La misión histórica de Sintragritol

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Taller Sintragritol 1,2 de agosto en Ibagué, Tolima. Foto Nelosi

La misión del sindicato no es aprender a pedir limosnas sucias de la oligarquía y de alguna manera justificar la bestialidad del modelo neoliberal con el cuento de que la suerte está echada y que hay que asumir la pusilánime conducta de la conciliación

Taller Sintragritol 1,2 de agosto en Ibagué, Tolima. Foto Nelosi
Taller Sintragritol 1,2 de agosto en Ibagué, Tolima. Foto Nelosi

Nelson Lombana Silva

El Sindicato de Trabajadores Agrícolas del Tolima (Sintragritol) obtuvo su personería jurídica el 21 de septiembre de 1971, recordó el camarada Raúl Rojas González en el reciente taller agrario realizado en la ciudad de Ibagué (Tolima). Es decir, son más de 43 años apostándole a la lucha campesina e indígena en territorio pijao, en medio de la dura adversidad e, incluso, contradicciones internas que lo tuvieron al límite de ser clausurado.

El camarada Luis Rosendo Cruz recordaba también algunas de las históricas movilizaciones de campesinos e indígenas en sur del Tolima bajo el liderazgo de esta organización clasista. Es decir, Sintragritol tiene un profundo arraigo popular entre el sector agrario por sus posiciones consecuentes a pesar de las consabidas vicisitudes económicas y posiciones ambivalentes de algunos directivos.

Siempre ha estado presto a la denuncia y al acompañamiento en la medida de sus capacidades sin falsos protagonismos, observando siempre el criterio de clase. Por eso no es gratuito que un campesino de Purificación haya planteado en el reciente taller la necesidad de profundizar la formación política en el campesino tolimense, dando una lección a los que se quedan con el airecito socialdemócrata o el tecnicismo a ultranza.

Para este campesino la misión del sindicato no es aprender a pedir limosnas sucias de la oligarquía y de alguna manera justificar la bestialidad del modelo neoliberal con el cuento de que la suerte está echada y que hay que asumir la pusilánime conducta de la conciliación. Todo lo contrario. Unir rebeldías para pelear los derechos y no mendigarlos. Profundizar la formación política más que la “tecnicista” que permita hacer una masa crítica, analítica y orgánica capaz de movilizarse a defender el territorio, la identidad campesina e indígena, la soberanía alimentaria y el proceso de paz que se viene desarrollando en La Habana (Cuba).

En el caso particular del territorio tolimense, hacer resistencia a las multinacionales y transnacionales que vienen a robarse los recursos naturales sin importarle un higo el medio ambiente, especialmente el recurso hídrico, la fauna y la flora. Igualmente, los megaproyectos de hidroeléctricas. Es tan vergonzoso y contradictorio que, mientras estas transnacionales se roban la energía eléctrica, numerosas veredas permanecen a oscuras. Cientos de campesinos se siguen alumbrando como en el siglo pasado: con una vela y los más acomodados con una Coleman. Eso es indignante.

El desplazamiento silencioso continúa produciéndose en este departamento. Hay estadísticas, pero al parecer estas son muy inferiores a la realidad. Los ametrallamientos y bombardeos en la región montañosa y no montañosa se siguen presentando, balaceras fantasmas como llaman los labriegos; todos estos comportamientos de la Fuerza Pública en su afán de defender a los verdaderos depredadores del medio ambiente como son las multinacionales y justificar resultados para seguir desangrando inmisericordemente el presupuesto nacional. La burocracia militar es exageradamente costosa. Cargar a cuestas generales obesos repletos de condecoraciones fantasmas no resulta fácil ni cómodo para un pueblo hambriento, temeroso y analfabeta.

Asumir un protagonismo enhiesto de acuerdo a la realidad del momento es la principal tarea de Sintragritol en esta nueva etapa. Una tarea indelegable consiste en desarrollar los mercados campesinos. Pero con criterio político, no meramente asumiendo la tarea como un fin. Debe ser un medio concreto para impulsar la lucha sindical, la unidad, la organización, la movilización y la formación política a la luz del marxismo-leninismo. En eso no puede haber vacilaciones de ninguna naturaleza.

Para cumplir esa tarea hay que tener conocimientos teórico-prácticos y conciencia social y de clase. Ética para hacer coincidir lo que se dice con lo que se hace. En todo ese proceso, debe ser factor determinante el uso de los medios alternativos de comunicación, especialmente el semanario VOZ, la verdad del pueblo, la revista Taller, las páginas web www.pacocol.org y www.semanariovoz.com, entre otras. No hacerlo así es actuar ciego, a merced de los aparatos ideológicos del establecimiento, entre ellos los medios de comunicación.