Las gafas violeta de Voz Proletaria

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Desde los años 60, antes de que el mundo conociera el concepto de periodismo de género, las comunistas ya investigaban sobre las violencias que enfrentaban las mujeres colombianas en condición de pobreza, y escribían sobre estos temas en Voz Proletaria

Renata Cabrales
@RenataRelata

Mientras en Colombia sale a la luz la primera publicación sobre periodismo con enfoque de género: Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género “Otras miradas para construir, comunicar y analizar la información”, bajo el liderazgo de la reconocida periodista, Fabiola Calvo, en el 2012; desde principios de los años 60, las mujeres del Partido Comunista Colombiano, ya escribían en el semanario Voz, entonces, Voz Proletaria, todo lo concerniente a los derechos de las mujeres en el país.

En palabras de la directora de la Red de Periodistas con Visón de Género sobre la publicación: “Abriendo puertas para un lenguaje transformador Convocamos a quienes ejercen el periodismo y la comunicación para que hagan parte de la construcción de nuevas subjetividades, de otras miradas, para seguir abriendo puertas para un lenguaje transformador que revolucione la palabra, y desde la palabra dar la bienvenida a nuevos símbolos, a renovadores y renovados imaginarios”.

Así mismo, la cartilla alude al informe Mac Bride de la Unesco el cual, solo hasta 1980 salió asegurando “que el derecho a comunicar es un requisito para la realización de otros derechos”.

Lo que busca la red

Es entonces como  La Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género manifiesta hacer eco de una parte de esos otros derechos en el campo del periodismo y la comunicación, y promueve la idea de  “hacer visible y “audible” a las mujeres en los medios de comunicación con un enfoque de derechos humanos, con una visión de género y con un lenguaje que incluya, no discrimine y trascienda los esquemas, costumbres, tradiciones y prejuicios que frenan el ser, la equidad, los avances participativos y democráticos en un estado social de derecho”.

Las gafas violeta

El término gafas violeta es una metáfora utilizada por la escritora Gemma Lienas​ en su libro sobre igualdad y feminismo: El diario violeta de Carlota, que consiste en observar el mundo con una mirada crítica desde el punto de vista del género, para ver las desigualdades entre hombres y mujeres.

Hoy en día, aún vemos y leemos noticias que refuerzan las desigualdades de género. La red muestra el ejemplo del cubrimiento de sucesos de violencia contra las mujeres, que todavía tienden a justificar dicha violencia al mostrarlas como “algo insignificante o como una pequeña disputa doméstica, en la cual se presenta el testimonio de los agresores y se ignora el de la víctima”.  La visión de género es, en resumen, una responsabilidad social de los medios de comunicación, es ponerse las gafas violeta, para ver con claridad la realidad de las mujeres, y presentarla en los medios sin el tradicional sesgo machista.

Las mujeres de Voz

Desde los años 60 las mujeres de Voz Proletaria ya se habían puesto las gafas violeta con el fin de mostrar las desigualdades que han padecido históricamente las mujeres en el país, más aún, las mujeres obreras y las menos favorecidas.

Las publicaciones de las mujeres comunistas, en el semanario Voz, o en Voz Proletaria, están basadas, muchas, en las denuncias hechas por quienes fundaron la UMD, Unión de Mujeres Demócratas, con respecto a los hechos de violencia que presenciaban en varias zonas del país durante la época de los años 60. Esto lo corroboramos en los siguientes fragmentos de los aspectos más relevantes de los contenidos de las publicaciones.

Ejemplos de las publicaciones son escritos de la autoría de dos miembros muy importantes del Partido Comunista Colombiano, debido a sus luchas reivindicativas por las mujeres obreras y las menos favorecidas del país: Celmira Cruz y Yira Castro.

Hacia una UMD poderosa. 8 de marzo de 1964. Por: Celmira Cruz

A propósito del nacimiento de la UMD y sus objetivos de empoderar a las mujeres y formarlas políticamente en un sentido social y democrático, al contrario de las organizaciones de mujeres creadas por la burguesía, con el fin de ponerlas al servicio de esta; Celmira Cruz afirma:

“Todas ellas coinciden en el apoyo decidido e incondicional al sistema paritario; un crudo feminismo que deforma sistemáticamente las verdaderas aspiraciones de las mujeres del pueblo; “preparación” de la mujer para que ejerza sus derechos de ciudadanía, es decir, votar por las listas previamente elaboradas por los hombres y mujeres de la oligarquía del Partido Liberal y del Partido Conservador; pero sobre todo, impedir con estos remedos de organización que la mujer tome parte activa en el movimiento popular y democrático, hacer de esta parte de la sociedad colombiana una masa amorfa , mediadora, pasiva y conforme con los sectores predominantes”.

La autora hace una crítica directa a todas las organizaciones femeninas que, auspiciadas por las entidades poderosas, abanderan una lucha más bien contraria a la que abandera el feminismo que hacía parte del movimiento popular y advierte:

“Existe desde luego una organización que se diferencia diametralmente de estos exponentes de la politiquería de las mujeres oligarcas. Por su composición social, por la existencia de un programa de claro sentido democrático y popular, antiimperialista que busca en la práctica la plena integración de la mujer a la vida política y social…Esta organización es la Unión de Mujeres Demócratas”.

Yira Castro: “Documentos políticos” marzo de 1978.

Los medios de comunicación

No solamente inciden en esta situación los problemas económicos de la población o las dificultades propias de la mujer para integrarse a la vida cultural, es que los propios medios de comunicación, lejos de convertirse en fuentes de capacitación y formación cultural del pueblo, son vehículos para mantener el atraso en que vive la mayoría de las mujeres. La programación que se transmite está encaminada a cultivar la despolitización y el desinterés por los problemas sociales. No hay nada más embrutecedor que las centenares de novelas que diariamente se difunden por la radio y la televisión, destinadas particularmente a la audiencia femenina como único alimento intelectual.

Este es entonces, otro de los grandes temas que debemos agitar: la plena participación de la mujer en la vida cultural del país, la ampliación de las posibilidades de estudio y capacitación a todos los niveles.

Liberarse con la revolución

El reconocimiento a los progresos que en la legislación cubana se han realizado en favor de los derechos femeninos, demuestra que solamente cuando los sectores populares tienen acceso a la dirección de la sociedad se puede conseguir la igualdad afectiva.

La tarea de atraer a la mujer a las filas de la oposición e incorporarla a la lucha del pueblo está al orden del día. Facilita esta labor el ejemplo de las obreras, campesinas, profesionales y estudiantes que con su espíritu de lucha y su capacidad están dando un importante aporte a la causa de la revolución colombiana.

Observamos que, en sus escritos, ya desde los años 70, Yira Castro exigía un cambio en la forma como los medios de comunicación representaban a las mujeres y la manera como estos repercutían en su educación. Del mismo modo, aludía a la revolución como la única forma de liberarse y conseguir los derechos que históricamente se les han vulnerado.

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