La figura ejemplar del Che resiste el paso del tiempo

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Ernesto Guevara de la Serna, Che.

Carlos A. Lozano Guillén
@carloslozanogui 

En octubre de 2002, cuando apenas comenzaba el gobierno militarista y guerrerista de Álvaro Uribe Vélez con la engañosa consigna de la “seguridad democrática”, conocí al famoso periodista norteamericano Jon Lee Anderson. Desayunamos en un hotel del norte de Bogotá. Él quería entrevistar al comandante ‘Manuel Marulanda Vélez”, uno de sus propósitos fundamentales desde el punto de vista histórico y periodístico. Difícil, pues eran los tiempos del “Plan Patriota” contra las FARC-EP y del pedante anuncio de los voceros uribistas de que en noventa días la guerrilla histórica más antigua del planeta sería aplastada y destruida. A pesar de los intentos, la entrevista no se pudo realizar por el asedio de los operativos militares sobre el comandante guerrillero, para el periodista, una “leyenda de la historia colombiana y latinoamericana”. Anderson tuvo que aplazar su proyecto que lo mantuvo ansioso durante muchos meses.

Conversamos largo tiempo sobre muchos temas, en particular la casi ninguna posibilidad de diálogos de paz, rechazados por el presidente Uribe Vélez, embriagado de guerra y de delirio de victoria por el irrestricto apoyo del gobierno terrorista de Bush de los Estados Unidos. Estaba en su apogeo la línea “antiterrorista” e intervencionista después del 11 de septiembre de 2011, cuando el ataque a las torres gemelas en el corazón de Nueva York estremecieron al planeta.

Un libro decente

Hablamos de su libro “Che”, apasionante biografía del comandante guerrillero Ernesto Che Guevara, sin duda, el más sobresaliente combatiente histórico revolucionario que movilizó  con su ejemplo de firmeza y de coraje a multitudes en todo el planeta. Eso lo reconoce el periodista, que no es de izquierda, tampoco podría decir que es de derecha, es una persona decente y hace un buen tratamiento del personaje en su texto de 777 páginas. Anderson se fue a vivir a La Habana durante largo tiempo a fin de estar cerca de las fuentes, pero viajó a Bolivia  y a otros países sudamericanos cuantas veces fue necesario, para reconstruir la ruta seguida por el Che Guevara después de salir de Cuba. Terminó escribiendo una biografía aceptable, no exenta de subjetividad como es apenas obvio en este tipo de trabajos intelectuales.

En esta hace un reconocimiento a la figura emblemática del revolucionario que evocó al hombre nuevo, al militante comprometido a fondo con la causa revolucionaria. Para Anderson, el Che fue asesinado y quienes lo hicieron “esperaban que la desaparición pusiera fin al mito del Che Guevara”. Y escribió lo siguiente:

“Sucedió lo contrario: el mito del Che se difundió y extendió sin que nadie pudiera controlarlo. Millones lloraron su muerte. Poetas y filósofos escribieron elegías exaltadas, músicos le dedicaron obras, pintores lo retrataron en diversas poses heroicas. Guerrilleros marxistas de Asia, África y América Latina ávidos de ‘revolucionar’ sus sociedades alzaban su bandera en el combate. Y cuando la juventud de Estados Unidos y Europa occidental se sublevó contra el orden establecido con su guerra de Vietnam, sus prejuicios raciales y su ortodoxia social, la mirada desafiante del Che se convirtió en el ícono definitivo de su revuelta entusiasta, aunque en gran medida vana. Si el cuerpo del Che Guevara había desaparecido, su espíritu estaba vivo, estaba en ninguna parte y en todas”.

El Che Guevara hizo importantes aportes a la teoría revolucionaria (“sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”, decía Lenin), en la batalla de ideas, en el buen concepto gramsciano, para educar a los comunistas y a las masas populares. Uno fundamental fue el del “hombre nuevo”. Hoy se dirá en el lenguaje incluyente: el hombre nuevo y la mujer nueva. Concepto que no es original del Che, porque quien lo planteó en su tiempo, en los albores de la Gran Revolución de Octubre, fue Lenin. Este concebía al “hombre nuevo”, formado en la sociedad socialista, era el gran protagonista de la sociedad comunista. El Che le da otro alcance, porque este debe formarse en la militancia revolucionaria. No hay que esperar al comunismo.

El hombre nuevo

El “hombre nuevo”, según el comandante Ernesto Che Guevara, se forma en la lucha revolucionaria, con una ética puesta a toda prueba y un espíritu militante ejemplar. Es el que hace posible el socialismo. El hombre nuevo y la mujer nueva se forman en la “escuela de la vida revolucionaria” al calor de esa simbiosis dialéctica de la teoría y la práctica. Ambas de manera estrecha desencadenan los procesos revolucionarios, en los cuales es clave la acción militante de las masas. Sin ellas no triunfan los procesos sociales y mucho menos las revoluciones.

Es un concepto que recuerda también el profesor Atilio Borón en un maravilloso texto reciente, “El Che, medio siglo después”. El “hombre nuevo” está en función de la lucha revolucionaria a la cual dedica sus principales esfuerzos y tiempo. La lucha es contra la oligarquía y los dogmas revolucionarios, son dos desafíos de la revolución.

Para Atilio el pensamiento del Che se podría resumir en la siguiente frase suya: “El socialismo económico sin moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación”.

Un hombre desprendido

El Che nunca estuvo atado a nada material. Fue un hombre desprendido. Siendo uno de los principales dirigentes de la Revolución Cubana y de reconocido prestigio, tuvo una vida austera, modesta, sin lujos ni comodidades. No exigió nada especial para él o su familia. “Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse”. (Carta de despedida al comandante Fidel Castro).

Se consideró como un militante comunista cubano, leal a la revolución, pero con deberes internacionales. Nada que ver con un aventurero como dicen sus detractores, sino como un hombre de principios inalterables, no negociables, irrenunciables.

Se declaró hijo de la Revolución Cubana pero entendió que otros procesos de cambio reclamaban su presencia. Un ejemplo real de desprendimiento. Cuestionó siempre el acomodamiento y el burocratismo y actuó en consecuencia. Lo dejó todo para ir a Bolivia, después de recorrer otros países, buscando dónde era más útil su presencia. En el país andino las condiciones de la lucha armada eran difíciles. Una guerrilla pequeña. Un gobierno dictatorial, militarista y apoyado por el imperialismo, no solo con asesores sino con militares que dirigían la acción contrainsurgente. Pese a las adversidades quiso abrir un camino hacia la victoria. No lo logró, pero no fue derrotado. Su ejemplo perdura en las nuevas generaciones.

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