La reconciliación es el camino ideal

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Mujeres celebran el acuerdo en la Plaza de Bolívar de Bogotá.

Es la primera vez que en una negociación bélica la impronta de la perspectiva de género es tomada como parte de la reparación al daño causado durante todo este tiempo de conflicto armado contra las niñas, niños y mujeres

Ana Elsa Rojas Rey

A pocos días de terminar el 2016, la satisfacción por lo conseguido con las múltiples acciones promovidas por las mujeres es positivo, al lograr que los negociadores sentados en la mesa de La Habana no se levantaran hasta tanto no se llegara a la concreción de un acuerdo final. Este episodio es catalogado como el elemento más grande de la historia de Colombia en los últimos años gracias a ese magnánimo empeño que pusieron las mujeres junto con el movimiento popular.

Las afugias de la guerra las hicieron vulnerables a la tortura, la desaparición forzada, o a tomar caminos a la prostitución como una opción de supervivencia o el desplazamiento a lugares distintos de su entorno social, donde las pone en peligro inminente a las violaciones y los feminicidios, que es lo que vemos en los últimos días.

La confrontación armada no es la única causa de las violencias hacia las mujeres, también la responsabilidad del Estado como garante del bienestar de la sociedad es uno de los agentes promotores de otras violencias, como la falta de seguridad social en lo que atañe a la salud, la educación, a la vivienda digna, a la tenencia de la tierra en condiciones de igualdad, pero tenemos que, alrededor de estos entes responsables de garantizar estos mínimos vitales, se han organizado grandes carteles que han desfalcado el erario, poniendo en crisis la seguridad social. En boca de varias analistas, este fenómeno ha hecho más daños que la propia guerra.

Papel de las mujeres en la transformación de las costumbres políticas

Para señalar solo algunas acciones que las involucran en la consecución de nuevas costumbres políticas, se destaca la presencia del movimiento social de mujeres y Lgtbi en el acto del domingo 24 de julio de este año, durante el cual se rindió el informe de la Subcomisión de Género en cabeza de las y los negociadores de ambas partes, en donde reconocieron el gran esfuerzo del movimiento de mujeres, y es desde allí que se toman los puntos para el acuerdo, elemento este novedoso y trascendental, pues es la primera vez que en una negociación bélica la impronta de la perspectiva de género es tomada como parte de la reparación al daño causado durante todo este tiempo de conflicto armado contra las niñas, niños y mujeres.

Reiteradamente las mujeres de las FARC-EP han hecho énfasis, públicamente, en que las propuestas de la sociedad civil, en cabeza de las 18 organizaciones de mujeres que estuvieron en distintos momentos en la Mesa, fueron la base fundamental para la construcción de un acuerdo con perspectiva de género.

Mujeres por la Paz y la Cumbre de Mujeres y Paz que aglutinan un número importante de organizaciones de mujeres en el país, a través de numerosos eventos y comunicados en cada uno de ellos, ponían énfasis en que la paz no era un acto del silenciamiento de las armas, sino el sendero donde se fuera transformando la cultura política hacia una evolución de costumbres distintas al patriarcado, que ha dejado como herencia modelos antidemocráticos y misóginos en el imaginario de la sociedad.

Acciones en defensa del acuerdo de La Habana

Como parte del alistamiento a lo que representaba la firma de los acuerdos, se llevaron a cabo dos encuentros internacionales en Colombia, muy importantes, con miras a que el plebiscito dijera sí a lo pactado. En La Habana, diferentes organizaciones de mujeres del mundo en los días 2 y 3 de diciembre de 2015, tomaron la decisión de realizar el 16 Congreso de Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM) en Colombia, con el ánimo de dar el más amplio respaldo a lo plasmado en el acuerdo general para la terminación del conflicto, sobre todo en lo que respecta a la transversalización de los derechos de las mujeres.

Como resultado del Congreso, entraron a formar parte nuevas organizaciones de la FDIM, como Mujeres de Poder Ciudadano, Mujeres en Marcha, y Colectiva Mercedes Úsuga, junto con Asodemuc y la Unión de Mujeres Demócratas, quienes hacía mucho tiempo eras integrantes de FDIM. Elemento que las puso en la responsabilidad de ser las veedoras de la correcta aplicabilidad en cuanto a la perspectiva de género.

Posteriormente se dio la Cumbre de Mujeres y Paz, con la presencia de alrededor de 800 mujeres venidas de todo el país y delegaciones internacionales de mujeres, con distintas miradas en el propósito de la construcción de un país decente y democrático.

Luego de la negativa del plebiscito, las organizaciones de mujeres estuvieron en las calles exigiendo el cumplimento de lo firmado, concertaron la cita con el presidente donde le manifestaron por escrito el daño irreparable que se podría dar si él, como primer mandatario y Premio Nobel de Paz, no hacía uso de sus facultades para la aprobación de lo firmado.

La reconciliación fundamental para la democracia

La trampa en que nos metió la lógica de la violencia con el imaginario del enemigo interno trajo como consecuencia la anomia social, mientras tanto el modelo neoliberal hizo de las suyas y pauperizó el mundo del trabajo de las mujeres, motivo por el cual, después de la aprobación de los acuerdos, empieza la puja entre los sectores más retardatarios que se niegan a que la paz sea una realidad, en la cual las mujeres juegan un papel trascendental para impulsar la creación de un conjunto de nuevas normas jurídicas y sociales que garanticen que la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición, conduzcan a la reconciliación entre los colombianos y colombianas.

Estas nuevas formas de interpretar la sociedad deben ser una de las metas para la eliminación de todas las violencias contra las mujeres; en ese aspecto no es solo la lucha en defensa de los derechos que es legítimo, sino ver cómo anclarlos alrededor de un movimiento social de unidad muy amplio que dé paso a la convergencia, para garantizar la aplicabilidad de lo acordado y el cumplimiento de lo firmado. En esta nueva oportunidad que nos brindan los acuerdos, las mujeres tienen la posibilidad de ser poder, si el empeño va dirigido a que el estatuto de la oposición desentrañe y elimine la parafernalia de privilegios a las castas dominantes, quienes han sido los responsables de la debacle social en Colombia.

El movimiento de mujeres desde distintas orillas, ha demostrado que los procesos unitarios encaminan la vida política al triunfo de la conquista de los pueblos, y es en ese sentido que la experiencia que las mujeres traen en sí permite un movimiento fuerte de la sociedad colombiana, que se piense en un bloque de poder para hacerle frente a la defensa de la aplicabilidad de los acuerdos.

Los ejemplos de países como El Salvador, donde después de casi 20 años de los acuerdos se pudo medianamente implantar lo acordado, pues no hay que olvidar el papel de las oligarquías a través de los medios de comunicación que desprestigiaron a la nueva fuerza política, haciéndolos pasar como los peores enemigos del pueblo.

Eso puede pasar en Colombia y así lo reflejó la propaganda del no, con la antítesis de la perspectiva de género. Se sabe que no va a ser fácil, pero tampoco imposible esta contienda. De tal manera que, si se pudo acabar con tantos años de violencia, cómo no se va a poder lograr un gobierno de transición como lo dice el comandante de las FARC-EP, para la reconciliación, la aclimatación, la concordia y el buen vivir en el país, lejos de estar pensando en cadenas perpetuas o penas de muerte que no resuelven el problema de la violencia contra las mujeres.