Las cinematecas en Latinoamérica

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Nueva Cinemateca Distrital. Foto Alcaldía de Bogotá

Pese a las continuas amenazas financieras, las filmotecas latinoamericanas siguen siendo un lugar de encuentros artísticos e importantes centros de conservación para las películas. Al defender estos espacios culturales se mantiene la memoria cinematográfica del continente

Andrés Enrique Alarcón

En su origen las películas no estaban hechas para durar. Los rollos utilizados durante muchos años hasta la introducción del cine digital eran de plástico perecedero que se descomponía con el tiempo. Si las pérdidas a lo largo de la historia son elevadas en países donde los primeros rodajes fueron en contextos más desarrollados, ¿qué podemos decir de los cortometrajes, documentales y obras independientes de los países subordinados por sus elites, en alianza con países del centro del capitalismo, a una lógica de colonización? ¿O de aquellos que siempre intentaron recuperarse de los daños dejados por procesos culturalmente impositivos, promoviendo un cine latinoamericano?

Conservar la memoria

En Brasil, Patricia de Filippi, la especialista en preservación audiovisual de la Cinemateca, en entrevista para la Asociación Brasileña de Cine, Abcine, nos explicaba que la preservación es un trabajo a largo plazo porque «sólo te darás cuenta de que ya no hay registro de una determinada obra, después de años en que la obra ha sido maltratada. Por eso es difícil y no es una acción inmediata». De Filippi señalaba la importancia de conservar la memoria cinematográfica de nuestros países.

Durante muchos años en Brasil y la mayor parte de América Latina no se hizo el interpositivo (negativo de la película en bajo contraste) y el internegativo (copia oficial de la película generada por el interpositivo) para preservar la obra original: “En los países más desarrollados era imposible pensar en hacer una copia de una película para su proyección sin hacer un intermediario, porque cualquier problema en la copia podría arruinar la película. Quizá porque no confiaban demasiado en la taquilla o porque era demasiado caro hacer un intermedio, hacían una copia del negativo hasta que, si la película era un éxito, corrían a hacerlo. Así que los negativos aquí se usaron mucho hasta que se rayaron, se deterioraron, y por eso también es tan importante la restauración», comenta De Filippi.

Los debates iniciales

Pero bueno, si hablamos de la conservación de la memoria de nuestro cine será mejor que retrocedamos un poco en el tiempo. En 1960, ya se hablaba de Nuevo Cine Latinoamericano y se producían encuentros entre cineastas. Los debates iniciales, inspirados por las primeras cinematecas europeas, se referían a la preservación de los archivos fílmicos.

Aunque las cinematecas fueron creadas por iniciativas privadas de críticos y coleccionistas, como las cinematecas de Argentina, Brasil, Uruguay y Cuba, otras nacieron a través de iniciativas universitarias como la Cinemateca de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, y las filmotecas universitarias de Guatemala, Chile y Perú.

En 1985 se creó la Coordinadora Latinoamericana de Archivos de Imágenes en Movimiento, Claim, que unió a Argentina, Brasil, Bolivia, Cuba, Uruguay y México para intentar integrar los archivos cinematográficos latinoamericanos. Con ese paso, las cinematecas empezaron a ser vistas como algo más que un lugar de encuentro entre críticos y cinéfilos. Eran verdaderos museos dedicados a la preservación y restauración de las obras históricas de cada país.

Sin embargo, si «coleccionar películas antiguas» ha dejado por fin de ser algo asociado a una “cosa de cine clubistas”, el cambio de visión no significa olvidar el comienzo. Desvincular totalmente la idea de restauración y conservación del cine de la imagen de sus seguidores significaría, en buena parte, entregar este proceso casi que exclusivamente a personas técnicamente competentes, pero que en la mayoría de los casos no son grandes defensores del cine como manifestación artística y política. En resumen, es poner en riesgo nuestras cinematecas.

La Cinemateca Brasileña posee la mayor colección audiovisual de América del Sur. Es impresionante porque son más de 250 mil rollos de películas realizadas desde hace más de 100 años, incluyendo producciones de los pioneros y ya extintos estudios de Vera Cruz y Atlántida, así como todo el fondo cinematográfico del maestro Glauber Rocha, además de cerca de un millón de documentos entre guiones, carteles, fotos y libros.

Por eso, cuesta entender el abandono del gobierno. La Fundación Roquete Pinto, gestora de la Cinemateca, denuncia hoy que el Ministerio de Educación no hace las transferencias de recursos y dejó a los funcionarios sin salario desde el inicio de la pandemia. Además de que la falta de mantenimiento deteriora los equipos utilizados en las restauraciones y conservación de las películas más antiguas.

SOS Cinemateca

Para enfrentar la situación, la Asociación Paulista de Cineastas lanzó el manifiesto «SOS Cinemateca», firmado por directores y actores nacionales, pero también por Martin Scorsese, que envió una carta de apoyo al manifiesto. El objetivo es mantener viva la institución.

En el manifiesto hay párrafos que expresan como «todo este proceso de negligencia irresponsable se combina con el distanciamiento de la comunidad cinematográfica nacional que no es consultada ni siquiera informada sobre los rumbos de esta institución» y «por eso, exigimos que el gobierno federal provea de inmediato la dotación urgente y necesaria para que la Cinemateca Brasileña pueda volver a trabajar plenamente y con seguridad para las películas depositadas en ella, el patrimonio cultural e histórico de nuestro país».

Además, en las redes los organizadores explican: «Estamos pasando por un momento terrible para toda la cultura brasileña con el gobierno de Bolsonaro. En este contexto, la Cinemateca Brasileña atraviesa su mayor crisis desde su fundación en 1946». Cinematecas como la Cinematheque Françase y la Cineteca di Bologna de Italia, así como la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales, Fipca, también han mostrado su solidaridad.

Resistencia cultural

Marcado por giros políticos y la lucha por incentivos gubernamentales, la historia de las cinematecas latinoamericanas son hoy un gran ejemplo de resistencia cultural. Llegan noticias de que a partir del 17 de marzo la Cinemateca de Bogotá presentará películas del cineasta de Hong Kong, Wong Kar Wai.

Serán siete obras que pueden ser vistas hasta el día 26 de marzo. También la Cinemateca Argentina, en alianza con el Complejo Teatral de Buenos Aires, exhibirá, hasta inicio de abril, cinco películas producidas por la realizadora y productora Lita Stantic.

Conmemorando el mes de la lucha antipatriarcal y feminista, la Cinemateca Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana presenta la muestra ‘online’ Cine de Mujeres: Luchas y Búsquedas. Del 5 hasta el 13 de marzo se presentarán seis largometrajes y 18 cortometrajes, provenientes de Irán, México, Argentina y Ecuador.

Y de esa manera las cinematecas siguen siendo lugar de encuentros y además importantes centros de conservación de películas, instituciones desarrolladoras del mercado audiovisual nacional promoviendo y dando espacio para festivales, muestras y talleres. Por eso es tan importante que sigamos defendiéndolas porque mantienen la memoria cinematográfica latinoamericana a las generaciones que siguen.

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