La negación de la barbarie

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Plantón por la memoria y la verdad del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado.

No resulta sencillo comprender el alcance de la memoria, porque allí donde habita la memoria, habitan la vida y la muerte, el olvido y el recuerdo, el sometimiento y la emancipación

Jenny Maria Solis Roa
@jemasolis

A partir del siglo XIII, las sociedades europeas, las desfavorecidas, por supuesto, avivaron los cambios necesarios para la consolidación del capitalismo, no sólo como un modo de producción sino como un modo de existencia que abarca la vida material, la vida ideológica y simbólica de mujeres y hombres que hoy persiste, a lo largo y ancho del mundo. Sin embargo, aquello que en el siglo XVIII se consolidó como una revolución, pronto mostraría el interés oculto de dichas “transformaciones”, dominar, no sólo el modo y el proceso de producción para el alcance de la plusvalía, sino, además, dominar la construcción de los relatos, para la implantación de valores únicos, universales y lineales que dieran cuenta de las relaciones sociales.

Allí, en el escenario de las ideas, los conceptos y miradas sobre el mundo y la existencia, la historia y la memoria ocupan un lugar importantísimo para la comprensión del pasado, el presente y la proyección del futuro. Por tanto, la historia y la memoria, se constituyen hoy más que nunca, como un espacio en disputa, en lucha constante, un escenario político a ganar en el consciente colectivo y digo, más que nunca, pues el fascismo en todas sus formas, busca furiosamente retornarnos a un pasado cruel, bárbaro, usando como arma la memoria y con esta, la construcción de la historia.

Colombia y la barbarie

Colombia tiene una lista que parece interminable de múltiples violencias, pero marcadamente y, sobre todo, a partir del siglo XX hasta hoy, de violencia política. La historia, aquella que no es la oficial, sino la construida a partir de los relatos de las víctimas, nos ha permitido conocer el horror que ha padecido el pueblo colombiano y sistemáticamente, quienes han buscado desde sus principios ideológicos, políticos y sociales, cambiar la realidad nacional de injustica, inequidad, desigualdad y represión.

Masacres, desapariciones, desplazamiento, despojo de tierras, violencia sexual, asesinatos y amenazas, entre otros, son el diario vivir de todos los sectores de oposición al establecimiento, y por sectores de oposición me refiero a defensores de derechos humanos, de la madre tierra, a los sindicatos de profesores, de trabajadores y campesinos, comunidades indígenas y afrodescendientes; del sector hidráulico, financiero y textil; organizaciones de víctimas; de movimientos y partidos políticos de izquierda o liberales de izquierda y la lista es más larga, y no, a aquellos sectores “alternativos” que usan los discursos propios de las luchas por los derechos, la libertad y la soberanía para llegar al gobierno y sostener las políticas de siempre.

Colombia, es una estela de muerte y dolor, pero también de resistencias y luchas de esos mismos sectores víctimas de la violencia política, fascista y criminal de sectores del Estado, que, en connivencia con el paramilitarismo, el narcotráfico y bandas criminales han llenado de horror la historia nacional, una historia que, por cierto, quiere borrarse de tajo de la memoria colectiva del país y con ello, negar la barbarie a la que ha sido sometido el pueblo colombiano.

Las víctimas en el centro de los acuerdos

La materialización de la lucha de los sectores víctimas de la violencia política en el país se articula a la salida negociada al conflicto, una bandera y un compromiso permanente, que ha conseguido momentos importantes para alcanzar, ojalá, el fin de esta horrible noche pese a la traición histórica del establecimiento frente a los acuerdos pactados entre las diversas insurgencias armadas y el Estado colombiano.

Uno de esos últimos e importantes momentos para el país, fue la firma del Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, en La Habana, entre las FARC-EP y el Estado colombiano, acuerdo que pone en el centro a las víctimas del conflicto interno armado, su atención, asistencia y reparación.

Es así que la ley 1448 de 2011, ley de víctimas y restitución de tierras, sancionada por el entonces presidente Juan Manuel Santos, facultó la existencia del Centro de Memoria Histórica, como parte de las medidas para la “realización de la reparación integral y el derecho a la verdad de las víctimas …así como el deber de memoria del Estado con ocasión de las violaciones ocurridas en el marco del conflicto armado colombiano”.

Como adscrito al Departamento para la Prosperidad Social, el Centro de Memoria Histórica surge con el objetivo de recopilar y recuperar todo el material documental (documentos, testimonios, fotografías, etc.) relacionadas con las múltiples violaciones en el marco del conflicto armado interno recogidos en la Ley de Víctimas.

Desafortunadamente, para el actual gobierno, la memoria, la verdad, la historia y las víctimas del conflicto, sólo deben estar presentes en los espacios que ellos dispongan, en los relatos que el establecimiento construya, en la historia oficial que el Estado presente a la comunidad nacional e internacional y eso explica, en buena medida, el nombramiento de Darío Acevedo en la dirección del Centro de Memoria Histórica.

Acevedo, a lo largo de su carrera académica ha sostenido la versión del establecimiento según la cual, el conflicto armado interno no existe y no ha existido, desconociendo la legitimidad que otorgó la firma de los acuerdos y el reconocimiento político de las insurgencias, particularmente las otrora FARC-EP. Una postura que, sin duda, revictimiza a los y las miles de víctimas que han dejado décadas de conflicto interno armado.

Una salida desafortunada

Además de vergonzosa, la suspensión del Centro de Memoria Histórica de la Red de Sitios de Memoria Latinoamericanos y Caribeños -Reslac, resulta una bofetada para las víctimas del conflicto político y armado del país. Pero es explicable. El historiador y académico Darío Acevedo, y quién preside la dirección de la entidad, ha insistido reiteradamente en que el conflicto interno armado no ha existido, que más bien, de lo que se trata, es que Colombia ha vivido una “amenaza terrorista”.

No es la primera vez que un miembro del Centro Democrático, como lo es Acevedo, sostiene este tipo de afirmaciones, el negacionismo, que además es la postura del establecimiento, es la razón fundamental por la cual se suspende al Centro de Memoria Histórica de la Coalición Internacional de Sitios de Conciencia, de la que hacen parte 275 miembros de 65 países, pues se consideró que no se cumple con los principios para ser partícipes de la red.

Como si fuera poco, la respuesta que el director del Centro de Memoria Histórica da tras la suspensión, hace referencia irónicamente, a un olvido en la respuesta a una solicitud hecha cuatro meses atrás, por la red, en relación al reconocimiento del conflicto armado colombiano, y, por tanto, de las víctimas, como principio fundamental para la pertenencia a una de las redes más importantes de memoria histórica en el mundo.

La respuesta de las víctimas, no se hizo esperar. Tal y como se ha exigido desde el nombramiento de Acevedo, las víctimas, en cabeza del Movice (Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado), exigen la renuncia del director, pues no se sienten representados por él y, por tanto, el derecho a la verdad y la no repetición de que deben gozar las víctimas y el país en general, no se garantiza, cuando de facto, se desconoce el conflicto armado interno, ya legitimado por la firma del acuerdo final en La Habana.

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