La unidad de clase

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Alfonso Conde

La clase dominante teme a la unidad de los trabajadores en defensa de sus intereses concretos; por eso hace esfuerzos hacia el debilitamiento y la división de las organizaciones sindicales. Le teme aún más al avance de las organizaciones políticas de los trabajadores y por eso las descalifica inicialmente por el camino de la estigmatización, etapa previa al ejercicio de la violencia física. Los sectores más reaccionarios de esa burguesía son también los más temerosos del avance de los explotados; ese temor los conduce a desconfiar de los métodos de dominación de la democracia burguesa y apelan entonces al terrorismo abierto, a las prácticas fascistas que si bien fueron en la Europa del siglo pasado características de lucha del capital financiero son, en la Colombia actual, expresiones de ella en alianza con el viejo y el nuevo latifundismo, rezagos de la barbarie medieval, como los calificaba un dirigente de los trabajadores del siglo pasado. Son quienes continúan atentando contra el interés general de la construcción de la paz.

En ocasiones, el fascismo se disfraza de demagogia social y arrastra a sectores atrasados de los explotados. En el país más poderoso del mundo, el presidente actual, claro exponente del nuevo fascismo, alcanzó su cargo con el apoyo de un sector importante de trabajadores, encandilados por su postura demagógica de recuperar puestos de trabajo e ingresos importantes para los obreros norteamericanos afectados, como todos, por la crisis del capitalismo. En Colombia las posturas del partido de los nuevos latifundistas encuentran respaldo en barrios como Ciudad Bolívar y Usme en Bogotá, enclaves de población trabajadora activa o cesante. El fascismo, cuando ha llegado al poder, lo ha hecho porque los explotados, divididos, confundidos y desorganizados, en su desesperación se lanzan como mariposas hacia la luz de la llama ardiente de las posturas oportunistas y demagógicas.

Algo más de veinticuatro millones de colombianos que constituyen la población económicamente activa, comparten intereses comunes relacionados con su calidad de explotados por los dueños del capital, aquellos que se apropian de la riqueza producida por el trabajo. La unidad de ellos transformaría al país. Se requiere abandonar la feria de las vanidades y entender el requisito de los acuerdos “sobre lo fundamental” como decía un dirigente conservador, aquel que desató la última etapa de la guerra interna en Colombia.

Decía Jorge Dimitrov en 1935 ante el avance del fascismo en Europa: “… la unidad de acción de todos los sectores de la clase obrera, cualquiera que sea el Partido u organización a que pertenezcan, es necesaria aún antes de que la mayoría de la clase obrera se unifique para luchar por el derrocamiento del capitalismo”.

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