¡Le fabricamos un default a su medida!

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La cesación de pagos que se imputa a Venezuela, es un ‘default mediático’ inventado por las aseguradoras de riesgo norteamericanas, para crear pánico financiero y buscar asfixiar la economía del país bolivariano

Alberto Acevedo

El ‘default selectivo’ que la agencia norteamericana de corredores de bolsa Standard & Poor’s ha decretado contra Venezuela, no solo constituye una actitud de abierta intervención en los asuntos internos de ese país latinoamericano, sino una infamia de gruesas magnitudes. El default, como suelen llamarlo los economistas, es una cesación de pagos que hace un país en sus obligaciones de deuda externa, después haberse declarado previamente en insolvencia.

Semejante estado de inhabilitación para asumir sus compromisos financieros externos, es una situación que solamente hacen los gobiernos, en el momento en que consideren que su responsabilidad de pagos es inmanejable. En el caso de Venezuela, esto no ha sucedido. Por el contrario, todas sus agencias financieras gubernamentales han dicho que han cumplido, y seguirán cumpliendo con el pago de los bonos de deuda externa y sus intereses.

Estrategia de asfixiamiento

S&P tomó como pretexto para declarar arbitraria y unilateralmente el default, un retraso en el pago de 200 millones de dólares, por concepto de intereses de uno de sus cupones de deuda externa. Venezuela no negó el pago, simplemente se retrasó. Pero esta cifra es insignificante, si se tiene en cuenta que en el mercado internacional circulan 60.000 millones de dólares en bonos venezolanos, sin que se presenten irregularidades en los pagos.

Es claro que medidas como el anunciado ‘default selectivo’ buscan sembrar pánico en el mundo financiero, para que se le nieguen nuevos créditos a Venezuela o se afecte el valor de sus bonos de deuda externa en el mercado internacional. Detrás de la medida de S&P, que ha estado acompañada de pronunciamientos similares de otras agencias de corretaje de bonos de deuda, está el interés de los denominados fondos buitre de aprovecharse de una situación de pánico financiero, para incrementar sus utilidades, poniendo contra la pared el sistema financiero venezolano.

La estrategia busca asfixiar la economía del país latinoamericano. Cierto es que los precios internacionales del petróleo, más la guerra económica que la burguesía nacional e internacional ha decretado contra la economía venezolana, han traído dificultades. Pero el gobierno de Maduro ha respondido por sus obligaciones en este sentido. La situación, sin embargo, se hizo más complicada, después de que el 25 de agosto pasado, la administración Trump en Estados Unidos impuso nuevas sanciones y restricciones, entre las que se cuentan la prohibición a socios norteamericanos de adelantar nuevos empréstitos en favor de Venezuela. Esto implica la imposibilidad de acudir a créditos frescos para paliar la deuda externa.

Show mediático

El cerco económico es claro. Unas semanas antes, la empresa de servicios financieros Euroclear incautó 450 millones de dólares que el gobierno venezolano había colocado en el exterior para la compra de medicinas, alimentos y materiales de construcción. Ahora, el Deutsche Bank y el Citi Bank, cerraron las cuentas del gobierno venezolano en sus agencias.

El incumplimiento de pagos venezolano no es más que un ‘default mediático’, fabricado por los grandes medios, han dicho economistas imparciales. Venezuela, justamente, ha sido el país latinoamericano que más ha pagado por concepto de servicio de la deuda. En los últimos 37 meses, este país canceló 73.359 millones de dólares por este concepto. Ha renegociado su deuda con China y Rusia, y la semana pasada, convocó en Caracas a 414 acreedores, que representan al 91 por ciento de los tenedores de bonos de deuda, para acordar mecanismos de pago más flexibles. Que “cese el secuestro de dinero venezolano en el exterior y la guerra económica liderada por Estados Unidos”, reclamó el presidente Maduro.

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