Las cuidadoras invisibles

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Las mujeres con mayor frecuencia presentan las condiciones sociales que de manera persistente aparecen como factores de riesgo para los trastornos mentales. Foto Matthew Perry en Unsplash.

Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, cada 40 segundos se suicida una persona. El Día Mundial de la Salud Mental, el 10 de octubre de 2019, se centrará en la prevención del suicidio. Según estudios, las mujeres son las más afectadas por enfermedades mentales

Renata Cabrales
@renatarelata

La fecha, 10 de octubre, que recuerda la importancia de la salud mental, constituye una oportunidad para concienciar y movilizar a la población acerca de cuestiones relativas a la salud mental. Cada año, cerca de 800.000 personas fallecen por esta causa, y otras muchas intentan suicidarse. Asimismo, el suicidio no respeta edades y es la segunda causa de defunción entre los jóvenes de 15 a 29 años.

De acuerdo a la OMS, la mayoría de las víctimas de suicidio son hombres, pero las mujeres lo intentan más, sin conseguirlo. La entidad documentó en 2016, que en el 40% de los países se registraron más de 15 suicidios por cada 100.000 hombres. Entre los factores que se identifican como riesgosos son: la falta de comunicación, ya que mientras a las mujeres se les enseña desde pequeñas a ser más afectivas y expresivas; a los hombres les dicen que deben ser fuertes y no mostrar sus sentimientos.

La salud mental de las mujeres

Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), demuestran que las mujeres padecen en un porcentaje mucho mayor (70% frente a 30%) más depresiones exógenas o situacionales que los hombres. Las mujeres son más propensas que los hombres a la depresión y la ansiedad. Unos 73 millones de mujeres adultas sufren cada año en todo el mundo un episodio de depresión mayor.

De acuerdo a la asociación española, Mujeres para la Salud, que tiene como referente el Manual de la salud mental de las mujeres: la Psicoterapia de Equidad Feminista, de Soledad Marruga y Pilar Pascual, y también otras investigaciones feministas, las depresiones situacionales en las mujeres tienen su origen en la socialización de género, o la forma en que las mujeres aprenden a ser y comportarse como tales, en una sociedad en la que la violencia de género está presente en todos los ámbitos y de una manera más o menos visible.

La socialización de género

Según la asociación Mujeres para la Salud, desde los primeros años de vida, “las personas recibimos una serie de pensamientos, creencias, valores y actitudes muy diferenciadas según el sexo con el que nazcamos. Este aprendizaje es lo que se llama la socialización de género y configura los llamados mandatos de género: ideas irracionales y preconcebidas sobre lo que se debe cumplir para ser una buena mujer o un buen hombre”.

Existen determinadas áreas esenciales que se ven muy afectadas por la construcción de género, como: la falta de desarrollo de la individualidad y la imposibilidad de construir la autonomía personal; la culpa como mecanismo para cumplir con los mandatos de género; la contradicción de los distintos modelos de mujer impuestos; la educación diferencial de los afectos, la idea del amor y las relaciones de pareja y la interiorización del sistema de dominación masculina y sumisión femenina y la violencia de género estructural, cultural, simbólica y directa.

Las condiciones psicosociales que afectan la salud mental de las mujeres

El trabajo de investigación, Salud mental y medicina psicológica, en el capítulo Salud mental de la mujer, de Juan Ramón de la Fuente, da cuenta de que las condiciones psicosociales tienen un impacto sobre la salud física y mental. En cuanto a salud mental, se considera que las mujeres tienen mayor riesgo de problemas mentales debido a que: realizan trabajos sin remuneración como el cuidado de los hijos, las tareas domésticas y el cuidado de otros familiares; con mayor frecuencia son pobres y no tienen injerencia en las decisiones financieras; son más propensas a sufrir violencia y coerción de parte de sus parejas; son menos proclives a tener acceso a factores protectores como la participación en educación, el empleo bien remunerado y las decisiones políticas, entre otros.

De esta manera, las mujeres con mayor frecuencia presentan las condiciones sociales que de manera persistente aparecen como factores de riesgo para los trastornos mentales, como la pobreza, la falta de apoyo social, el bajo nivel educativo, las experiencias desagradables de vida y el desempleo.

Cuidadoras de personas con enfermedad mental

No solamente son quienes más padecen enfermedades mentales, sino que las mujeres, en su mayoría, son las encargadas de cuidar a sus familiares, sobre todo hijos o hijas con algún tipo de discapacidad o enfermedad mental. Este trabajo de cuidadoras de las mujeres, que históricamente ha sido poco reconocido, deviene más arduo cuando se trata de un hijo o hija diagnosticado con enfermedad mental, debido, además, a que el mismo sistema de salud, en Colombia, las deslegitima e invisibiliza.

Sofia Buitrago, filósofa de la Universidad Nacional de Colombia, excandidata a Doctora en filosofía de la misma universidad, activista y defensora de los derechos de las personas con discapacidad y de los derechos de las personas con condición del espectro autista, asimismo, impulsadora de campañas de concientización sobre la discapacidad, el autismo y la inclusión social, es madre y cuidadora de un joven de 18 años, su nombre es Juan y tiene una condición del espectro autista. Juan fue diagnosticado con autismo atípico de alto funcionamiento desde los 4 años hasta los 11, que inició terapias por la EPS y entonces cambió de autismo atípico a autismo profundo con crisis comportamentales severas y déficit cognitivo.

Como cuidadora, a Sofía le ha tocado enfrentar el sistema de salud en diversas ocasiones por desconocer su labor y por vulnerar los derechos fundamentales de su hijo Juan. En una conversación con VOZ, advierte: “Me llama la atención ver la posición en la cual, últimamente, se ha estado violentando, por parte de las EPS, la posibilidad de un derecho adquirido de la población con discapacidad, que es el derecho a la rehabilitación, y se ha hecho con argumentos basados en protocolos, sin soluciones, sin importar el enfoque diferencial y los ajustes razonables para que estas personas puedan desarrollarse en plenitud de condiciones y equiparación de oportunidades con las otras personas, en esta sociedad”.

En cuanto al trabajo de cuidados, que, en mayor medida, recae sobre las mujeres, Buitrago resalta que: “Hay un alto índice de mujeres que se quedan al lado de sus hijos una vez más, ejerciendo como cuidadoras, sacrificando los roles de su vida y sus derechos, muchas veces, los derechos a la salud, a una vida digna, al reconocimiento pleno como sujetas de derechos, aunque conozco padres que han asumido el rol, siendo las mujeres quienes han salido huyendo. Lamentablemente, cada vez que hay una discapacidad mental y cognitiva los hogares tienden a dividirse y siempre queda recargado el peso del cuidado sobre uno de los progenitores”.

Las cuidadoras llegan a padecer la llamada discapacidad extendida porque “afecta la salud física, mental y emocional y queda una totalmente inhabilitada para hacer muchas cosas, porque, en mi caso, tengo que estar al lado de esta persona tiempo completo”, afirma Sofía Buitrago.

Según la convención de la ONU del 2006 de las personas con discapacidad, la discapacidad dejó de ser un asunto ubicado en el sujeto, en su diversidad funcional o en su diversidad de habilidades para ser ubicado en la sociedad. Transmite como un hecho que somos personas diversas, pero la discapacidad tiene que ver con las barreras de acceso que la sociedad, que el Estado y que la comunidad ponen y no ayudan a derribar para que la persona afectada pueda tener acceso al igual que el resto de la población. No hay enfoque diferencial y es por eso también que cuando se habla de una discapacidad extendida, esas barreras de acceso se amplían también a los familiares y cuidadores, acarreando con eso ciertas pérdidas en su exigencia de a los derechos, y afecta más a las mujeres.

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