La mala hora de Bogotá

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Estos primeros meses de gobierno, el descontento puede volverse aséptico y domesticado si los sectores más avanzados del movimiento social no están a la altura de esta crisis de legitimidad, permitiendo que todos los avances en materia social se echen por la borda.

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Leonardo León

Tras la posesión de Enrique Peñalosa como alcalde de la ciudad, Bogotá ha tenido uno de sus peores meses en mucho tiempo por cuenta de las decisiones que ha tomado la administración distrital y sus planes a futuro, además de otras situaciones como fenómenos climáticos, incendios y problemas de movilidad.

Frente al clima, el fenómeno de inversión térmica, derivado además de El Niño, ha generado que el aire de la capital haya estado varios días con mucho más material particulado que de costumbre, generando una capa gris como presagio a lo que será la ciudad si no se toman decisiones radicales en cuanto al modelo de transporte necesario para afrontar el cambio climático. Es inadmisible que se pretenda eternizar un sistema basado en buses a base de diésel, echando por la borda proyectos más amigables con el medio ambiente como el metro, el tranvía y el metrocable, los cuales contaban con estudios avanzados para pasar a la fase de ejecución a la espera de recursos por parte del Gobierno Nacional.

En el marco del Fenómeno del Niño se han presentado varios incendios, en especial se resalta el que sucedió en la parte alta de la localidad de San Cristóbal, el cual duró casi un día sin atención alguna generando una crisis ambiental y de salud pública pues el humo y la ceniza se esparcieron por gran parte de la ciudad haciendo necesario evacuar centros educativos y empresariales. Además de la desidia por parte de la administración distrital, cuando a ésta por fin le dio por actuar, el alcalde aprovechó para hacerle publicidad a su nefasta idea de crear un sendero “ecológico” por los cerros orientales que incluye la destrucción de gran parte de la vegetación con la falacia de que servirá para controlar los incendios mientras invade con cemento las montañas.

En vez de hacer frente al cambio climático, la alcaldía decidió atacar la reserva Thomas Van der Hammen, ya que necesita de esos predios para enriquecer a empresas del sector inmobiliario y bancario, pues por algo lo pusieron allí, para construir vivienda con la falacia de que así ahorra desplazamientos a millones de futuros residentes, ignorando estudios ambientales que por años se han hecho los cuales muestran la necesidad de generar una conectividad entre el río Bogotá y los cerros, además de proteger fuentes hídricas y especies de flora y fauna.

Por otro lado, el ya tradicional “día sin carro” en Bogotá, fecha en la que mejora un poco la contaminación ambiental y auditiva, disminuye el tiempo en desplazamientos y se reduce el estrés de los ciudadanos, en esta ocasión fue un completo fracaso. Transmilenio, que usualmente para este evento funciona mejor que en un día normal, colapsó (aún más de lo ya colapsado), causando grandes aglomeraciones en estaciones y trancones de articulados en algunos puntos de la ciudad que llevaron a que algunos usuarios bloquearan las vías exigiendo mejor servicio; pareciera que esta empresa hubiera decidido hacer un autosaboteo para generar opinión contraria a más días sin carro pues supuestamente esta actividad perjudica a medianos y grandes comerciantes, gremio financiador de la campaña de Peñalosa.

En cuanto a los planes del alcalde, además de botar a la basura todo el modelo de transporte eléctrico en beneficio del negocio de buses, para colmo aumentándole al pasaje $200; ha disminuido en un 40% el presupuesto de financiamiento de los hospitales públicos; ha decidido no seguir con la recuperación del hospital San Juan de Dios; ha iniciado la “recuperación” del centro financiero, es decir, limpiarlo de rayones, carteles y pobres; ha puesto fin al programa Territorios Saludables, el cual sirvió, entre otras cosas, para que en Bogotá ya no muera ningún niño de hambre. En resumen, el programa de gobierno es administrar para el capital en perjuicio de las grandes mayorías.

Para Peñalosa recuperar la ciudad no tiene nada que ver con disminuir la desigualdad, mejorar el acceso a servicios públicos, o prestar atención en salud para los más necesitados sino que se trata de limpiar postes de publicidad, eliminar el grafiti como expresión cultural, expulsar vendedores ambulantes sin ofrecerles alternativas de trabajo, convertir derechos en negocios, destruir la naturaleza en beneficio del capital, acallar el pensamiento crítico y las voces disidentes y solucionar todos los problemas sociales mediante el uso de la fuerza bruta del Esmad.

Dos ejemplos dicientes de cómo será el resto del gobierno distrital: el día sin carro, una vendedora ambulante le criticó a Peñalosa su política frente a esta población, a lo cual él la miró con desprecio y no fue capaz de dialogar. Por otro lado, una familia tuvo que recurrir a bloquear la Autopista Norte para que llegara el CTI a hacer el levantamiento del cadáver de una señora pues no había sido recogido; ella murió porque la EPS no quiso autorizarle una operación. La respuesta de la alcaldía no fue intervenir para que se agilizara el retiro del cuerpo sino enviar al Esmad para reprimir la justa manifestación.

Por este inicio vergonzoso de su mandato, a Peñalosa ya le han marchado al menos tres veces: contra la posible venta de ETB, en defensa del programa Territorios Saludables y por el derecho a trabajo de los vendedores ambulantes.

Peñalosa no es una persona inteligente, no tiene capacidad discursiva ni argumentativa, tanto así que debía huirle a la mayoría de debates porque cada que se enfrenta con uno lo pierde. Su primera llegada a la alcaldía fue debido a que su contrincante era el bufón de Moreno de Caro, que obviamente no iba a llegar a ese cargo. Y la segunda, después de múltiples derrotas, por una campaña sin tregua por parte de la gran mayoría de los grandes medios de comunicación, en defensa de los intereses económicos de sus dueños y contra todo los actos el gobierno de Gustavo Petro, inventándole calumnias y magnificando sus errores, pues el capital es enemigo natural de lo público y del bien común.

Estos primeros meses de gobierno, el descontento puede volverse aséptico y domesticado si los sectores más avanzados del movimiento social no están a la altura de esta crisis de legitimidad, permitiendo que todos los avances en materia social se echen por la borda, mientras crece la iniquidad en una ciudad que se había caracterizado por ser mucho más incluyente que otras capitales del país y la regió, o bien puede desembocar en una movilización social y desobediencia civil que saque a Peñalosa de su cargo.

Agencia Prensa Rural