La necesaria resistencia ambiental

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Vaquería en el Guaviare. Foto Neil Palmer (CIAT).

Cuando el último árbol haya caído en la lucha constante de la domesticación de la naturaleza por el hombre, la batalla la habrá perdido este último

Iván Alí – Espacio Territorial de Colinas, Guaviare

La ecuación macabra de que potrero más vacas es igual a desarrollo, demuestra la falta de conciencia y el desconocimiento respecto a lo que es la defensa del medio ambiente y lo íntimamente ligados que estamos a la fauna y la flora. El Guaviare es un reflejo de lo que está pasando en todo el territorio nacional. Los terratenientes celebran que la insurgencia dejara sus armas; ellas durante años defendieron la Amazonia, hoy estos avanzan a una velocidad enorme con la extensión de la frontera agrícola.

En un proceso de paz ganamos todos (debería ser lo ideal) pero definitivamente las mayores ganancias hoy no son para los campesinos, que históricamente han sido olvidados. Derribar una hectárea de selva demanda en promedio un millón de pesos. ¿Quienes derriban cien hectáreas serán pobres campesinos? Es evidente que con una simple operación aritmética concluimos que son de cien millones de pesos, incluso hay quienes derribaron mil hectáreas. ¿Qué intereses macabros hay? Estamos ante una venta masiva de la Amazonia colombiana, no es simplemente el derribo de terrenos baldíos.

En el Guaviare existe un enorme conflicto entre el uso y la vocación de la tierra, el problema de la ganadería en sí es la explotación atrasada. La ganadería extensiva no genera muchos empleos, además se usa mucha tierra por vaca, en un país donde cada tres reses tienen una hectárea de tierra, más que muchos colombianos. En un país donde es mejor ser vaca que ser humano, el tema de la propiedad es lo central. Está demostrado que la ganadería intensiva genera más ganancias y por lo tanto más empleo, y lo más importante: se requiere menos tierra.

A lo anterior se le agrega que el modelo palmero se asoma del otro lado del puente Nowen y pega brinquitos para entrar a “desarrollar el Guaviare”. Al mismo tiempo, una visión no menos alentadora es el proyecto de la carretera marginal de la selva que prende las alarmas; al parecer es un proyecto vial que tendría recursos de la Usaid. Entre tanto, hay apropiación indebida de las tierras en ambas márgenes del río Guayabero.

Ahora bien: antes se decía por todos los medios de comunicación, con denuncias directas, que el cultivo de coca estaba acabando con la selva. Hoy la deforestación es mayor por culpa de la ganadería extensiva, y los medios, que antes hablaban “en defensa de la Amazonia”, ahora callan de manera cómplice ante este ecocidio.

Cuando nos demos cuenta de que las vacas no significan progreso ni desarrollo económico, cuando al llegar al Guaviare miremos un enorme banco de sabana o, más preocupante, un inmenso desierto con ríos disecados, será demasiado tarde. El compromiso que tenemos todos en la defensa del pulmón del mundo nos debe mover a generar conciencia para defender la selva amazónica y arrancarla de las manos voraces y macabras del neoliberalismo que destruye por igual naturaleza y trabajadores. Es necesario ante el salvaje modelo neoliberal, generar resistencia ambiental.

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