La Unión Europea de un timonazo evita el naufragio

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El primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y la canciller de Alemania, Ángela Merkel, hablan durante una cumbre de la UE en Bruselas, Bélgica, el 20 de julio de 2020. © John Thys / AFP.

Tras una agria y pugnaz cumpre la UE aseguró su continuidad con un acuerdo basado en la cooperación

José Ramón Llanos

Solamente después de la cumbre más larga de su historia, duró cinco días, pudo conjurar tal vez el más difícil reto que le ha tocado afrontar: la división. Y todo por un escollo minúsculo, un virus, del que todos oímos hablar y hasta padecemos, pero no vemos, los científicos lo bautizaron: coronavirus. El hecho es que ha descarrilado la marcha del potente tren del crecimiento económico en todo el mundo y por supuesto en Europa también.

La pandemia afectó a todos los países de la Unión Europea, UE, sin embargo, no a todos los afectó de manera igual, España e Italia afrontaron las peores consecuencias. Italia debido a que fue el país continental que tuvo el mayor número de contagiados y de muertos, por lo cual la cuarentena fue más prolongada, como consecuencia de la cual el desempleo fue elevado; las pymes y mipymes en algunos casos cerraron definitivamente y en otras vieron disminuidos sus ingresos, se incrementaron los gastos e incluso se vieron afectado sus capitales. Similar situación fue la de España.

El debate sobre las soluciones

Una de las consecuencias de las soluciones fue dividir a la UE en dos bandos: los países del norte constituidos por Alemania, Holanda y Austria. Y los países del sur. El debate contó con el apoyo de la Comisión Europea y de Christine Lagarde.

Inicialmente Alemania y Holanda se oponían a una solución a título de ayuda no rembolsable. Esta fue una posición aparentemente definitiva. Sin embargo, el análisis de algunas situaciones llevó a Ángela Merckel a cambiar su posición. El detonante del cambio se presentó cuando los analistas económicos alemanes concluyeron que, si la crisis económica de Italia y España se profundizaba y se extendía en el tiempo, la economía del país teutón se vería seriamente afectada. Entonces entendió lo que decía Christine Lagarde y más precisamente el presidente del Parlamento Europeo David Sassoli: “si no se consigue reducir el alcance de esta crisis ¿a quién venderá sus tulipanes Holanda? Aquí o ganamos todos o perdemos todos, eso está muy claro”.

Otro aspecto que resultó de la oposición de Alemania y Holanda a una ayuda a Italia y España no reembolsable, fue que los enemigos de la UE estuvieran ganando audiencia. Por esa razón Christine Legarde declaró: “no hay límites para nuestro compromiso con el euro. Estamos decididos a utilizar todo el potencial de nuestra herramienta dentro de nuestro mandato”.

El acuerdo

La prolongación de la crisis estaba causando malestar en la opinión pública europea y especialmente en Italia y España. La incertidumbre estaba incidiendo en la crisis económica y en el caso de España estaba teniendo efecto en la estabilidad política del Gobierno. La obstinación de Holanda estaba cobrando un rédito en el prestigio del país en la Comunidad Europea. Algunos analistas estaban exigiendo una pronta solución a la crisis. Todo ello llevó a los líderes de la UE a convocar una cumbre para debatir una decisión final sobre las condiciones en que asignarían 750.000 millones de euros para apoyar a Italia y España. Finalmente se llegó a un acuerdo.

La primera concesión que hicieron los países que se oponían a la ayuda fue aceptar el fondo de 750.000 millones de euros, no cedieron en cambio, en la propuesta de recuperar empresas. Lograron también modificar la composición del fondo, el 90 por ciento era al fondo de recuperación y resiliencia (FRR) destinado a financiar las inversiones y reformas que presentaren los países a Bruselas.

El presupuesto de la UE para los años 21-27 tendrá un monto de 1.074 millones de euros. La comisión europea propuso que de los 500.000 millones de euros el 66 por ciento se destinara a ayudas y el 34 por ciento a préstamos. Francia y Alemania pretendían que el Fondo fuera mínimo de 400.000 millones de euros; el acuerdo se cerró en 390.000 millones, de los cuales el 52 por ciento irá a subvenciones y el 48 por ciento a préstamos.

La propuesta de Holanda de exigir que los peticionarios presentaran planes de reformas estructurales no fue aceptada. En cambio, se les exigirá a los países que necesiten la ayuda que muestren su disposición a implementar reformas laborales, educativas, la renta mínima, creación de empleo, e impulsar las transiciones verde y digital.

La distribución de los recursos

El Fondo se desembolsará así: el 70 por ciento en los años 21 y 22, el 30 por ciento en el 23 con base en la caída del PIB del año 2020 y las pérdidas acumuladas en los años 20 y 21. Ningún país recibirá en préstamos más del 6,8 por ciento de su Renta Nacional Bruta.

Para pagar la deuda quienes hayan recibido los fondos se comprometen a crear nuevas fuentes de ingreso: un impuesto al comercio del carbón que puede ampliarse a la aviación, al transporte marítimo, y un impuesto a las transacciones financieras.

Toda la prensa europea califica positivamente el acuerdo. Le Monde afirma que es la primera vez en la historia de la UE que los estados expresan una real solidaridad que incluye un apoyo común a los estados que tienen dificultades financieras. Hoy los 27 estados miembros son un solo estado. En un comentario del mismo diario se afirma que el acuerdo supone que la UE “abandona las soluciones neoliberales”.

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