Lorena me despertó

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Simón Palacio
@Simonhablando 

La noche del miércoles tuve un sueño. Es más, diría que fue un ensueño. Soñé que el 7 de agosto de 2018, me despertaba temprano y abría los titulares de la prensa: “Petro se posesiona como presidente”, decía la página del primer portal consultado. No tenía ni idea.

Me desplacé corriendo hacia el cuarto y miré a mi compañera. Al preguntarle qué estaba pasando, ella con sus ojos embargados en felicidad, me explicaba: “Ganó la segunda vuelta porque enamoró a un pueblo. Y aunque hubo fraude, no pudieron ocultar la victoria”.

En el ensueño del 7 de agosto la posesión no era la tradicional para un Presidente de Colombia con el típico protocolo hipócrita de la política. Petro presidente, era otra cosa. La Plaza de Bolívar estaba repleta de gente plebeya. No conozco a nadie, estoy ante una multitud de gente común y corriente. Buscaba la zona VIP, donde los invitados son la gente famosa, expresidentes, mandatarios latinoamericanos, enemigos que ahora quieren ser sus amigos, amigos y aliados investidos de gloria. No había tal zona. Había tanta gente que no reconocía a nadie. Era una fiesta popular.

Petro estaba hablando, llevaba algo menos de una hora. Recordaba que lo logrado era la victoria del proyecto histórico aplazado de la Pola, del general Melo, de Uribe Uribe, de Jorge Eliécer Gaitán, de Camilo Torres, de Jaime Bateman, de Jaime Pardo Leal, de Bernardo Jaramillo, de Carlos Pizarro. La democracia.

Después comenzó a hablar de las tareas, de que no se había ganado nada, de la necesidad de construir colectivamente la Colombia Humana. “América Latina no aceptará errores políticos, la naturaleza no aceptará improvisaciones, la humanidad no aceptará otra paz fracasada”, manifestaba claramente emocionado y con su nudo de corbata mal hecho.

Todo muy bien, muy emotivo, hasta que escuché una frase: “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”, gritó Allende, perdón, Petro. Me sentí en una revolución. Sonó la Ley del Embudo, el sueño se convirtió en un paseo vallenato y terminé bailando con alguien, no sé con quién, pero feliz.

“¿Qué pasa amor? ¿Por qué te mueves tanto? ¿Otra vez soñando a la revolución?”. Tiernamente me despertó Lorena, mi compañera. “Sí, amor, pero esta vez la revolución era nuestra” respondí.

Pasado el clímax abrí mi portátil y encontré una columna en El Heraldo firmada por Iván Cancino, que lleva por título “Laura me salvó de Petro”. Tuvimos el mismo sueño, incluso igual de exagerado, porque de ganar Petro este no va a hacer una revolución socialista (mi sueño) ni va a ser un dictador medieval (el sueño de Cancino). Sin embargo, entendí que hay algo que nos diferencia: Mientras ellos sueñan miedo, nosotros soñamos esperanza…

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