La otra Colombia

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Otro hogar. Foto Sergio Ríos.

Ciénaga, Magdalena, un rincón del país que desean no sea olvidado

Sergio Rios

A orillas del Mar Caribe en la Costa Norte Colombiana, de frente con la Sierra nevada de Santa Marta se encuentra “La capital del realismo mágico”, ciudad que inspiró la obra cumbre Cien años de soledad del gran escritor y único Nobel de Literatura Colombiano, Gabriel García Márquez. Se trata de un pueblo prospero con historias en cada esquina, su plaza principal se mantiene acaparada de conversaciones entusiastas y transeúntes con o sin prisa; los vendedores del tinto, Kevin, los tricicleros, los políticos, la perra, el vendedor de mango, la muerta de hambre, las iguanas, el loco, el rolex o el borracho.

En los últimos días la angustia también hace presencia en los más desamparados o los que afrontan su día a día con mejores condiciones, es un temor general, entre algunos jóvenes vive el presagió que “algo muy grave va a suceder en este pueblo” y es un presentimiento que, como todo en Ciénaga tiene su historia, en el pasado no muy lejano y hace bastante tiempo el agua ha visitado sus calles queriendo caminar o abrazar a sus habitantes, ha destruido lo poco que muchos tienen o lo mucho que a pocos les sobra, causando siempre, una desgracia.

Las aguas provenientes de la Ciénaga grande de Santa Marta, el Mar Caribe o los torrenciales aguaceros, han sido los protagonistas de desmanes en varias ocasiones dejando sin techo, un suelo firme o la tranquilidad que se roba el vivir dentro de una pesadilla como la que despiertos soñaron en la noche anterior. Sus enceres casi flotaban en el agua fangosa que amenazaba con subir a las camas o cubrir a los más pequeños y ahogar cualquier esperanza de una anhelada vida digna, los hogares retratados que se alzan en dos de los veinte barrios afectados son mayoritariamente construidos en tablas de madera y techos de zinc. En ellos habitan en promedio tres menores de los cuales dos, al ser tan pequeños y aún conservar la inocencia, ríen, disfrutan e ignoran su tragedia, por otra parte los hombres y mujeres que transitan tambaleantes por las calles repletas de agua con las botas pantaneras inundadas, que demuestra en su mirada la desesperación al no encontrar una solución rápida, sin importar, momentánea, van aproximadamente seis días de lluvia y ya se pregona sobre el desbordamiento de la laguna. Este como muchos rincones de Colombia desea no ser olvidado.

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