La mercantilización de los vientres femeninos

0
548
La gestación subrogada se constituye en un postulado neoliberal que oculta la feminización de la pobreza, la exclusión social y la marginación económica de las mujeres

La maternidad subrogada consiste en que la mujer lleva a cabo un embarazo para entregar al recién nacido a quienes la han contratado para que lo traiga al mundo. ¿Por qué el movimiento feminista se opone a esta práctica?

Adriana Vanegas

En el marco de la conmemoración del 25 de noviembre se evidencia cómo crece la lucha de las mujeres contra la violencia de género, contra la mercantilización y la explotación de los cuerpos de mujeres, niñas, niños. Sin embargo, la práctica de la explotación reproductiva de las mujeres pasa aún desapercibida en Colombia, siendo un ejemplo lo que se ha denominado el alquiler de vientres de mujeres y niñas, así como los contratos de subrogación de la mal llamada maternidad sustituta.

La lucha y el debate contra esta forma de explotación se amplía, no solo por parte de los organismos internacionales en defensa de los derechos fundamentales y los derechos sexuales y reproductivos, sino a través de la lucha de las mujeres y de algunos colectivos LGBTI a través del Manifiesto Latinoamericano firmado por más de 36 organizaciones de derechos humanos y una gran parte del movimiento feminista para contrarrestar los avances de este nuevo tipo de explotación. La denuncia es contra la contratación de subrogación del alquiler de vientres.

Esta práctica ya se ha extendido y regulado en la India, en México, Ucrania, Rusia, en algunos Estados de los Estados Unidos, en Grecia, Bélgica y otros países. En Colombia dos proyectos de ley quieren implementar esta práctica sin tener en cuenta las implicaciones sobre la salud, el derecho y la dignidad de las mujeres y las niñas.  

La gestación por sustitución surge con el desarrollo de la reproducción médicamente asistida, y es ahora un amplio mercado basado en la utilización de los vientres alquilados, sustentada en clichés sexistas y misóginos.

También conocida como maternidad subrogada, consiste en que la mujer lleva a cabo un embarazo para entregar al recién nacido a quienes la han contratado económicamente para que lo traiga al mundo. Práctica que se sustenta en la representación patriarcal de las mujeres, de sus cuerpos, como objetos, explotando su capacidad reproductiva y en las asimetrías de género que subyacen en las históricas desigualdades estructurales entre mujeres y hombres.

Empresas de reproducción humana

Lejos de ser solo un acto individual, esta práctica es realizada por parte de empresas de reproducción humana asistida, en un sistema organizado de producción económica que incluye clínicas, profesionales de la medicina y del derecho como también de agencias intermediarias.

Es un sistema que necesita a las mujeres como medio de producción de sus cuerpos, como receptáculos de materias primas, de manera que el embarazo y el parto se convierten en procesos funcionales al neoliberalismo, con valor de uso y valor de mercado en un mundo en el que la mercantilización del cuerpo humano se ha globalizado. La gestación por sustitución convierte a la niña y al niño recién nacido en productos con valor de cambio, anulando la distinción entre persona y cosa.

Abolicionismo

El pasado 12 de noviembre, se lanzó en América Latina el manifiesto que impulsa la Convención Internacional Abolicionista de la Gestación por Sustitución, contra la explotación de los vientres de las mujeres para poner fin a la propuesta de la Conferencia de la Haya sobre gestación subrogada en un protocolo internacional que le abriría la puerta a esta práctica globalizada contra las mujeres.

La denominada gestación subrogada, expresa un falso progresismo y se constituye en un postulado neoliberal y posmoderno que invoca una aparente libertad individual de las mujeres para legitimar la restricción de sus derechos humanos fundamentales sociales, ocultar la feminización de la pobreza, la exclusión, la marginación económica y social, en la cual se encuentra más de la mitad de la población mundial y miles de mujeres en Colombia.

La ruptura del vínculo madre e hijo

La práctica del alquiler de vientres, en tanto expresión inequívoca de discriminación, violencia y vulneración de derechos humanos y fundamentales de mujeres, niñas y niños, contravienen lo estipulado en convenios y tratados internacionales de los que nuestros países son signatarios y cuyo cumplimiento es obligatorio por mandato constitucional.

Esta práctica en cualquiera de sus pretendidas modalidades contractuales, altruista o comercial, vulnera el derecho a la filiación de las mujeres que gestan y dan a la luz a sus hijas o hijos, con independencia de la relación genética entre ambos, por cuanto toda reglamentación en esta materia es un contrato, en el que se exige a las mujeres la renuncia al derecho fundamental a la filiación y a la cesión entre terceros.

El alquiler de vientres expresa una grave vulneración al derecho a la dignidad humana y a la integridad física y psicológica de mujeres, niñas y niños, lo cual resulta inadmisible en una sociedad que se ha pronunciado a favor de la salvaguarda de los derechos fundamentales contenidos en las constituciones de la región y los derechos de las mujeres consignados en la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer, Cedaw. Se trataría más bien de legislar en favor de facilitar los procesos de adopción, sin discriminación, garantizando el interés superior de las niñas y niños.

El peligro de la hipermedicación

Los contratos derivados de la gestación subrogada suponen una forma de maternidad impuesta y altamente medicada y de mayor riesgo, convirtiendo a mujeres sanas en pacientes funcionales para satisfacer deseos ajenos.

Según las condiciones estipuladas por los solicitantes de la práctica, se incluyen tratamientos de hipermedicación, del número de embriones transferidos al útero, de procesos de reducción embrionaria o abortos provocados sin tener en cuenta la voluntad de las mujeres gestantes; el tipo de parto y las terapias psicológicas de desapego con el feto gestado y la persona nacida, lo que supone un ejercicio de violencia médico obstétrica y psicológica; el control de la vida diaria de las mujeres contratadas como gestantes, visitas médicas, pruebas clínicas, la movilidad y la actividad sexual.

Así mismo, la práctica de la interrupción legal del embarazo conquista y logro del movimiento feminista y amplio de mujeres es inaceptable para las contratantes frente al condicionamiento de cuotas de reparación económica inalcanzables para las mujeres que ya no deseen continuar con el embarazo.

Se vulnera el derecho a la dignidad de las personas al convertirlas en cosas, al separarlas de sus progenitoras y se vulnera el derecho de la relación madre hijo o el derecho a la filiación; se violenta el derecho de la persona a la identidad y a conocer su origen, se vulnera el derecho a la agrupación familiar por el desapego, tanto para las gestantes como para los hijos. Existen numerosas vías para construir familias de todo tipo, sin discriminación, respetando los derechos de todas y todos.

📢 Si te gustó este artículo y quieres apoyar al semanario VOZ, te contamos que ya está disponible la tienda virtual donde podrás suscribirte a la versión online del periódico. 

tienda.semanariovoz.com