda, detrás del cual “estarían todos los amigos de las FARC, además de los Maduro y los Castro”. Le faltó decir que estarían las verdaderas fuerzas populares y democráticas de nuestro país, que es lo que constituye el factor que lo atemoriza.

Se trata de un conjunto de advertencias a la burguesía que trasmiten un talante absolutista por cuanto caracterizan como peligro el permitir el libre juego de las ideas; pero, más allá de ello, es un llamado a cerrar filas por todos los medios para impedir el ascenso de posiciones que defiendan intereses populares.

La contienda está planteada, y no será simple. Para enfrentarla con éxito hay un requisito ineludible: la unidad de las fuerzas democráticas que, en todos los campos, entre ellos el sindical, el agrario y, claro está, el político, deberán presentar un frente común por la paz y la democracia que se oponga con decisión al guerrerismo de la burguesía, ese que con éxito han venido aplicando por décadas contra la población colombiana.