La guerra mediática

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Carlos A. Lozano Guillén
@carloslozanogui 

Algunos directores de grandes medios de comunicación, de propiedad de poderosos grupos económicos colombianos, de monopolios o transnacionales, decidieron, cuatro días antes de las elecciones del 11 de marzo, hacer largas explicaciones, en particular en radio, de su objetividad en el cubrimiento de la campaña electoral. Nadie les exigió esa declaración de supuesta honradez profesional ni entendió por qué la hicieron.

La expresión latina excusatio non petita, pecata manifiesta, quiere decir que “excusa no pedida, culpa manifiesta” y es entendida como un reconocimiento de responsabilidad por la falta o el delito del cual pretende disculparse.

Como si se hubieran puesto de acuerdo, directores de noticieros radiales que todos los días vociferan desde temprano contra la izquierda, Cuba y Venezuela y tachan a mansalva de populistas y trasnochados a sus dirigentes, hicieron expresa la manifestación. La orden que tienen es descalificar por mamerto y castrochavista a todo candidato o candidata que promueve el interés público y social y que se atreva a proponer el cambio del régimen político y el modelo económico en favor de los poderosos oligarcas que dominan la economía y la política. Nadie puede siquiera insinuar la necesidad de reformar el statu quo.

La oposición se tolera y se acepta solo si no amenaza el poder del capital. A los candidatos de la izquierda lo primero que le preguntan en esas “cadenas de la desinformación”, es ¿Qué opina del castrochavismo? Y si es amigo de Maduro y de la Revolución Bolivariana. Decir que sí equivale a que le caigan rayos y centellas, insultos y descalificaciones de todo tipo. Es equiparable a un grave delito.

En contraste, a Vargas Lleras nunca le preguntan de su turbia relación con los paramilitares de los llanos orientales o de ser la cabeza de un partido con más parapolíticos y corruptos en la cárcel. O a Iván Duque de su famoso viaje con Óscar Iván Zuluaga a negociar la asesoría de publicidad en Brasil financiada con los dineros sucios de Odebrecht. O a Ordóñez de la quema de libros y la justificación del paramilitarismo en Bucaramanga o las destituciones de Piedad y Petro que tanto daño les causaron al país y a la capital. O a Martha Lucía Ramírez de su fracaso como flamante Ministra de Defensa del gobierno belicista de la “seguridad democrática”. Estos temas no son importantes para ellos, lo que importa es el debate vacío sobre el castrochavismo.

En la declaración no pedida se declaran objetivos y neutrales, y muy democráticos porque invitan a todos los candidatos. Pero a los que critican a sus patronos los insultan y los agreden, aun a los que les hacen concesiones gratuitas y se muestran flojos en los principios. Es el colmo del abuso y de la intolerancia.

carloslozanogui@outlook.es

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