“La oligarquía no acepta nada que amenace a la dictadura del capital”

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Un análisis de la realidad colombiana

Redacción Política

Carlos A. Lozano Guillén es el director de VOZ y un conocido facilitador y analista sobre los temas de la paz. Siete libros sobre el tema de la paz en distintas épocas, así lo certifica. Hemos querido conocer para www.semanario voz.com sus opiniones sobre las dificultades de la implementación del Acuerdo de La Habana y de las perspectivas para superarlas en medio de las contradicciones con los enemigos de la paz, las debilidades del Gobierno de Santos, de la campaña electoral y de la búsqueda de una salida democrática de la crisis.

Pregunta.-Algunos analistas de paz, tanto de derecha como de izquierda, opinan que el proceso de paz está pasando una crisis difícil de superar. Crisis de credibilidad, crisis de cumplimiento, crisis en la implementación porque hay resistencia en el Congreso de la República a las leyes y actos legislativos que implementan el Acuerdo de La Habana a partir de la decisión de la Corte Constitucional de darle luz verde a las modificaciones de los proyectos por parte de los congresistas y estos se la tomaron muy en serio. ¿Cuál es su opinión?

Respuesta.- Vamos por partes. Hay crisis en el proceso de implementación del Acuerdo de La Habana. Está siendo sometido a una especie de renegociación en algunos casos y de cambio arbitrario tanto por el gobierno, por agentes del Estado, como por los congresistas, incluyendo a los que hacen parte de la coalición de gobierno. Es un conejo al acuerdo con las FARC-EP por parte del Gobierno y del Estado y de los partidos de la coalición oficialista, quizás por distintas razones en todos los casos. Por lo que sea pero es un acto de traición, de falta de palabra. Las FARC-EP, en cambio, han cumplido al pie de la letra los compromisos que se derivan –y los obliga- de los acuerdos pactados en La Habana. Es la diferencia.

El pánico de la oligarquía a las reformas

En el fondo, se ratifica algo que hemos sostenido siempre. Lo he dicho una y muchas veces en tantos análisis sobre los procesos de paz, inclusive comparando a los precedentes, que la oligarquía colombiana, toda sin excepción, le tiene pánico a los cambios, a las reformas democráticas. Saben que su peor enemigo para preservar el poder sempiterno que han mantenido mediante la violencia y el terror, es la democracia, el régimen de libertades y garantías. Por eso fracasaron los procesos anteriores y por eso también está en crisis la implementación. La clave de la clase dominante burguesa para mantener el poder ha sido la violencia, la precariedad democrática y por ende no tienen interés en los cambio por mínimos que sean. Hay un sector realista de ellos que ha entendido la necesidad de una apertura limitada y a ello obedecen los intentos de paz dialogada y el éxito de La Habana, pero ceden a las presiones, le hacen concesiones a la ultraderecha militarista y guerrerista.

Las FARC cumplieron y le pusieron fin a la lucha armada: dejaron las armas e hicieron el tránsito a un partido sin armas, eso era lo que les interesaba a Santos, a Uribe Vélez, a Vargas Lleras, a Martínez Neira y en fin a quienes detentan el poder y aspiran a mantener el statu quo. Los cambios que permiten son aquellos que no pongan en peligro su poder político y económico. Fue lo que aplicó Santos en la negociación, nada de discutir el modelo económico, la propiedad privada, la “confianza inversionista”, etc…. Nada que amenace a la dictadura del capital.

Contradicciones en el bloque dominante

P.- Pero entre ellos hay contradicciones…

R.- Claro que las hay. Las podríamos denominar contradicciones en el bloque hegemónico de poder o en el bloque dominante. Y se expresan de diferentes formas. Mientras Santos, por ejemplo, quiere la reconciliación porque la paz que es su bandera sin ella no tiene sentido, la extrema derecha que reivindica la victoria militar aboga por la venganza, por la retaliación y promueve la violencia. Quiere ver a Timoleón y a todos los ex integrantes del Secretariado en la cárcel y extraditados a Estados Unidos. Pero además, los más comprometidos con la guerra sucia, con el terrorismo de Estado, con la violencia contra el movimiento popular, la promoción del paramilitarismo y el genocidio, tienen temor de la justicia transicional y de la Jurisdicción Especial de Paz, la célebre JEP, porque se puede dar el caso de que tengan que responder por sus atrocidades. Son los políticos tradicionales, empresarios, latifundistas, ganaderos, comerciantes, que auspiciaron crímenes y los financiaron y que han gozado de la impunidad. El que tiene patente de corso es el ex presidente Uribe Vélez que cometió todo tipo de irregularidades y delitos, pero lo ha cubierto la impunidad de la Comisión de Acusaciones (absoluciones le dicen) de la Cámara de Representantes. Pero caerá. Ya sea en la Corte Penal Internacional o cuando en este país exista una verdadera justicia. Comparto la propuesta de Roy Barreras, senador oficialista, que ante la ofensiva reaccionaria en el Congreso el mejor camino es la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente en el mediano plazo.

Un político realista pero doble

P.-¿Lo que señala de Santos lo coloca en el campo de los buenos?

R.- No lo digamos así. Santos es un político realista, pero también juega doble. Desde el gobierno están reformulando varias cosas de los acuerdos. Su posición es ambigua, le hace concesiones a la extrema derecha; Hay enemigos de la paz dentro del Gobierno y del Estado y no actúa contra ellos. Incumple también los pactos sociales con las comunidades y eso debilita los acuerdos de paz, hay una enorme inconformidad e insatisfacción popular en el país. Mire todo el juego que le dio a Vargas Lleras, un politiquero que con los dineros públicos montó su campaña presidencial y que lidera el partido Cambio Radical, uno de los más contaminados de parapolítica y de corrupción. Por eso le teme tanto a la JEP. Le dio el guiño a Néstor Humberto Martínez Neira para ser Fiscal General de la Nación y mire el nefasto papel que cumple como saboteador de la paz. Rodrigo Lara como presidente de la Cámara es un provocador contra los acuerdos de paz, su padre Rodrigo Lara Bonilla, hombre extraordinario, demócrata y uno de los fundadores del Comité Permanente de los Derechos Humanos, se debe estar revolcando de rabia en su tumba al ver a su hijo patrocinando la guerra y apoyando a los paramilitares que lo asesinaron. ¡Qué horror!

No hay que olvidar, compañeros, que  Santos fue el ministro de la defensa de Uribe Vélez, durante su gestión se hizo el ataque en Ecuador para asesinar a Raúl Reyes y se cometieron los falsos positivos, promovió lo procesos contra los facilitadores de paz. Todo esto cuenta a la hora de los balances. No nos equivoquemos. No es correcto, por ejemplo,  proponer alianzas electorales con él para defender el Acuerdo de La Habana, como lo proponen algunos en la izquierda. El asesinato de Alfonso Cano fue un acto de traición, porque mientras era el principal interlocutor para establecer los diálogos con las FARC no vaciló en ordenar su ejecución. La historia no es caprichosa y es tozuda. Es verdadera cuando se cuenta o se escribe bien.

El país está estremecido por los estallidos sociales y la respuesta es la negativa a resolverlos y la represión de los criminales del ESMAD que el Gobierno no quiere disolver a pesar de las exigencias de los organismos nacionales e internacionales humanitarios. Tampoco actúa contra el paramilitarismo y sus cómplices que bañan de sangre la geografía nacional. Son demasiados los muertos en el campo de la izquierda y del movimiento popular y en las esferas oficiales siguen negando la existencia del paramilitarismo y la sistematicidad de la ola de violencia. Es un plan de exterminio que cuenta con el apoyo de sectores militaristas y de la inteligencia del Estado. Y Santos no actúa. No digo que esté comprometido en ello, pero no actúa en consecuencia. Una parte de la cúpula militar conspira contra la paz. No nos equivoquemos.

No es la hecatombe

P.- ¿Entonces qué hacer? ¿Cuál es el camino?

R.- Lo primero que hay que decir es que la situación es grave, delicada, pero tampoco es la hecatombe. No estamos en la olla y sin salida.  A veces se escuchan discursos catastróficos, apocalípticos. Como si no hubiera salidas. Esta conducta es equivocada porque genera pánico en las masas y pesimismo, paraliza la movilización y la respuesta popular. Por el contrario, el conjunto de la izquierda y de las organizaciones sociales de avanzada están actuando, promoviendo la resistencia popular y la denuncia internacional de lo que sucede en el país. El paro de la Cumbre Agraria es ejemplar. Así como las movilizaciones en varias regiones. El paro de los pilotos, de los funcionarios de la Dian, los pronunciamientos de la USO y la convocatoria del paro nacional en defensa del Acuerdo de La Habana y de la vida, nos muestra el camino a seguir. No podemos estar expectantes, hay que actuar, luchar, la mejor trinchera es la lucha y la resistencia de masas.

Avanzan otras iniciativas como el referendo revocatorio del alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, las que surgen en las organizaciones sociales y sindicales reunidas casi que en sesión permanente y maduran las condiciones de un paro nacional que es inevitable. Existe un buen estado de ánimo en el sector social y popular y ello es importante, cuenta con la presencia de la mayoría de la izquierda.

P.- Y está también el diálogo con el ELN…

R.- Pertinente su observación. También va en desarrollo el diálogo con el ELN y por buen camino, con un cese bilateral de fuegos que va hasta el mes de enero y con posibilidades de prorrogarse. Hay que defenderlo. La consigna no es solo defender el Acuerdo de La Habana sino el diálogo con el ELN en Ecuador, debe mantenerse y continuarse. Muy importante la reunión reciente de la dirección del partido FARC con los delegados del ELN en la mesa de Quito. No es un buen mensaje del Gobierno el incumplimiento de los acuerdos de La Habana, no genera confianza en la guerrilla elena. Así lo reconoció hace unos días el jefe negociador del gobierno, Juan Camilo Restrepo, en la entrevista que le hice para Telesur.

El proceso electoral

El proceso de implementación se adelanta en medio de la campaña electoral, exacerba más los ánimos de la extrema derecha y de los enemigos de la paz, ¿no es verdad?

R.- Claro que sí. La extrema derecha uribista, siempre tan prepotente, anuncia que hará trizas el Acuerdo de La Habana y que romperá los diálogos con el ELN. Tierra arrasada. Guerra total. Es lo que debemos tener en cuenta para elaborar la táctica electoral de la izquierda.

El Acuerdo Final de La Habana no solo le puso punto final al conflicto armado de más de medio siglo, sino también que abre enormes perspectivas de avanzar en reformas democráticas y sociales. La apertura democrática es para superar en definitiva las causas del conflicto, ni más ni menos. Es una realidad. Por eso el camino en la campaña electoral y más allá de esta es la de forjar un amplio frente de fuerzas alternativas para defender lo conquistado y mediante un programa común actuar con ambición de poder para derrotar al bloque hegemónico de la derecha y cerrarle el paso a la extrema derecha delirante y fascistoide. Es un frente amplio, democrático y progresista, no reducido al ámbito de la izquierda. Tiene que ir más allá de esta, sin componendas reformistas pero sí entendiendo el alcance real del frente. Es para la democracia y mejorar las condiciones sociales, afianzando los logros de La Habana y lo que resulte de Quito. En esa dirección es pertinente la idea del gobierno de transición, este es in momento histórico de transición, de avanzar a otro momento en el estadio político y social nacional.

Si hacemos un repaso histórico hay ejemplos en el pasado, tal vez el más significativo, guardadas proporciones, fue la política de frente popular en Europa y en el mundo para cerrarle el paso al nazifascismo. En Colombia se expresó en el respaldo de los comunistas al gobierno de Alfonso López Pumarejo llamado de la “revolución en marcha”. Fue la manera de frenar la amenaza de los conservadores aduladores del nazifascismo en la época. Si no hubiera existido esa realidad a lo mejor no se habría dado ese apoyo. En contraste, fue un error no haber apoyado a Jorge Eliécer Gaitán en las elecciones de 1946 cuando ganó Mariano Ospina Pérez, quien instauró gracias a la derrota liberal, un régimen terrorista de Estado. Miren los ejemplos de la historia que nos deben servir no para repetirlos sino para analizar el mejor camino en este momento histórico. Lenin orientó la revolución democrático-burguesa, en febrero de 1917, como vía de la unidad para derrotar al zarismo y fue la antesala de la revolución socialista de octubre que cumple cien años en estos días.

Los principios son inalterables

Eso no quiere decir que la izquierda revolucionaria abandone sus principios. Es un asunto de correlación de fuerzas, pues se trata es de acumular fuerzas bajo la nueva realidad para la lucha estratégica por los cambios estructurales, las transformaciones revolucionarias y el socialismo. Acumular fuerzas para avanzar en la definición del problema del poder.

Timoleón explicó bien que los logros del Acuerdo de La Habana son los que permitió la correlación de fuerzas, algo que enseña el abc de la teoría revolucionaria. En el caso nuestro somos marxistas-leninistas, comunistas, no anarquistas ilusos que creemos que la revolución siempre está a la vuelta de la esquina. Esta tenemos que construirla. Y así como a la derecha le incomoda la democracia, para nosotros es nuestra mejor aliada en la lucha por el poder. Experiencias hay en todo el planeta. La más reciente es Venezuela bolivariana, de cómo las izquierda cambió la tendencia política con la elección de la constituyente y las elecciones de gobernadores. No se dejó acorralar del terrorismo de la oposición y de las guarimbas con apoyo del exterior.

Aquí hemos tenido apoyo del exterior. De la Unión Europea, de América Latina, para construir la paz, para doblar la página de la violencia de más de medio siglo, ello es importante.

Por esta razón promovemos una alianza de fuerzas alternativas. El último pleno del Comité Central invitó a los candidatos alternativos, para así denominarlos, a que conversemos, tratemos de elaborar en conjunto un programa común que es lo más importante. Vale la pena intentarlo en dirección a defender los diálogos de La Habana y la Mesa de Quito y hacer compromisos en la lucha democrática y social. Es un compromiso histórico, un desafío para derrotar a los que promueven la guerra y a los vacilantes.

Piedad es una revolucionaria de mucho valor

P.- ¿Y en esto dónde cabe Piedad Córdoba? Se lo pregunto porque no sé si leyó el artículo de La Silla Vacía…

R.- Lo leí y me dio tristeza de cómo se manosea una situación para abrir fisuras en la izquierda. El artículo es de Laura Ardila, periodista decente, la conozco y la respeto, pero le dio un sesgo odioso, y en esa dirección acomodó su historia. No creo que lo haya hecho de mala fe, quizás por aprecio y cariño a Piedad, que es una personalidad extraordinaria, una heroína de la lucha democrática en Colombia y una mujer de muchas calidades.

Laura me entrevistó como quince minutos y solo sacó un pequeño párrafo fuera de contexto para acomodarlo a lo que quería mostrar, es decir, que la izquierda, los amigos de Piedad, le dieron la espalda. Recoge hasta chismes para demostrarlo y eso no es serio. En lo que se refiere a Marcha Patriótica no es así. Soy uno de sus voceros y bien sé que allí se le quiere y se le aprecia y no se le ha dado la espalda, hay decisiones en proceso que no se han adoptado. Y en varias regiones la gente de Marcha la ha acompañado en sus giras electorales. En lo personal tampoco le he dado la espalda ni soy un desagradecido, porque Laura asegura que Piedad financia la VOZ. La verdad es que  nos ayuda y ello lo agradezco. En una ocasión, hace como tres o cuatro años, nos dio un aporte económico importante; el año pasado nos financió un cóctel en el Club de Ejecutivos y en diciembre nos prestó un dinero que ya pagamos. Fueron gestos generosos, propios de una mujer como Piedad, solidaria y luchadora. Pero jamás me los condicionó a nada distinto a que VOZ siga en la brega periodística y revolucionaria. Fue algo normal, transparente y sin nada irregular. Así que el sesgo que le da Laura es impropio. En realidad VOZ se financia con el apoyo del Partido Comunista, de organizaciones sindicales del país y del exterior, con sus propios recursos que provienen de la venta del periódico y de campañas financieras entre ellas el Festival y de la ayuda de personalidades generosas como Piedad Córdoba.

Queremos mucho a Piedad, en lo personal la admiro y ha sido una estrecha amiga que me ha brindado su apoyo en momentos difíciles como el que paso por razones de mi estado de salud. Tiene derecho a realizar su campaña presidencial y le sobran méritos para presidir este país. Y todo el mundo debe tenerla certeza que Piedad tiene lugar en este proyecto unitario y de ser el caso sería una excelente candidata, pero eso debe ser fruto del mismo proceso unitario, de las decisiones democráticas de quienes integren el frente. Piedad por supuesto tiene sus propias opiniones y son muy respetables. Es todo.

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