La visita del emperador

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Rex Tillerson.

Cerrar el cerco contra Venezuela y acelerar la posibilidad de una intervención militar en ese país, objetivo central de la visita del Secretario de Estado de los Estados Unidos. Los recursos naturales de la región, cuestión de “seguridad nacional” para el imperio, según estrategia del visitante

Alberto Acevedo

Con un garrote en una mano, como en los tiempos en que se hizo célebre la idea del ‘patio trasero’ de los norteamericanos, y en la otra un ramillete de ofertas comerciales, condicionadas todas a la política hegemónica de Washington, estuvo de visita por cinco países de América Latina el Secretario de Estrado de los Estados Unidos, el señor Rex Tillerson.

El hilo conductor del periplo del diplomático gringo, que comenzó en México el primero de febrero, y se prolongó por espacio de una semana, en la que conversó con mandatarios de cinco países, fue articular un nuevo plan de asfixia contra el gobierno bolivariano de Venezuela, en un escalamiento que involucre a nuevos países de la región, y ya no solo a Estados Unidos, la banca internacional y las grandes potencias occidentales.

El afán de Estados Unidos por sacar a Nicolás Maduro del escenario político parece acentuarse ante la incapacidad de los partidos de la oposición en Venezuela de articular una estrategia para detener el proceso bolivariano, en tanto ya se convocó a elecciones generales en dos meses, en las que Maduro aparece como seguro vencedor.

Haciendo trizas la integración

En esta perspectiva, la nueva estrategia diplomática de Washington parece ser utilizar a los países del denominado ‘Grupo de Lima’, verdadera plataforma golpista contra Venezuela, para asegurarse de que sus gobiernos se sumen a las sanciones económicas ya dispuestas por los principales gobiernos occidentales, sin descartar la carta de la intervención militar directa, para lo cual contarían con un enjambre de bases militares norteamericanas que anillan a Venezuela, sobre todo las que operan desde territorio colombiano.

En esta perspectiva, la gira de Tillerson añadió un ingrediente adicional, y es la idea de que la Cumbre de las Américas, prevista para el próximo mes de abril en Lima, se realice sin la presencia de Venezuela. En este caso, el Secretario de Estado habría dado instrucciones al anfitrión de la reunión, el señor Kuczinsky, para que excluya al mandatario del país bolivariano. Tendríamos así en el horizonte cercano una cumbre latinoamericana excluyente, dirigida por la OEA, que antes que fortalecer la integración latinoamericana traería mayor fraccionamiento y debilitamiento de la región en vez de asumir una defensa cohesionada de sus intereses.

Anuncios como el de que los representantes de los partidos de oposición en Venezuela se retiraron de la mesa de conversaciones sin suscribir un documento de acuerdo que minutos antes había sido concertado por las partes, y que se rompió después de una llamada telefónica desde Bogotá en momentos en que Tillerson visitaba Colombia; los anuncios de Juan Manuel Santos y de otros mandatarios regionales de que no reconocerán los resultados electorales próximos en Venezuela, hacen parte de esa estrategia desestabilizadora.

Recursos naturales

Tras fijar la agenda de Estados Unidos en la región, Tillerson se refirió a otros objetivos. En México hizo una intervención esclarecedora sobre lo que persigue la Casa Blanca. El secretario de Estado sorprendió por la afirmación cargada de cinismo en el sentido de que América Latina es un continente lleno de recursos naturales, de incalculable valor estratégico, y que no tiene la región por qué permitir el ingreso de “potencias extranjeras” distintos a Estados Unidos. Que no hay razón para comerciar con países como China y Rusia, que no ofrecen las ‘garantías’ que brinda Norteamérica.

La Casa Blanca ofrece esas garantías. Suscribir tratados de libre comercio a largo plazo, con cláusulas que abren las puertas a las empresas transnacionales para que se apropien de los recursos naturales de la región. Lo ‘novedoso’ es que minerales estratégicos como el litio, el coltán, pero también el petróleo, el agua, el gas, la biodiversidad, entre otros, están ligados a la “seguridad nacional” de los Estados Unidos. Y bajo la tesis del ‘destino manifiesto’, el único que tiene derecho a apropiárselos, es Estados Unidos.

Utilizando un término coloquial de los colombianos, Tillerson ‘se pellizcó tarde’. La nueva estrategia neocolonial no le será de fácil implementación. América Latina toda no comparte una salida militar para el caso Venezuela. El país bolivariano cuenta todavía con amigos en la región, y con la solidaridad de los pueblos latinoamericanos.

El socio chino

Frente a la posibilidad de utilizar a bloques regionales como la Alianza Pacífico y el ‘Grupo de Lima’ no solo como cabeza de playa contra Venezuela, sino como puntal para el saqueo de los recursos naturales en favor de las grandes transnacionales de capital norteamericano, se oponen los esfuerzos de integración que aún perduran en la región.

China acaba de hacer una tentadora propuesta comercial a los países agrupados en la Celac, sin las imposiciones coloniales de los Estados Unidos y sin los condicionamientos de la banca internacional. En cambio ofrece ventajas de comercio para beneficio mutuo, en el marco del gigantesco proyecto comercial conocido como ‘La nueva ruta de la seda’.

A instancias de la República Popular China, en marzo próximo, en Chile, se suscribirá el Tratado Transpacífico, antípoda de la Alianza del Pacífico, entre once naciones de América Latina y Asia, que se erigirá en audaz desafío a la política proteccionista y autista de los Estados Unidos, que promete construir un muro en la frontera mexicana y adoptar sanciones contra Venezuela, Bolivia, Nicaragua y otros países, mientras China y Rusia ofrecen mecanismos de colaboración sincera y mutuamente beneficiosa.

Caballo de Troya

En Bogotá, el enviado del emperador discutió con el mandatario colombiano la estrategia del “corredor humanitario” hacia Venezuela, una de las posibilidades de intervención directa en ese país, como lo hizo antes en Siria, en Afganistán y en otras naciones, donde las legiones ‘humanitarias’ de las boinas verdes o los cascos azules, todavía no abandonan esos territorios invadidos.

En esas condiciones, Colombia dispondrá ya no sólo de la tradicional ayuda militar de los Estados Unidos, sino de una ayuda adicional para atender el problema de la migración de venezolanos. Por cierto, Tillerson recordó que Colombia sigue siendo el mayor productor de cocaína en el mundo y el principal abastecedor del mercado norteamericano. Que triplicó o quintuplicó su producción en vez de eliminarla, como fue su compromiso. Pero eso se le perdona, a cambio de convertirse en caballo de Troya para la intervención militar norteamericana en Venezuela.

6 Comentarios

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