La política: un asunto para los artistas

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Obra Camilo del Teatro La Candelaria.

La opinión de los artistas en asuntos de paz y unidad de la izquierda

“La defensa de la Cultura no es sólo un asunto que concierna a los artistas y creadores. Es un asunto político por excelencia”, dice el director de cine y vocero del Colectivo de Artistas Luis Vidales, Edgar Montañez, quien presentó la ponencia titulada: El Mundo del Arte y la Construcción de la Paz, al seminario de unidad de izquierda, llevado a cabo el pasado mes de marzo. VOZ la reproduce en medio del naciente movimiento de artistas colombianos que tomaron la iniciativa por participar de manera efectiva en el debate político nacional.

En aquellos remotos tiempos en los cuales se empiezan a conformar los primeros colectivos sociales surge con ellos la necesidad de la re-presentación.  -A esa necesidad se responde con imágenes que actúan como mediadoras. Para las generaciones primeras la imagen asumía un valor mágico que permitía construir anticipadamente, a través del ritual colectivo, los buenos augurios de la cacería o enfrentar los fenómenos naturales.

La re-presentación se convierte en un privilegio social. No se pueden distribuir los honores visuales a la ligera, pues el retrato individual tiene su importancia. El poder contenido en la imagen arcaica ha de ser controlado. En Roma solo los muertos ilustres y los poderosos en vida, exclusivamente hombres, tienen derecho a su exposición. Los retratos y bustos de mujeres aparecerían más tarde y sólo hacia el fin de la era republicana, el derecho a la imagen, se concederá a los ciudadanos comunes. La imagen revela el miedo inconsciente del ser humano a lo inexplicable. Es un recurso simbólico para prolongar la vida.

Entonces, primero hubo “magia” mientras que el colectivo social dependió de “fuerzas misteriosas” que le anonadaban. Luego hubo arte, cuando esas fuerzas misteriosas se fueron decantando en los procesos de su comprensión que generaron los avances del conocimiento y las percepciones sociales.

La sociedad descifra misterios y construye soportes interpretativos, se apodera de conceptos como el espacio y el tiempo. Las percepciones cambian y se amplían, entonces los “artistas” se despojan de los temores a los “mundos ocultos”. Aparece lo “visual”.

Naturalmente; no fue lo mismo para un hombre primitivo contemplar una imagen rupestre cargada de significado y magia que la imagen fotográfica para un hombre de nuestro tiempo, en el que tenemos una avalancha de imágenes banales que invaden el espacio.

El arte en general y en particular el cine, sirve para entretener a las masas. Pero, también es utilizado con fines políticos y los gobernantes obtienen con él, otra forma de acercarse al elector. La imagen desplaza a la lectura y a través de la pantalla se logra un doble efecto sonoro y visual. Para los gobernantes es más importante promocionar, por medio de evidencias visuales, sus ejecuciones, venderse de alguna manera a su público, como si de un producto más se tratara. Se pasa de la retórica a la escenografía premeditada, pulcra y atractiva.

Hoy tenemos demasiadas imágenes, inflación icónica, sin tiempo para contemplar; creyendo que fotografiando o, ametrallando los espacios turísticos lograremos sentarnos algún día a contemplar esos recuerdos, pero el acto de la contemplación ha muerto lentamente, con el ritmo de vida actual, no hay derecho a detenerse. (Debray R. -1994.)

Cámaras omnipresentes invaden la vida, por medio de las mismas el Estado, el gobierno o los medios informativos realizan panorámicas permanentes, husmeando las acciones -aun íntimas- de las personas y los conglomerados sociales. La televisión es la nueva plaza pública, haciendo de un muy alto porcentaje de las poblaciones; seres conducibles, acríticos. La televisión fabrica la realidad, la hace más universal, más global y eso ha cambiado la percepción de nuestra posición en el mundo.

La banalización de las artes y la literatura, la imposición de modelos creativos, la pauperización de las prácticas políticas que se sumergen en terrenos antes no tolerados, la entrega total al amarillismo de los mass media son referentes del mal mayor que aqueja a la sociedad actual: la entrega sin pausa, de esa misma sociedad, al vacuo entretenimiento.

En el pasado, la cultura fue una especie de conciencia que impedía dar la espalda a la realidad. Hoy, los esquemas impuestos la han reducido a ser mecanismo de distracción y entretenimiento. Ha sido reducida a una vacuidad expresiva y cooptada -no sólo en términos de popularidad sino también de influencia- por sus productos más burdos, alienantes y prejuiciosos. Es el imperio  del mal gusto. Asistimos a la revitalización del melodrama, la aventura cursi, las elaboraciones por franquicia de series y programas que pululan por las pantallas. Son categorías, “des-potenciadas” (Barbero. -1999.), y son muchos los mecanismos y las políticas que trabajan por su legitimación.

Un fabricante de imágenes, en el universo religioso, es un proveedor de gloria de los poderosos. En el universo político es un adulador que suministra la obra destinada a la ostentación del fatuo coleccionista. Afortunadamente, para el arte y para la sociedad, existen los artistas que consideran el proceso creativo como una expresión profundamente ligada al contexto social y que le otorgan a la obra una acción transformadora: “La cultura es potencia creativa para el combate” (De Zubiría, S. – 2012)

El arte debe estar inmerso en la dinámica histórica de forma continua pero, a su vez, debe también mantener un mayor grado de vivencia, de interpretación, de conciencia del presente social.

Las políticas públicas burguesas –neoliberales-, relacionadas con la cultura artística, responden al criterio capitalista del mercado: la ganancia. Promueven el consumo pasivo de sus productos; el público es convertido en una cifra que se traduce en ganancia de capital. La calidad y la independencia crítica de la obra de arte son desechadas. Se imponen los criterios burgueses de superficialidad y manipulación del consciente colectivo y se fomenta la difusión del mal gusto. La situación actual del arte y la cultura, es producto del desgreño oficial, de la política de abandono de la educación pública y del absurdo desprecio por el arte nacional.

La derrota plebiscitaria de octubre pasado se puede considerar también una “derrota estética” (Zuleta J. – 2016). Lo que vivió el país fue una confrontación entre la imaginación, la belleza, la creatividad de miles de mensajes de paz con futuro. Y, las mentiras y el cinismo de un bando que, basado en el miedo, sembró el odio contra la más sublime tarea del pueblo colombiano: erradicar la guerra fratricida de sus territorios.

La lucha por una solución política al conflicto social y armado obtiene hoy sus frutos. Llega el proceso del pos-acuerdo, proceso para el cual nos piden, desde el establecimiento, desempeñar con nuestras obras el papel de “plañidera” propiciadora de la catarsis inane, desechando (una vez más) nuestra participación crítica en la re-construcción de la memoria, la identidad popular y en la construcción de la paz.

Compañeras y compañeros:

La defensa de la Cultura no es sólo un asunto que concierna a los artistas y creadores. Es un asunto político por excelencia, ligado estrechamente a los anhelos de Unidad de la izquierda colombiana y que tiene profundas relaciones con nuestras memorias, nuestros imaginarios e identidades.

Proponemos, desplegar un trabajo eficaz hacia la reorganización del sector cultural, sometido a fenómenos como la mediatización, la violencia, la burocratización, la exclusión y la dispersión de artistas, gestores, escritores, poetas, creadores  e intelectuales cuyo aporte debe contribuir a romper la indiferencia ante la realidad nacional, marcada por la peor crisis espiritual de su historia. Convocamos a los artistas y trabajadores de la cultura, a las organizaciones sociales y comunitarias y a todo el pueblo en general; a rechazar el estado de guerra declarado por el gobierno contra la cultura y el arte.

Estamos llamando a trabajar por la Dignidad del Arte y el Respeto a los Artistas. Todas las áreas artísticas (la danza, la literatura, la música, el teatro, las artes plásticas y audiovisuales), sus colectivos y organizaciones: exigimos un presupuesto digno para las artes y la cultura en general. Exigimos el desmonte del decreto 092 – 2017, por el cual se reglamenta la contratación por parte del Estado con entidades privadas sin ánimo de lucro. Decreto que somete a las organizaciones a cumplir con una tortuosa y compleja tramitomanía y crea nuevas barreras para acceder al disminuido presupuesto gubernamental para la cultura.

Estamos convencidos que es posible construir una patria nueva, en Paz con justicia social. Trabajamos por desterrar de nuestros territorios las iniquidades de la guerra fratricida, impuesta por el modelo económico, gerenciado por las mafias del crimen.

Trabajamos para que las imágenes de la crueldad sean propiedad exclusiva de la fantasía de las mediocres películas gringas.

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