La Guardia Campesina del Catatumbo, autoridad legítima

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Guardia Campesina en el V Encuentro Nacional de Zonas de Reserva Campesina en Curumaní, Cesar. Foto Juan David Vargas – APR.

Juan David Vargas – Agencia Prensa Rural

En el corregimiento de Cartagenita, en Convención (Norte de Santander) culminó el primer ciclo de formación de la Guardia Campesina del Catatumbo. La jornada se llevó a cabo el 15 y 16 de junio, y contó con la participación de decenas de campesinos provenientes de diferentes municipios de la zona alta de la región. Allí se desarrolló la tercera escuela zonal de la Guardia Campesina del Catatumbo. Las otras dos escuelas del ciclo se desarrollaron en Tibú y Hacarí, siendo un ejercicio distribuido en las tres zonas que componen la región.

La Guardia Campesina es un órgano no armado que es autoridad y nace de la Asociación Campesina del Catatumbo. Su propósito es la defensa del territorio y de los derechos humanos. Se ha destacado por la resolución pacífica de los conflictos en la región y ha sido protagonista en el desarrollo de la lucha campesina. Además, se prepara para asumir la difícil prueba de desempeñar sus funciones en el marco de la implementación de los acuerdos de paz de La Habana y la lucha por la implementación de lo acordado en la Mesa de Interlocución y Acuerdo con el Gobierno Nacional.

Historia

El origen de la Guardia Campesina del Catatumbo se remonta al paro de esa región en 2013, momento en el cual se desató un fuerte movimiento antierradicación de los llamados cultivos de “uso ilícito”, sumado al descontento general por el abandono estatal, la represión y las violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario por parte de la Fuerza Pública.

Tomando como referencia a las diferentes guardias indígenas que hay en el país, optaron por usar el “bolillo patriótico”, instrumento de mando y autoridad, lleno de símbolos referentes a la región y las causas defendidas.

Posteriormente su existencia se oficializó, impulsó y fortaleció en 2014 en la constituyente regional, evento que fue parte de un largo trabajo de seis años en los once municipios de la región.

Escuela de la Guardia Campesina en Cartagenita. Foto Wílmer Téllez.

La necesidad de un cuerpo que brindara y se encargara de mantener la paz y se preocupara por la resolución pacífica de los conflictos fue notoria en septiembre de ese año. El polémico abogado y activista del uribismo Jaime Restrepo llegó armado a Tibú, con la intención de atacar a los participantes del IV Encuentro Nacional de Zonas de Reserva Campesina. Finalmente se logró evitar cualquier hecho violento y fue devuelto a su lugar de origen.

La Guardia Campesina comenzó a cumplir sus funciones en las asambleas populares en 2015, en las cuales se formaron alianzas entre líderes sociales, cívicos, locales y populares en la región. Allí se hacía pedagogía de la importancia del voto consciente, dado que para miles de campesinos sería la primera vez que ejercieran ese derecho. La Guardia cumplió sus funciones logísticas y garantizó la realización de las mismas, evitando sabotajes y otro tipo de prácticas que afectaran el desarrollo de las mismas.

Posteriormente, en septiembre de dicho año, se realizó en El Tarra su primera escuela, con casi cien delegados. Allí se constituyeron principios y se trazaron propósitos y metas. Su formación fue física y teórica, con gran componente político y una jornada dedicada al estudio del pensamiento bolivariano. Y en ella se instituyeron sus símbolos e indumentaria.

Durante el 2016 la agenda de la Guardia se vio marcada por la tarea de evitar los enfrentamientos entre la Policía y los campesinos, además de hacer la logística de las movilizaciones en las protestas en Tibú contra los incumplimientos del Gobierno, las marchas por el sí a la paz en el plebiscito, el cese al fuego bilateral y el V Encuentro de Zonas de Reserva Campesina. También, el evitar los abusos del Ejército en su propósito de erradicar de manera forzada cultivos de uso ilícito.

Adicionalmente lideró la mesa de Guardias Campesinas en el V Encuentro Nacional de Zonas de Reserva Campesina en Curumaní (Cesar), llevado a cabo por organizaciones interesadas en desarrollar este modelo de autoridad legítima en sus territorios.

El pueblo es la autoridad legítima

La Guardia Campesina reconoce al pueblo como única autoridad legítima en la región, y se remite a este cada vez que sea necesario tomar decisiones.

En la región también se han impulsado procesos de elevación moral y de la conciencia en el interior y afuera de las mismas, es decir, desarrollo y educación en las capacidades para que el pueblo sea crítico frente a la realidad impuesta. Esto mediante sus escenarios de formación y su misma práctica cotidiana, en la cual, para ser miembros de la Guardia deben ser personas integrales y reconocidas por su comunidad.

Entendiendo que la batalla también es cultural y es necesaria una moralidad y prácticas culturales diferentes, para lograr una cualificación en la conciencia y de esta manera desempeñar la acción política, a nivel de muchas más personas, lo que se evidencia en las críticas que hacen los catatumberos movilizados al modelo actual de organización económica y social, de esencia violenta en la región y sumamente explotador en todos los aspectos. A lo cual no sólo se oponen, sino que se articulan y construyen movimientos con propuestas para transformar el orden existente. El primer paso es erradicar la violencia armada de la acción política. Y para ello, el gran reto de luchar por la implementación de los acuerdos, dado que brindan las condiciones para poder avanzar en esta vía.

Todo esto fundamentado en que una tarea central es mantener la zona de reserva campesina como una forma de tenencia de la tierra y reconocimiento y organización social, en respuesta a los intentos de despojo y del no reconocimiento de los campesinos como sujetos. Además de ser una alternativa al desarrollo, consolidándose como opción para lograr la soberanía alimentaria y a partir de esta, la soberanía política de Colombia.

La Guardia es una de las respuestas de los campesinos a la violencia en diferentes manifestaciones, se constituye como movimiento contrahegemónico, el cual pretende cambiar el orden social, político y económico existente mediante la movilización del pueblo elevado moral y políticamente, para constituirse como un sujeto protagonista en la política en sus diferentes ámbitos, con el fin de lograr la emancipación del ser humano en todos sus aspectos, dándole un carácter propio, local y realizable a las causas.

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