La música vallenata en vía de de extinción

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Alejandro Duran: Compositor, acordeonero, intérprete de la música vallenata. Foto portada del LP 18 Éxitos, Discos Fuentes.

Ivanovich Jiménez B.

Hace ya más de dos siglos en la antigua provincia de Padilla, surgió el canto vallenato. El mismo que en el 2015 fue declarado como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, y que hoy se enfrenta a su desaparición como género musical autóctono de la costa caribe colombiana.

En nuestros días, la industria musical invade emisoras de piezas musicales con el sonido de acordeones a nombre del vallenato, sin embargo, el legado de los grandes juglares de esta música desapareció por completo de un género, en el que sus “representantes”, desprecian cada día más la autenticidad de los aires de ese vallenato narrativo y costumbrista.

Muy distinto a lo que hoy se presenta como vallenato, este género musical tuvo sus orígenes hace más de doscientos años, entre el río Magdalena, el Cesar y el Ranchería, la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá, y el mar Caribe, cuando los campesinos de esa región empezaron a dar ritmo a sus cantos de vaquería en donde narraban sus historias cotidianas y las vivencias del día a día.

Para inicios del siglo XX, cuando llega el primer acordeón a Colombia proveniente de Alemania, los historiadores dan cuenta por lo menos de 100 años de vida de este canto campesino, que era acompañado por un tambor de origen africano, unas maracas de origen antillano, una guacharaca y una gaita de origen indígena. La posterior vinculación del acordeón a esta música campesina se dio por la necesidad de acompañar los cantos con melodía y darle ritmo musical a los mismos, dando así origen a la trilogía que conforma la música vallenata; la guacharaca indígena, la caja que deriva del tambor africano y el acordeón de origen europeo.

Exponentes del vallenato

Los exponentes del vallenato, que surgieron durante la primera mitad del siglo XX, fueron campesinos que no poseían mayor educación, pero que eran poseedores de una estricta ética determinada y heredada por su cultura, de tal manera que no demostraban mucho interés por la propiedad de sus cantos ni mucho menos por obtener alguna ganancia de ellos. El vallenato se convirtió en el acto por excelencia para cantarle a la vida, a la muerte, a la tristeza y la alegría, a la majestad de la naturaleza, pero sobre todo para expresar la realidad social de la época y las desigualdades en las que vivía el campesinado, lo que le permitió una identidad con las clases populares de la región, siendo despreciada por la burguesía en consolidación, quien influenciada por la música europea consideraba el vallenato como vulgar y sin elemento cultural que rescatar.

Uno de los escenarios donde empezó a codearse el vallenato con la música que escuchaba y bailaba la burguesía; valses, mazurcas, canciones napolitanas, fue el de las colitas. Era este el nombre que recibían las “colas” o finales de fiesta de la clase adinerada. Durante la velada, mientras los señores se divertían con la música europea que interpretaba una precaria orquesta provinciana, los trabajadores pasaban la fiesta en la cocina y los galpones a punta de acordeón, guacharaca y caja. Despachada la orquesta, los de atrás eran invitados a pasar adelante, y patrones y vaqueros se sentaban a tomar y cantar juntos.

La música vallenata empezó a darse a conocer por fuera de su geografía, durante los años 20 y 30, época dorada de la zona bananera del Magdalena. Los trabajadores acudían a laborar en la United Fruit Company desde todos los rincones del país. La abigarrada mezcla de trabajadores permitió que los cantos de los oriundos de la Provincia de Padilla, encontraran oídos dispuestos a escucharlos y cantarlos en otras regiones de la costa y del país. Fue en estos escenarios de trabajadores bananeros donde nació la piquería: canto improvisado en el que se enfrentaban los obreros, con la exigencia de la unión de cada verso en rima. Algunos años después, los grandes acordeoneros viajaban durante días para acudir a piquerías concertadas de antemano o a través de recados, como lo atestigua la canción “La gota fría”.

Neoliberalismo vallenato

Con el pasar de los años el vallenato fue pasando de ser una música de parrandas, y empezó a sonar en la radio, lo que le permitió una amplia difusión a nivel nacional. Las productoras musicales ven en este género naciente, un negocio rentable de poca inversión y de ganancia segura, debido a lo interiorizado que estaba esta música, en un amplio sector de la población de la costa y del país.

Paulatinamente el ánimo de lucro de la industria musical, desplazó la esencia de aquel vallenato autóctono de origen campesino. Muchos de los artistas intérpretes de esta música, se avocaron a la necesidad de grabar discos “para vender”, dejando de lado las canciones que expresaban el costumbrismo y la idiosincrasia del campesino, como fueran la obra de Juancho Polo Valencia quien en “Alicia adorada”, aquella que nunca pudo cantar en una parranda por el dolor que se apoderaba de su garganta, cuestionó la bondad de Dios al permitir la muerte de su compañera mientras él se encontraba en Pivijay; de Rafael Escalona que retrató el sentido de la amistad en su canción “Jaime Molina” cuando la muerte le arrebató a su amigo pintor; de Alejandro Durán que en su canción “Mi pedazo de acordeón” pidió ser sepultado junto al instrumento musical que lo convirtió en el primer rey de la leyenda vallenata; de Rafael Manjarrez quien en su “Ausencia sentimental” narra el drama de un estudiante de Valledupar que por razones de su pobreza no puede estar en un festival vallenato mientras se encuentra en Bogotá; y Leandro Díaz, quien sin temor invita al pueblo a la revolución en su canción “Soy”.

Con el surgimiento de las “nuevas generaciones”, el vallenato pasó de ser un legado cultural de cientos de años, y se convirtió en un rentable negocio más. Con la necesidad de grabar “para vender”, el paseo, el merengue, la puya y el son, fueron reemplazados por sonidos sintéticos y letras sin contenido que se impusieron como la “nueva ola” del vallenato, que en nada representan el vallenato creado por los juglares.

Que no muera el vallenato

Tal como lo declaró la Unesco en el 2015, la música vallenata, afronta una serie de amenazas toda vez que “los cuatro aires de esta música no se están interpretando y no se están grabando”.  En las emisoras, suena otra música, que llaman vallenato solo porque incluye el sonido de un acordeón, pero no interpreta sus matrices. De manera que esa música que llaman equivocadamente vallenato ha puesto en peligro de desaparición un legado cultural invaluable de una región de Colombia.

Cada vez son menos los espacios callejeros para las parrandas vallenatas, con lo cual se corre el peligro de que desaparezca un medio importante de transmisión intergeneracional de conocimiento y prácticas musicales. Por tal razón es hoy una necesidad proponer un debate nacional que nos permita rescatar el canto de los juglares, y salvaguardar, no solamente uno de los más importantes elementos para la consolidación de la cultura, sino un género musical colombiano por excelencia, que afronta su extinción, por causa del modelo neoliberal.

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