La mala hora del uribismo

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De la posesión de Duque a hoy el uribismo parece manejar doble discurso, pero no es así.

Hernán Camacho
@camachohernan

El Centro Democrático pasa por un desgate histórico. Ya no es el partido todo poderoso que se imponía en elecciones y elegia al que fuera sin adversarios. El antiuribismo hoy es mayoría en Colombia, lo que no quiere decir que sea proporcional a la preferencia por la izquierda colombiana o que eso sea el final irreversible de esa facción de la derecha.

El uribismo se cocina en su salsa. Las disputas internas del partido de Gobierno vienen haciendo grietas enormes en su cohesión. Los resultados del gobierno Duque coadyuvan a la división, algunos encuentran en el presidente la responsabilidad de los desatinos electorales recientes “para qué ganar la Presidencia, si no es para ganar elecciones” dicen.

Divisiones muchas. El círculo pretoriano del expresidente es más hermético desde su vinculación penal por el delito de fraude procesal. La bancada en el parlamento no tiene una agenda, tienen varias, desde que el encartado Uribe atiende la Corte y busca la manera de enfrentar el acervo probatorio en su contra. La toga lo atortola.

La senadora Paloma Valencia quiso ser la presidenta de la Comisión Primera de Senado, pero su colega María Fernanda Cabal no la dejó, le negó su respaldo para entregárselo a Santiago Valencia, dejando en evidencia las dificultades de bancada.

Ernesto Macías condujo el Congreso al mejor estilo de capataz de hacienda sin tino ni responsabilidad. Con salidas en falso y desleales ataques contra la oposición política facilitó el derrumbe de los primeros intentos por hacer trizas la paz. El partido de Gobierno no logró destruir la JEP y reformar los acuerdos de paz unilateralmente. La ciudadanía es testigo del esfuerzo uribista por la guerra, sea interna o externa.

Provocan constantemente una agresión militar contra Venezuela y por eso su discurso diplomático es obsoleto y mal elaborado. Apoyaron al autoproclamado “presidente” Juan Guaido, que es hoy una anécdota y otro fracaso. El Grupo de Lima fue un embeleco diplomático que auspició, patrocinó y condujo Colombia; hoy es un estorbo sin legitimidad.

A Uribe se le escucha impaciente, cometiendo errores de político primíparo, calculando mal sus estrategias de defensa. Es célebre el episodio de la W Radio días antes de la indagatoria, donde Pablo Hernán Sierra, testigo en su contra lo enfrenta y hasta lo reta a no perdérsele a la justicia. Nunca un expresidente había sido cuestionado por un criminal, en público, y de esa manera.

Y termina con la derrota electoral en Medellín que no es más que la consecuencia de jugar a la política con trampas, mentiras y desinformaciones al estilo del plebiscito por la paz.

Gobernarán tres departamentos de la Amazonia y eso es malo para Colombia. Siguen siendo una fuerza importante en lo local, aunque ya no pueden solos, les toca aliarse con los antes santistas para no salir derrotados en las regiones. Les confieso que de cualquier cuenta de twiiter algún uribista le echará la culpa a Nicolás Maduro de la derrota electoral de Uribe.

Para terminar, dejo inquitudes: ¿Tiene la bancada uribista la capacidad política de no sacarse los ojos entre sí? Sin Uribe en el Congreso, ¿el Centro Democrático podrá mantenerse como bancada mayoritaria? ¿Duque gobernará sin interpuesta persona? Se avecinan noticias judiciales.

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