La encarnación de la nueva derecha institucional

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Shameel Thahir Silva
@ShameelThahir

En el 2017 se juntaron tres liderazgos políticos que habían recorrido caminos similares y que compartían hace varios años mas coincidencias que rivalidades con la intención de hacerse a la presidencia de la Republica de Colombia con un evento en el patio del mismísimo Congreso denominándole a su unión: Coalición Colombia. Esos liderazgos son los de Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Enrique Robledo.

Su efectiva pero superficial formula de venderse como los luchadores contra la corrupción y la anti-polarización es la que han venido fermentando desde ese momento – la formula Macron – el mismo que hoy está profundizando el neoliberalismo en Francia como ultimo bastión del estado de bienestar europeo que surgió como respuesta al fascismo y la movilización obrera[1].

La fórmula terminó de cocerse cuando Sergio Fajardo obligó a Claudia López (la mejor “presidenciable” entre esos dos hombres) a que declinara su aspiración presidencial y le entregara su Alianza Verde igual como lo hizo con Jorge Enrique Robledo y su Polo Democrático para que Fajardo fuera presidente[2]. La moneda de cambio fue la Vicepresidencia de la Republica en primera instancia y si eso no cuajaba la Alcaldía de Bogotá para que ella se presentara como presidenciable – pero en el 2026 – después que Sergio ocupara la jefatura del estado en los cuatro años anteriores gracias al camino pavimentado por ella ¿Y Robledo? bien gracias[3].

El supuesto institucionalista detrás de esta clase de propuestas políticas que hoy se configuran en camino de construcción de hegemonía social a largo plazo es que la sociedad colombiana tiene imperfecciones corregibles. Que las instituciones que regulan nuestra vida social son las mejores posibles precisamente por el recorrido histórico que llevamos y porque “no es responsable” plantearse otros horizontes posibles a los que las mismas instituciones demarcan. Sin preguntarse necesariamente por como intervienen y quienes son las que las encabezan y las operan o cuales son los intereses que los motivan[4]. Es por eso por lo que no se preguntan sobre cambios estructurales y no son igual a las ideas y propuestas de izquierda o progresistas[5].

Esa formula casi le permite a Sergio Fajardo y Claudia López competir en segunda vuelta contra Iván Duque y Marta Lucia Ramírez[6]. En ese universo paralelo las discusiones no son sobre el horizonte de país posible y las reformas necesarias para que cada vez mas gente viva mejor en un país tan rico como el nuestro sino por el contrario sobre “quien es mas honesto”, “mas inteligente”, “mas lindo”, “quien llora o no”; porque todo lo demás – lo realmente importante cuando lo que importan son los derechos humanos – seguramente no es relevante en la discusión pública. Es por eso también que Iván Duque no acepto debates con Gustavo Petro en esa segunda vuelta.

Claudia López gano la alcaldía de Bogotá en el 2019 y en sus 6 meses de gobierno hasta el momento ha demostrado que una cosa es el discurso de campaña de cambios cosméticos y de renovación de la gestión pública y otra la represión que han sufrido los habitantes de Ciudad Bolívar o los condicionamientos de las ayudas en medio de la emergencia sanitaria a que las personas “se porten bien y no protesten” como si la ciudadanía no tuviera mayoría de edad y no fuera sujeta de derechos por el hecho de ser colombiana.

El argumento recurrente ha sido siempre la consigna vacía de la defensa de las instituciones. La única diferencia entre esa consigna y el discurso del uribismo en los últimos 20 años es el enfoque en la seguridad, el militarismo y la policía, bajo la doctrina del enemigo interno; esta defensa de las instituciones que se hace bajo esa idea institucionalista del papel regulador de las mismas sobre nuestra sociedad presuponiendo siempre lo peor de las comunidades objeto de las políticas públicas es de una desconfianza cargada de clasismo asquerosa; caracteriza propia de nuestra cultura política elitista y excluyente.

No hay que olvidar que Humberto de la Calle le propuso a Fajardo después de ganar la consulta del Partido Liberal en noviembre del 2017 que compitieran en la consulta del 11 de marzo del 2018 por la candidatura única de los sectores pro-vida y pro-paz. Fajardo dijo que no. Gustavo Petro le propuso lo mismo – en el momento en que Fajardo punteaba en las encuestas y era posible que él ganara la consulta – pero Fajardo dijo que no. La propuesta era un acuerdo programático – Petro estaba dispuesto a ceder en parte de sus propuestas de cambio estructural con tal de unificar a todos los sectores que no querían que Álvaro Uribe o Vargas Lleras se hicieran con el gobierno nacional. A Fajardo no le importo.

Es por lo menos curioso que el recurso caudillista que cada vez se hace mas notable en el autodenominado centro político en Colombia fuera la principal critica que ese mismo sector le hacia a la Colombia Humana durante la campaña presidencial. De alguna manera u otra los institucionalistas están atrapados en su propio argumento al desconocer el papel que juegan los individuos y los liderazgos políticos en la dinamización de la vida social.

¿La razón? Nada que ver con el miedo que supuestamente despierta Petro y que las encuestas, las plazas y los votos desmentían, o el hecho de que Humberto fuera el candidato del Partido Liberal – los mismos con las mismas – Fajardo no es un líder popular como Petro o un tipo del establecimiento inteligente con experiencia como de la Calle, Fajardo no tenia confianza sobre su verdadero capital electoral. Tuvo que ir en los hombros de quienes si se habían medido en las urnas en los últimos años para conseguir los resultados que finalmente obtuvo. Su última elección fue a la gobernación de Antioquia en donde competía contra el uribismo a diferencia de Petro que saco en marzo de ese año casi 3 millones de votos y 8 millones después o de la Calle que en teoría tenía el apoyo de la maquinaria liberal.

El institucionalismo contemporáneo tiene un problema fundamental y es que supone que las instituciones que han conformado las sociedades son “las que deberían ser” precisamente porque nadie podría discutir con el curso de la historia. Aunque teóricamente hablando el institucionalismo se separa de las teorías neoclásicas que explican la economía como la historia de un mercado que no ha cambiado en los últimos cuatro mil años, lo cierto es que quienes se pegan de las instituciones para no arriesgarse en la política están siendo profundamente conservadores y tal cual como ocurre con Sergio Fajardo y los liderazgos que lo rodean – incluyendo a Claudia López, Jorge Enrique Robledo, y todos sus alfiles en el Congreso de la Republica y las demás instituciones en todos los niveles territoriales – están convirtiéndose en el dique que impide que las reivindicaciones de los sectores populares y la energía y poder de los movimientos sociales organizados en Colombia transformen a nuestra sociedad y revuelquen las instituciones que han usado para que nos gobiernen las lógicas del mercado[7].

Jugar a la anti-polarización en uno de los países más desiguales del mundo es una canallada que le hace el juego a las elites que nos han malgobernado representadas en personajes como Álvaro Uribe Vélez y German Vargas Lleras. Atacar a “los polarizadores” por señalar lo que salta a la vista: como los habitantes de la calle comiendo basura, el desangre del sistema de salud o el hecho de que una minoría de la juventud en el país entra a la universidad endeudando su futuro es lo mismo que negar la crisis social por omisión y hablar de banalidades como “Colombia es linda, Colombia es bella” solo por un cálculo electorero mezquino que no tiene la vocación de servicio que debería guiar a cualquier servidor público como principal aliciente.

El autodenominado centro es profundamente conservador y clasista porque esta explotando todo el tiempo la promesa ideológica del capitalismo de que cualquiera puede llegar al nivel de consumo ostentoso de nuestras elites, que lo único que toca hacer es arreglar las imperfecciones de las instituciones porque esa perorata de la lucha de clases es una ficción de personajes malévolos que solo buscan destruir; que la promesa del sistema de que si te portas bien y trabajas duro tendrás un Ferrari no es simplemente una promesa manipuladora; pues quienes aseguramos lo contrario solo estamos llenos de odio (Veblen, 1965).

Que el autodenominado centro diga que luchará contra la corrupción no es suficiente. Es afirmar lo mínimo y es que no van a robar ni a comprar voluntades. Cualquier persona con mínimos de orgullo necesita muchísimo más para sentirse en un país decente. Al entender que políticamente hablando se ubiquen en el centro del espectro como si fuera posible ser 50% de derecha y 50% de izquierda lo más probable es que precisamente por su enfoque institucionalista consideren a la corrupción un problema gerencial corregible ya que igualan la esfera publica con la privada. Por eso aman tanto a los autodenominados “técnicos” porque anulan la discusión política con sus saberes intencionalmente enredados para la ciudadanía de a pie[8]. Por eso Juanita Gobertous se declaro orgullosa de que Gustavo Petro la calificara como una tecnócrata, no entienden la verdadera discusión por su limitado horizonte conservador.

El autodenominado centro es la nueva derecha en Colombia. Es consciente de los crímenes del uribismo pero al tiempo cree que los problemas políticos de Colombia son de forma y no de fondo. Creen que es suficiente con repetir que “con educación todo se puede” pero no tienen ni idea de cuáles son las motivaciones para que FECODE haga un paro de profesores por ejemplo, creen que es suficiente con agitar su título de doctorado para convencer que será “un presidente profesor” pero no cree necesario construir un sistema de educación gratuita, universal y de calidad en el país, sino que es suficiente con terminar con el programa Ser Pilo Paga y “dedicar cada peso que le quiten a la corrupción a la educación”. En otras palabras, el autodenominado centro no es capaz de salirse de la matriz neoclásica, pero si tienen un fuerte sesgo institucionalista el cual de paso les permite no comprometerse realmente con los de abajo en la contienda política porque al final siempre estará la excusa de la defensa de las instituciones para que todo cambie para que todo siga igual.

Esa nueva derecha que se queda callada frente a sus responsabilidades en Hidrohituango por ejemplo; o desprecia desde su clasismo la Colombia indígena, negra y mestiza víctima de la violencia es la que se esta configurando en Colombia apuntalada por esa “Coalicion Colombia” [9].

Esa nueva derecha no tiene la capacidad de aceptar sus motivaciones ideológicas, y sincerarse con sus “votantes cautivos” pero no le da asco capitalizar el conservatismo enraizado en el sentido común de la sociedad colombiana. Esa gente que la han convencido de que lo que tienen que detestar es la polarización y que esta mamada de las peleas y el ego de Petro ignorando el de Uribe, Fajardo o Vargas Lleras.

Esa gente que le parece excelente la propuesta de superar la economía del petróleo y el carbón siempre y cuando lo digan Fajardo o de la Calle pero no cuando lo señaló Petro en el momento que “no daba votos”, esa gente que cree que Petro no es buen gerente pero que votó por Peñalosa y que en su momento apoyo su revocatoria o que hoy consideran que la única propuesta de metro posible para Bogotá es la que la alcaldía de Peñalosa firmo antes de dejar su cargo.

Es claro que lo que se perfila en los próximos años es un nuevo frente nacional en donde el centro articule la nueva hegemonía política que el uribismo está perdiendo de manera acelerada. Ese nuevo polo será la manera gatopardista como las elites en nuestro país podrán seguir manteniendo sus privilegios. Es por eso que hoy en día a pesar de la crisis social que se cocina gracias a la incompetencia, ineficacia y falta de voluntad política de las elites y su soporte centrista para no jugársela por los sectores populares e históricamente excluidos de la repartición de nuestras riquezas en Colombia por la pandemia del coronavirus; están desde ya inflando la imagen de un Sergio Fajardo que les servirá de muro de contención para reconfigurarse y que los próximos 20 años cumplan el papel que jugo Álvaro Uribe Vélez y su gente para el soporte de sus privilegios en las dos primeras décadas del siglo XXI.

Yo personalmente espero que logremos transformar toda esa rabia y frustración que genera tanta desidia y canallada coronavirica en nuevas formas de potenciar toda la fuerza popular que se expreso y encauzo en la campaña presidencial de la Colombia Humana en el 2018. Es una disputa abierta por la Colombia de las próximas décadas que todavía no esta resuelta.

BIBLIOGRAFIA

  • BIZBERG, ILAN. “Tipos de capitalismo en América Latina”. En Bizberg, Ilán Variedades de capitalismo en América Latina: los casos de México, Brasil, Argentina y Chile.  México. El Colegio de México. 2015
  • NORTH, DOUGLASS. Instituciones, cambio institucional y comportamiento económico.  FCE, México, 1993
  • Thorstein. La teoría de la clase ociosa. México FCE.1965
  • WILLIAMSON, Oliver. Las instituciones económicas del capitalismo. México 1989.
  • Trigo Soto, Luis Gonzalo. Una revisión de los aportes del institucionalismo histórico a la ciencia política. Revista Colombiana de Ciencias Sociales, 7(1), 224-241. 2016
  • RODRIGUEZ, OSCAR. “Economía institucional, corriente principal y heterodoxia”. En Revista economía institucional No 4 Año 2001
  • EL TIEMPO. (1 de Diciembre de 2017). ‘Tenemos plazo hasta el 11 de diciembre’ para salvar coalición: López. EL TIEMPO. Obtenido de https://www.eltiempo.com/politica/partidos-politicos/claudia-lopez-dice-que-se-acabo-coalicion-con-sergio-fajardo-157334
  • ELECCIONES 2018. (27 de Mayo de 2018). Aunque no le alcanzaron, votos de Sergio Fajardo serán claves en segunda vuelta. SEMANA. Obtenido de https://www.semana.com/elecciones-presidenciales-2018/noticias/aunque-no-le-alcanzaron-votos-de-sergio-fajardo-seran-claves-en-segunda-vuelta-568759
  • Política. (26 de Julio de 2019). El guiño de Claudia López a Sergio Fajardo que molestó al petrismo. EL TIEMPO. Obtenido de https://www.eltiempo.com/politica/partidos-politicos/petro-se-molesto-porque-claudia-lopez-dice-que-fajardo-sera-presidente-393438

[1] “Mientras algunos regímenes son liberales y están basados en el mercado (Estados Unidos) otros están mas coordinados por los actores sociales (Alemania, Europa del Norte)(Hall y Soskice, 2001); en algunos el Estado juega un papel esencial (Francia), e incluso hay otros en los que los conglomerados de banca e industria desempeñan el papel principal (Japón y Corea) (Amable,2005;Boyer,2005). La bibliografía que discute la situación latinoamericana desde esta perspectiva considera que el elemento principal que define el tipo de capitalismo en el continente es el hecho de que las sociedades sean heterogéneas y jerárquicas (Shneider y Soskice, 2009).” (Bizberg, 2015)

[2] “En entrevista con La W Radio, Fajardo dijo que la última vez que se reunieron fue el pasado miércoles. Explicó que su posición es que deben elegir un candidato lo más pronto posible, pero que «Robledo y ella (Claudia López) han insistido en la consulta en marzo». Para Fajardo, es necesario tener un nombre para empezar a recorrer el país, afirmó en la entrevista radial. Además, indicó que dado el momento que está atravesando el país, las coaliciones son fundamentales y por eso están trabajando entre los tres “con las discusiones normales y naturales en un contexto político por los caminos diferentes que cada uno” tiene.” (EL TIEMPO, 2017)

[3] Claudia Lopez lo confirmo en la inscripción de su candidatura a la Alcaldía de Bogota:“Me acompaña no solo un gran amigo de la vida, sino un exalcalde de Medellín, gobernador de Antioquia, futuro presidente de Colombia, sin duda” (Política, 2019)

[4] En su revisión de los aportes del institucionalismo histórico Trigo Soto da herramientas desde la Ciencia Politica para reforzar los argumentos en contra de esa perspectiva sobre las instituciones que intervienen en nuestras sociedades: “Con respecto al enfoque del institucionalismo histórico, se puede aceptar que existe por lo menos una serie de consensos frente a algunas características de este enfoque, entre ellos: que el estudio de los hechos sociales y políticos no pasan por concebirlos como fenómenos, sino como procesos acumulativos que desencadenan otros, por tanto la temporalidad y sincronización de dichos procesos en la historia dan sentido a los ajustes institucionales y, en consecuencia, a las instituciones como los actores principales. Sin embargo, las principales críticas a la cualidad de “enfoque distintivo” del institucionalismo histórico pasa por su carencia de definiciones propias para el vínculo entre instituciones y comportamiento, pues, críticos aluden que al momento de exigirles a los institucionalistas históricos de establecer elemento de análisis para el vínculo entre instituciones y comportamiento, finalmente aluden a elementos correspondientes a los otros dos enfoques: rational choice e institucionalismo sociológico.” (Trigo Soto, 2016)

[5]En la obra de North y Thomas (1973) afirmamos que las instituciones eran determinantes del desempeño económico y que los cambios en los precios relativos eran la fuente del cambio institucional. Pero teníamos una explicación esencialmente eficiente: los cambios en los precios relativos crean incentivos para construir instituciones más eficientes(North, 1993, pp.18)

[6] Al final, menos de 300 mil votos separaron al ex alcalde de Medellín y ex gobernador de Antioquia del candidato de la Colombia Humana, Gustavo Petro, que terminó quedándose con el segundo lugar en la jornada electoral de este 27 de mayo.” (ELECCIONES 2018, 2018)

[7] Es precisamente por eso que los institucionalistas reconocen que los neoclásicos tienen muchos huecos en la explicación de las sociedades periféricas como la nuestra: “Sin la menor duda, la teoría neoclásica ha sido una aportación importante al conocimiento y opera muy bien en el análisis de mercados de los países desarrollados. En el otro extremo de la escala, sin embargo, no proporciona muchos elementos para conocer organizaciones tales como el señorío feudal, las ferias de Champagne o el suq (el bazar que caracteriza gran parte del Medio Oriente y del norte de África) No solo no define muy bien el proceso de intercambio de estas organizaciones, sino que tampoco explica la persistencia durante milenios de lo que sin duda son formas ineficientes de intercambio” (North, 1993, pp.23)

[8] “Los «hombres contractuales» negocian sobre la base del oportunismo, esto es sobre: «la búsqueda del interés propio con dolo. Esto incluye algunas de las formas más fragrantes tales como la mentira, el robo y el engaño, pero no se limita a ellas. Más a menudo, el oportunismo comprende algunas formas sutiles de engaño. Se incluye aquí tanto las formas activas como las pasivas, y tanto los tipos ex ante como los tipos ex post. El oportunismo ex ante y el ex post se reconocen en la literatura de los seguros bajo los rubros de la selección adversa y el azar moral … El oportunismo se refiere a la revelación incompleta o distorsionada de la información, especialmente a los esfuerzos premeditados para equivocar, distorsionar, ocultar, ofuscar o confundir de otro modo» (Williamson, 1989: 57).

[9] El estudio del profesor Oscar Salazar permite entender cual es el lugar que ocupan los proyectos empresariales de estos institucionalistas conservadores dentro de la realidad social: “La investigación de las empresas de propiedad del Estado podría estar circunscrita ya sea al análisis construido con base en el paradigma elaborado por la corriente estándar en su versión neoinstitucional o en corrientes heterodoxas; pero es necesario introducir consideraciones sobre el poder público, puesto que estas organizaciones no deben ser exógenas al modelo; en palabras de Ughetto, se trata de “introducir la historia en el análisis económico, de endogenizar en el esquema teórico ese “resto” que los economistas neoclásicos consideran dado” (Rodriguez, 2001: 65)

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