Las violencias basadas en género al banquillo

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Nixon Padilla
@nixonpadilla

El IX Pleno del Comité Central, de los pasados 2 y 3 de octubre, pasará a la historia partidaria como un momento clave en los debates que las mujeres comunistas han promovido e instalado al interior del partido.

La razón, el debate y aprobación de un conjunto de definiciones para combatir las violencias basadas en género dentro del partido, además de medidas para profundizar el proceso de incorporación al torrente ideológico comunista, desde una perspectiva crítica, las apuestas rebeldes del feminismo que beben del marxismo y del intelecto emancipador latinoamericano.

Por primera vez, una reunión de la Dirección Nacional del PCC, se dedica casi de manera exclusiva a dilucidar cómo enfrentar el fenómeno de las violencias basadas en género que, si bien no resultan nuevas en la vida cotidiana partidaria, hoy se ha logrado mayor comprensión de lo trágico que resultan, no solo las violencias más explícitas, sino también aquellas que se asumen como cotidianas, en la vida de mujeres o personas que rompen con  los roles de género o con orientaciones distintas a las heterosexuales y que han tomado la decisión de hacer vida militante en nuestra organización revolucionaria.

Pero para llegar a este punto, era necesario que las mujeres y quienes militan en las causas de las diversidades sexuales y de géneros en el PCC y la JUCO, hicieran visible no solo la estructura patriarcal de la sociedad, sino también las conductas machistas que devienen en distintas formas de violencia y que limitan el ejercicio político revolucionario al interior del partido.

No solo era necesario reconocer el compromiso histórico del PCC con las luchas de las mujeres colombianas o de exaltar el papel que las mujeres comunistas han jugado en distintos sectores del movimiento popular o en cargos de representación política como acontece hoy en el Senado, en el Concejo de Bogotá y en múltiples organizaciones sociales.

Era condición lograr una reflexión autocrítica de la dirección partidaria, que cuestionara los prejuicios y preconceptos con que se han edificado las relaciones de poder basadas en las diferencias de género en las organizaciones populares y reconocer que semejantes conductas, por más inofensivas que parezcan, van en contravía del proyecto emancipador que representa el PCC.

No se trataba de construir solamente medidas formales o normativas, sino sobre todo promover una lucha ideológica de fondo con los aspectos más conservadores que se han anidado en la conducta revolucionaria.

En eso radica la importancia del debate y sobre todo las conclusiones del IX Pleno del CC. En este proceso se acordaron cambios importantes al sistema educativo partidario para incluir de forma transversal un enfoque de género, así como el fortalecimiento de los espacios de formación diferencial para mujeres y militancia LGBTI.

En un aspecto relevante se constituyó la aprobación de un protocolo para atender casos de violencia basadas en género, que de manera diferencial disciplina dichas conductas al interior del partido y que, si bien debe discutirse e incorporarse a las normas estatutarias en el próximo congreso, se pone en funcionamiento de manera inmediata.

El camino por recorrer aún es largo, pero los pasos dados van en la dirección correcta; la ruta está trazada y no hay vuelta atrás.

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