La juventud en el centro del debate político

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Ángela María Robledo.

El equipo de redacción juvenil de VOZ se entrevistó con la candidata a la Vicepresidencia de la República, por la Colombia Humana, quien explicó la importancia que tiene la juventud en las transformaciones que requiere el país y sus propuestas para mejorar las condiciones laborales, recreativas y educativas de este vasto sector poblacional

Marcel Guarnizo

–¿Como lo afirmó un candidato presidencial, considera que los altos índices de embarazo adolescente radican en que las jóvenes dedican su tiempo de ocio a tener relaciones sexuales?

–La declaración de Iván Duque llena de indignación. Me parece que en la misma declaración está violando el Código de Infancia y Adolescencia, que señala que la principal ocupación de las niñas y adolescentes debe ser estudiar, el arte, gozarse la vida y estar protegidas. Pero él lo que dice es que hay que ponerlas a trabajar, entonces no sabe que el trabajo está claramente proscrito en el Código.

Lo que muestran las cifras es que estas jóvenes y adolescentes necesitan un profundo proceso de educación para el amor, enfrentando toda esta problemática desde un trabajo con la familia y en los medios de comunicación; pero también necesitan tener acceso a los métodos anticonceptivos. Ese cuento de Uribe de “espérense para el gustico” no es real, tenemos una iniciación en el mundo de la sexualidad muy temprana, que hay que proteger, que hay que cuidar y promover una sexualidad responsable, amorosa y gozosa, pero como lo establecen muchas disposiciones del Ministerio de Salud: con métodos anticonceptivos para prevenir los embarazos adolescentes.

–Según estadísticas del Guttmacher Institute, más de 132 mil mujeres tienen complicaciones por practicarse abortos en condiciones de clandestinidad e ilegalidad, ¿cuál es su posición sobre esta problemática?

–Lo que queremos son niños y niñas que nazcan y habiten el mundo como niños deseados; pero también lo que necesitamos es, frente a las tres situaciones de Interrupción Voluntaria del Embarazo, IVE, que se cumplan. No hay que olvidar que venimos de un régimen de la inquisición con Ordóñez y con la delegada para el tema de mujer y de familia, Ilva Myriam Hoyos, que persiguieron a mujeres e instituciones que practicaron IVE.

Entonces, aquí se necesita fundamentalmente educación de los sentimientos, de las emociones y que ojalá un embarazo adolescente no interrumpa la posibilidad de vida de las niñas y jóvenes en Colombia, que se trunquen y queden a mitad de camino las posibilidades y los sueños de las mujeres jóvenes en Colombia.

–¿Qué factores cree que influyen para que en la actualidad aún exista discriminación a personas con orientaciones sexuales diversas?

–Fíjate que ahí volvemos a la ley. Existe en Colombia una ley que señala que la discriminación de cualquier tipo es un delito; sin embargo si eso no va acompañado de una tarea de profundo cambio cultural, pues no se cumple y en eso creo que ha influido enormemente, en muchos casos, la religión y los discursos de quienes consideran que la única forma de familia es la de mamá, papá e hijos, y se esconden en ese planteamiento posando de liberales, pero que a la hora de la verdad lo que hacen es absolutamente discriminatorio.

Se desconoce también el bloque de constitucionalidad que ha señalado la Corte en el desarrollo que le dio al Artículo 42 de la Constitución reafirmando que lo que existe en Colombia es una diversidad de familias y que más que un vínculo natural lo que hay es un vínculo de solidaridad y amor. En nuestra propuesta de la Colombia Humana, en el último punto que hace referencia a la diversidad y a la multiculturalidad, hay un reconocimiento de esa diversidad, de sus derechos, pero también una urgencia para protegerla porque sabemos que se han vuelto flancos de asesinatos, de desaparición o de exterminio.

La universidad como derecho

–¿Cómo garantizar la gratuidad y la universalidad de la educación superior?

–La educación superior hoy está conformada por la educación técnica, tecnológica, el SENA y las universidades; la queremos pensar como un sistema articulado porque no existe de esa manera. La calidad de muchas de las instituciones que ofrecen educación técnica y tecnológica es pésima, somos el sexto país con uno de los sistemas de educación más malos en el mundo.

Lo que queremos es fortalecer la educación superior pública. Hoy las universidades públicas, además de las profundas deudas que tienen, se están cayendo a pedazos, no es si no ir a la Universidad Nacional y visitar el edificio de artes para darse cuenta de lo que está sucediendo. Por eso vamos a fortalecerlas.

Por otro lado, aumentaremos de manera significativa la transferencia de recursos a las universidades públicas. Bogotá Humana lo hizo duplicando el presupuesto para educación y ampliando la presencia de la Universidad Distrital en Ciudad Bolívar y en Bosa. Creemos que estas son las maneras porque si se pudo hacer en Bogotá, también se podrá hacer en toda Colombia.

–¿Y sobre Ser Pilo Paga y el Icetex?

–Respecto al programa, es inadmisible que 40 mil becas crédito signifiquen cerca de lo que podría ser el apoyo a 600 mil estudiantes. Entonces, para nosotros es contundente que lo que da derechos es el hecho de ser joven y que la pila debe ser la educación.

Queremos modificar de manera profunda el Icetex. Estamos trabajando con la Asociación de Deudores y nos señalan que cerca de 48 mil muchachos de las cerca de 180 mil familias que son deudoras, tienen deudas impagables. Esto se da porque el Icetex tiene los intereses más altos que cualquier banco, se pagan intereses sobre intereses lo cual es inadmisible y por eso lo vamos a modificar.

–El movimiento estudiantil está rechazando la financiación contingente al ingreso, ¿qué opinión tiene al respecto?

–Yo me opuse a ese proyecto que es de Rodrigo Lara. Y me opuse porque esta no puede ser la manera en la que los jóvenes accedan a la educación superior. Incluso este gobierno se soñaba con pasar de 680 mil a un millón 700 mil deudores del Icetex. Ese proyecto es absolutamente infame; digamos que alivia en algo porque ya no les van a cobrar inmediatamente terminen de estudiar, hay una moratoria, pero el problema sigue siendo el mismo: el crédito está ahí.

Entonces, el camino es fortalecer la educación pública; aquí hay cientos de jóvenes que quieren ir a la universidad pública, no solo porque muchas de ellas están entre las mejores universidades de Colombia, sino también porque quieren ir al espacio de lo público, donde se encuentran más allá de las clases sociales, de la raza, de las etnias. Buscaremos una estrategia totalmente distinta, pensando también en el apoyo a los estudiantes que aspiren ir a las universidades privadas porque hay muchos que quieren hacerlo; pero para nosotros la prioridad como gobierno va a ser el fortalecimiento de las universidades públicas, que son muchas en Colombia y son muy buenas.

–Más de un millón 500 mil niños, niñas y adolescentes están por fuera del sistema educativo, ¿qué medidas implementaría para garantizar que ingresen al sistema?

–Fortalecer lo público, fortalecer la oferta no solo en términos de cobertura porque Colombia algo ha ganado en cobertura, sino también en términos de calidad. En Colombia hay un verdadero Apartheid educativo y lo nombra Mauricio García de De Justicia, quién hizo un estudio en Bogotá de los resultados de saber y de algunas competencias de los jóvenes y encontró que aquellos que van a las instituciones públicas, los que son más pobres, obtienen los peores resultados en comparación con aquellos que van a instituciones privadas, por supuesto con muchísimos más recursos. Entonces él dice que se genera un sistema donde no se encuentran nunca los estudiantes, donde los pobres estudian en instituciones pobres y con poca capacidad de restablecer un capital cultural y los jóvenes con más recursos van a instituciones que les fortalecen mucho más sus recursos.

Eso hay que disminuirlo. Y tiene que ver con una cosa y es que quienes van a la escuela privada tienen jornada única y todas las condiciones para poder conectarse con el mundo, con su proceso educativo, con su proceso como ciudadano y quienes van a las instituciones públicas tienen jornadas precarias. El ruta fundamental es constituir la educación como el camino, el camino hacia la reconciliación, el camino hacia la productividad económica con redistribución, el camino, dice Gustavo, para que el cerebro se vuelva una herramienta potente y fundamental, pero yo diría que además del cerebro el corazón.

Deporte y trabajo

–¿Qué propone la Colombia Humana para promover el acceso, goce y disfrute del deporte, la recreación el arte y la cultura?

–Incorporarlo como parte integral de su proceso de formación, porque queremos que los espacios educativos sean también espacios de formación ciudadana, de esa voz ciudadana que hoy llena las calles muchas veces con indignación y con preguntas. Yo sí creo que hay que impulsar y fortalecer este talento y este esfuerzo tan impresionante, pero también poder trabajar en prácticas deportivas no solo competitivas; hoy en el mundo entero hay una mirada bastante crítica sobre lo que está ocurriendo con estas prácticas olímpicas centradas solamente en la competencia.

Por otro lado, hay una propuesta muy contundente, también de potenciar lo que se hizo en Bogotá, que lo hemos llamado la democracia cultural y es que el tema de artes, deporte y ciencia, sea también un elemento que transversalice el proceso de educación desde la primera infancia.

–La realidad juvenil en el mercado laboral es bastante desigual y precaria. ¿Cuál es la propuesta de la Colombia Humana para cambiar esta situación?

–Hay una centralidad del trabajo en el punto tres de economía productiva, y es quizá ir más allá de lo que antes se señalaba como empleo. Hoy hay múltiples formas de gestión del trabajo, pero en esas gestiones de lo que se llaman emprendimientos, microempresas o pequeñas empresas, hay que fortalecer sus condiciones de dignidad y de continuidad. Un primer elemento es retomar lo que quedó establecido en la Constitución del 91, el Estatuto del Trabajo, que es una primera deuda que hay en Colombia y que por supuesto habrá que concertarlo, no solo con los sindicatos, sino también con las organizaciones de jóvenes, de mujeres de campesinos, de indígenas, etc.

Lo segundo es que hay también toda una revolución de lo que hoy en día es el trabajo con relación a lo que se conocía como trabajo en las grandes industrias. Ahora es un trabajo que se apoya en las tecnologías pero que al mismo tiempo, así se disminuya el esfuerzo físico, sigue siendo necesario protegerlo y rodearlo de garantías.

En el tema más macro, recuperar industrias que en el país fueron líderes y que generaban muchísimo trabajo, como la textilería, la metalmecánica, la manufacturera, por citar algunas, y por el otro lado como todo lo que significa recuperar la vocación agrícola de Colombia, que si uno sigue lo que significó la economía cafetera y que hoy ya tiene un proceso superelaborado donde uno encuentra muchos jóvenes con sus emprendimientos produciendo modalidades de café y artículos relacionados con el café, eso hay que fortalecerlo atado a otros productos agrícolas como el aguacate, que se ha vuelto el símbolo de la recuperación del sector agrario en Colombia.

Empleo y guerra

–¿Y sobre la Ley de Primer Em­pleo?

–Hay una ley que existe en el caso de los jóvenes que es la del Primer Empleo y que hay que hacerla realidad. Tiene una normatividad muy interesante que busca romper ese círculo vicioso que no te contratan porque no tienes experiencia como joven y no tienes experiencia porque no te contratan, entonces quedó también habilitado un espacio de reconocimiento para que muchos jóvenes también entren a participar del aparato estatal como funcionarios y funcionarias.

Lo que hay que hacer para evitar la disminución de garantías laborales vía primer empleo es fortalecer la práctica de lo que se llamaban los inspectores de trabajo para revisar las prácticas de contratación del sector privado. Hay propuestas de candidatos de reducción del salario mínimo, de que los jóvenes ganen menos, y nosotros lo que creemos es que hay que activar la economía y mejorar las condiciones de trabajo, como la actividad que nos dignifica, que nos permite tener unos ingresos e incrustarnos en el mercado como consumidores responsables.

–¿Cómo garantizar el no retorno de la juventud a la guerra?

–Tiene que ver con seguir apoyando los proceso de negociación con el ELN, darle cumplimiento al sentido del Acuerdo de La Habana, hacer realidad el servicio social, como una alternativa al servicio militar obligatorio, porque esa es una vinculación a la lógica y a la racionalidad de la guerra, que está soportado en la constitución, pero que en la medida en que transitamos de la guerra a la paz, el servicio militar obligatorio tiene que terminar.

–El Estatuto de Ciudadanía Juvenil no garantiza la participación política de la juventud. ¿Cómo hacer para lograrlo?

–Hay una ley de participación, está el derecho en la Constitución, pero yo creo que los jóvenes deben ir mucho más allá de la normatividad y de la regla. Hoy en día las calles en el mundo se llenan de los indignados. Los economistas del mundo entero están escandalizados con la desigualdad que vive el mundo y nosotros nos escandalizamos por ser uno de los países más desiguales del mundo, quizá el tercero.

Yo creo que esa es una reflexión general, porque leyes hay, normas hay, el estatuto está y tienen una función de protección que son importantes, pero las nuevas ciudadanías desbordan esa normatividad. Más bien el gran reto para nosotros, los más adultos, es entender cómo son esas formas en las que ustedes los jóvenes hacen política, dónde están las claves para construir un proyecto de sociedad distinto. Reivindico el encuentro intergeneracional como absolutamente potente para profundizar la democracia en un país donde está en peligro y muchas veces, también ha sido peligrosa para ustedes.

–¿Qué invitación hace a las y los jóvenes?

–La invitación a las y los jóvenes es a elevar la vitalidad de su voz, de su participación, de su rebeldía, en términos pacíficos, porque por supuesto el gran reto en Colombia es desanclar todas las formas de violencia en la política y en la participación; pero decirles que vayan más allá de las leyes, porque ustedes son la fuerza en Colombia, y en ustedes, está la clave del presente y del futuro del país.

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