La unidad de las izquierdas

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Editorial del Semanario VOZ

Como nunca antes en el país, las izquierdas tienen el desafío de forjar la más amplia unidad y convergencia democrática, para ser opción de poder y asumir la construcción de la paz con democracia y justicia social. El proceso de diálogos, bastante avanzado con las FARC-EP en La Habana y la inminente apertura de conversaciones con el ELN aún no se conoce dónde, han puesto de relieve que los acuerdos de paz con las guerrillas tienen sentido si contribuyen a generar el ambiente propicio para la unidad de las fuerzas políticas y sociales de izquierda y democráticas.

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La semana pasada se suscribió el documento unitario en un esfuerzo en que están comprometidos el Partido Comunista Colombiano, el Movimiento Progresistas, Vamos por los Derechos, País Común, Poder Ciudadano, Unión Patriótica, Congreso de los Pueblos, Poder y Unidad Popular, Presentes por el Socialismo, Revolución de la Esperanza y Polo al Sur, entre otros. El Polo Democrático Alternativo no firmó el documento porque considera que la unidad debe hacerse alrededor suyo y Marcha Patriótica porque adelanta el proceso de consulta con sus organizaciones de base sobre participación electoral, cuya definitiva adoptará al final del mes en la reunión del Copan convocada para tal finalidad.

Son pasos importantes pero aun insuficientes, faltan mayores definiciones sobre el alcance de la unidad, el programa y los procedimientos, elementos importantes para consolidar el proyecto unitario, en el entendido que cada partido y movimiento mantienen sus puntos de vista y su cosmovisión política, no siempre coincidentes.

Pero no se trata de un acuerdo de unanimidad o de consensos, sino programático para la acción política y social. En Colombia se profundiza la crisis social estimulada por las políticas neoliberales del gobierno de Santos, cuyas locomotoras caminan en dirección de los intereses del gran capital, de los grupos económicos, del capital financiero y de las transnacionales sobre la base de la llamada confianza inversionista, uno de los huevitos que heredó del gobierno mafioso que lo precedió.

El conflicto social está llegando a la cresta de la ola, porque el paro del 19 de agosto comprometerá a varios sectores agobiados por la errática política oficial, que insiste en el señalamiento macartista de las movilizaciones populares y en el tratamiento de orden público de las mismas. Tal y como ocurrió con el paro de casi dos meses en el Catatumbo, que dejó el saldo de cuatro campesinos asesinados por la fuerza pública y numerosos heridos de la población civil y de la fuerza pública. Todo ello se hubiera evitado si el Gobierno Nacional, en lugar de la represión y la violencia, hubiera aceptado el diálogo, siempre reclamado por los manifestantes.

La unidad de las izquierdas se impone como una necesidad social y política. Tendrá sentido si es para la acción popular, para la lucha de masas, junto a los campesinos, los trabajadores y los estudiantes, que están en pie de lucha. También, por supuesto, para la participación electoral. Lograr una fuerte representación en el Congreso, en la actualidad dominando por la Unidad Nacional y un candidato o candidata única de la izquierda para la elección presidencial, son objetivos prioritarios. Unidas, las izquierdas serán alternativa de poder.

No se entiende la posición del Polo de vetar la ley de coaliciones, aunque el Gobierno y el oficialismo no mostraron mucho interés en ella. Ahora responsabilizan al Polo porque no facilitó el consenso. Deben superarse estrecheces, sectarismos y posiciones hegemónicas, anacronismos políticos y talanqueras para la unidad.

No faltan también los oportunistas, los divisionistas que se atrincheran en el primitivo anticomunismo. Son los avivatos que quieren darle el zarpazo a la Unión Patriótica y desconocen a la dirección legítima, encabezada por Ómer Calderón, Felipe Santos, Jahel Quiroga y Víctor Matíz, entre otros, como lo planteó este fin de semana la dirigente histórica Aída Abella desde el exilio.

El momento es de unidad. Abrir caminos de convergencia para estar a tono con el momento histórico. Sin sectarismo ni exclusiones, menos con anticomunismo y oportunismos trasnochados.