“Las indígenas somos la memoria que trataron de callar”

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Diana Jembuel.

Violeta Forero
@Violeta_Forero

Diana Mery Jembuel Morales, conocida cariñosamente como Diana Misak, no es un nombre desconocido para mí, pues además de compartir aulas de clases y grandes momentos entre los famosos “huecos” que teníamos en la Universidad, realizábamos un programa de radio que salía al aire cada ocho días.

La última vez que nos vimos fue por casualidades de la vida en un foro de derechos humanos; esta vez nos encontramos ya no como estudiantes sino como profesionales, ella a pocos minutos de empezar su clase de maestría y yo como periodista de VOZ.

Después de caminar un rato por los edificios de la universidad con nostálgicos recuerdos, me encontré con Diana, quien me estaba esperando con el traje que por años ha portado con orgullo, una falda negra y una ruana azul rey que combina con el negro de su cabello. Además de una sincera sonrisa que demuestra sin esfuerzo que, sin importar el paso de los años, la amistad y la complicidad siguen vivas.

De Silvia a Bogotá

–¿Qué te hace mantener la residencia en Bogotá?

–Son varias razones. La primera es la búsqueda de oportunidades ya que el tema en el territorio es muy complejo, especialmente en Silvia, Cauca, de donde provengo. Para acceder a la educación, los niveles son muy difíciles y en Bogotá hay una diversidad de culturas. Es el epicentro de culturas además de las múltiples oportunidades que tienen, por ejemplo, yo estoy más en la academia y Bogotá se presta más para eso que los territorios.

–Ahí va una pregunta que te la iba a hacer un poco más adelante, pero ¿es fácil que tu comunidad acceda a la educación?

–No. Es muy difícil por la situación económica, por ejemplo, en las nuevas generaciones hay muchos embarazos a temprana edad, violaciones a mujeres de todas las edades y ellas se quedan en ese mundo, ya no quieren salir, y además las oportunidades y la situación económica es muy difícil para acceder a estos espacios de la educación

–¿Y esa situación empeora si son jóvenes o es por igual?

–Empeora porque ya los jóvenes no exploran el conocimiento que tienen. La fortaleza de nosotras es que tenemos un conocimiento propio muy fuerte, pero yo creo que hay que complementarlo con el conocimiento de la academia de afuera entonces desequilibra ese sentido porque ya no tendrían más oportunidades para salir y conocer el mundo, descubrir varios saberes y varios conocimientos de afuera.

Sobre la mujer indígena

–En este momento hay un debate sobre un tema que ha sido controversia a nivel mundial, ¿qué opinas del aborto?

–El tema del aborto es difícil, pero yo creo que es una forma de pensar y a manera personal, la mujer debe manejar el tema de la concepción a libertad propia. Antes le imponían, por ejemplo, en mi comunidad desde los 10 u 11 años quedar en embarazo, entonces ninguna de las mujeres podía abortar, primero porque no había acceso a la salud, segundo porque si uno abortaba, era mal visto, era algo terrible y muchas niñas a temprana edad se casaban porque quedaban embarazadas, o sea ya no tenían formas de decir que no. Era una tradición, entonces yo creo que si hay cambios que se han presentado, hay que respetarlos.

Las mujeres tenemos un pensamiento muy individual y tenemos que ser autónomas ante nuestro cuerpo porque nuestro cuerpo es como la tierra, así la llamamos y la tierra hay que cuidarla y protegerla, y así como se cuida la tierra, tenemos que cuidar el tiempo por medio de nuestros derechos autónomos. El tema del aborto, dependiendo los contextos y los espacios, se tiene que dar. Nosotras como mujeres tenemos que seguir valorándonos mucho más porque a veces se nos olvida que somos autónomas.

–¿Qué significa ser una mujer indígena?

–La forma de ser, de pensar, de actuar, no solo de apoyar a la familia o estar en una comunidad, sino el saber pensar en la colectividad de los pueblos en general. Así como mi pueblo se ha fortalecido en muchas cosas, hay pueblos que no, entonces uno apoya a esos pueblos y en especial a las mujeres que sufren violencias como vulneración de derechos humanos en los territorios y a esas mujeres son las que hay que contribuirles. Esa es la mujer, el pensamiento colectivo.

El reto más grande de nosotras es entonces es contribuir al país la sabiduría que tenemos, formarlo en un espiral del conocimiento para que ese pensamiento sea unido. La fuerza no está en el hombre sino en la mujer y esa sabiduría se debe saber aplicar.

–En contravía a lo anterior, ¿qué es lo más difícil de ser mujer indígena desde tu perspectiva?

–Yo creo que la forma de machismo que nos han impuesto. Desde niñas a nosotras nos crían solo para tener hijos, para no hablar, para estar solo en la huerta casera, entonces yo creo que es muy difícil ser mujer soltera, separada, casada y más mujer indígena porque siempre nos están diciendo que la mujer tiene que estar complementada por un hombre y el hombre es la autoridad, él es el que impone, él es el que lidera. Yo creo que hay que ir rompiendo y ha sido un reto hacer que una mujer indígena salga a otros escenarios a hablar desde la propia voz y el propio pensamiento.

Juventud y movimiento indígena

–Nosotras en alguna conversación, hablábamos de que los jóvenes se están separando mucho de las comunidades indígenas, de que ahora quieren emigrar cada vez más chiquitos a Bogotá y quedan metidos en un sistema capitalista que tarde o temprano termina cambiando su cosmovisión, ¿qué opinas de eso?

–Hay muchos jóvenes que han perdido la identidad no solo por estar en Bogotá sino por salir a diferentes escenarios, porque ellos se dedican a una sola labor y es la búsqueda del recurso ya que en el territorio no hay cómo subsistir, está la naturaleza, pero no hay una forma económica de subsistir para responder a la necesidad como persona.

Existe otra mirada que desea que las nuevas generaciones que están entrando a las universidades o a instituciones se dan cuenta de que valorar el idioma y el vestido propio es importante, entonces yo creo que hay jóvenes que no fortalecen su identidad estando en el territorio, pero cuando salen se dan cuenta que esto es importante. Como en todo, hay jóvenes con esa mirada crítica y constructiva, pero hay otros a los que realmente no les interesa porque se meten en un solo mundo de trabajo y de solo sacar dinero.

Pueblos movilizados

–¿Por qué son importantes los pueblos indígenas en este momento en Colombia?

–Porque son los que han ayudado y aportado a la lucha y a la resistencia de Colombia y además, las indígenas son la memoria que trataron de callar, pero en estos momentos, en el contexto en el que estamos Colombia se está dando cuenta que se han vulnerado muchos derechos, entonces yo creo que los indígenas son la memoria del origen y el término de pueblos indígenas no aísla solo a las minorías como dice el Estado, sino a las mayorías, todos venimos de ahí, como dice el Taita Lorenzo Muelas, somos raíz y retoño, entonces yo creo que es la memoria viva de Colombia.

–En el paro del 21N había una consigna que decía: “A mí me cuida la guardia indígena, no el Esmad”, ¿cómo la interpretas?

–El papel de la guardia es los territorios es muy fundamental porque son los que velan por las comunidades indígenas constantemente, las 24 horas. La guardia lo cuida a uno desde el tema espiritual y físico para que uno esté tranquilo, el Esmad a uno lo descuida con la muestra de poder por medio del arma y le impone los nervios, entonces si el Esmad cuidara de verdad, no asustaría a la sociedad. Por eso la guardia es fundamental no solo en el territorio sino en todos los espacios.

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