La desigualdad según el BID

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Además del análisis del BID, la ONU dice que el coronavirus profundizará la desigualdad en América Latina

El objetivo de reducir la desigualdad del ingreso ha resultado esquivo en muchos países

Alberto Maldonado Copello

Publica este año el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) un estudio titulado “La crisis de la desigualdad, América Latina y el Caribe en la encrucijada”1. El estudio aborda la desigualdad por ingresos, así como la desigualdad regional y urbana, las brechas de género, raza y etnicidad, la desigualdad en salud y educación, los mercados laborales, la delincuencia y la justicia, el cambio climático y desastres naturales, la inclusión financiera y las políticas fiscales. Aunque parece muy completo, este estudio no aborda la desigualdad en cuanto a la riqueza ni mucho menos la desigualdad en la distribución de los lugares que ocupan las personas en el aparato productivo. Además, no profundiza en las causas del fenómeno.

Con respecto a la desigualdad de ingresos señala el informe que “el objetivo de reducir la desigualdad del ingreso ha resultado esquivo en muchos países” y “la desigualdad sigue siendo sumamente alta a día de hoy”. Agrega dicho informe que, en el país promedio de América Latina y el Caribe, el 10 por ciento más rico de la población gana 22 veces más que el 10 por ciento más pobre mientras que el coeficiente de GINI promedio es 0,46”. Sin embargo, el informe admite que las estadísticas basadas en encuestas de hogares tienden a subestimar la desigualdad del ingreso, dado que en dichas encuestas no se incluyen o están poco representadas las personas con más altos ingresos. Por esto, las cifras usuales sobre desigualdad del ingreso con base en las encuestas de hogares se complementan con la información de las declaraciones de renta.

Cómo se divide la torta

De acuerdo con estas estadísticas tributarias, en promedio en América Latina y el Caribe el 1 por ciento más rico percibe el 21 por ciento del ingreso mientras que el 10 por ciento con más ingresos gana más de la mitad del ingreso nacional antes de impuestos. En otras palabras, la mitad de la torta de los ingresos se la apropia el 10 por ciento de la población. Las cifras de América Latina sobre concentración de ingresos declarados para efectos tributarios son muy superiores al promedio de la OCDE y al de otros países de nivel de desarrollo similar en el mundo.

Tierra de desigualdades

“La desigualdad del ingreso en América Latina y el Caribe es muy alta en comparación con la del resto del mundo. El Capítulo 2 muestra una panorámica de sus niveles actuales. El 10% más rico de la población gana 22 veces más que el 10% más pobre, por lo cual el ratio de Kuznets de la región, que mide la distancia entre ricos y pobres, es más del doble del promedio del ratio de los países desarrollados. El coeficiente de Gini promedio en la región es de 0,46, mientras que en los países desarrollados es de 0,32. Estas estadísticas, basadas en datos de encuestas a los hogares que normalmente no reflejan la parte más alta de la distribución del ingreso, ocultan otro hecho importante. En la región, en promedio, el 1% más rico de la población posee el 21% del ingreso de toda la economía, mientras que el 10% más rico recibe más de la mitad del ingreso nacional antes de impuestos. En el caso de los países desarrollados, el 1% más rico tiene en promedio el 10% del total del ingreso nacional antes de impuestos y el 10% más rico tiene aproximadamente una tercera parte.”

 

El destacado equipo de investigadores del BID no hace las preguntas de fondo y prefiere quedarse en aproximaciones superficiales. Ya vimos que no se pregunta por las desigualdades fundamentales de los seres humanos en cuanto que sector de la población es dueño de los medios de producción y de la riqueza. Pero tampoco indagan por qué existe la desigualdad y se limitan a preguntarse “¿Por qué es tan alta la desigualdad?” Las respuestas son desconcertantes. Aunque señalan que no hay una única respuesta, plantean que hay algunos patrones regionales y afirman que:

“Los niños nacidos en familias con un nivel socioeconómico bajo generalmente carecen de oportunidades. Cuando son adultos, estos niños tienen acceso al mercado laboral con brechas de habilidades considerables que a su vez se traducen en importantes diferencias de ingresos a lo largo de la vida. Los gobiernos hacen poca cosa para invertir estas tendencias. Allí donde los programas sociales sí existen, el gasto suele ser bajo y los programas a menudo tienen problemas de focalización considerables. La recaudación de impuestos sufre de un fuerte sesgo hacia los impuestos indirectos (por ejemplo, los impuestos al valor agregado), que son más regresivos que los impuestos sobre los ingresos o los beneficios.

Comienzan temprano en la vida

“En este sentido, América Latina ha adoptado escasas medidas a favor de la redistribución. Además, la calidad de los servicios públicos (como la educación, la seguridad, la salud y el transporte público) es baja…” Y continúan: “Las desigualdades comienzan temprano en la vida, incluso antes del nacimiento. Se exacerban durante la infancia y la adolescencia y, como consecuencia, los niños de diferentes contextos tienen oportunidades desiguales para crecer y desarrollarse. La falta de oportunidades para los niños de hogares con ingresos bajos y medios durante estos años cruciales se traduce en brechas del ingreso cuando esos niños se convierten en adultos y en una elevada persistencia de la desigualdad del ingreso entre generaciones”.

Se cita textualmente para que no quede duda alguna sobre la superficialidad del análisis del BID. El asunto se reduce a señalar que los niños que nacen en familias con un nivel socioeconómico bajo carecen de oportunidades y el Estado no corrige la situación. Pero, ¿por qué hay familias con un nivel socioeconómico bajo? ¿Por qué las desigualdades comienzan temprano en la vida? ¿Por qué unos niños nacen en el hogar de un rico capitalista y otros en un barrio de invasión en los extramuros de Bogotá?

Los investigadores no se preguntan esto porque les parece apenas natural que existan ricos y pobres, capitalistas y trabajadores asalariados, o por cuenta propia. Esta desigualdad no es objeto de cuestionamiento ni de investigación para los muy capacitados investigadores del BID. La desigualdad fundamental se encuentra en la división de las personas en clases sociales, ocupando posiciones antagónicas en el proceso de producción respecto a la propiedad sobre los medios de producción, cuya expropiación a la cual ha sido sometida la mayoría de la población, explica sus niveles de pobreza monetaria.

Vecindarios diferentes

La superficialidad del análisis es tan evidente que llegan a afirmaciones que parecen tontas o banales. Por ejemplo, el presidente saliente del BID, el colombiano Luis Alberto Moreno, dice en la presentación del libro lo siguiente: “Las desigualdades comienzan temprano en la vida y se hacen más grandes durante la infancia y la adolescencia, dando a los niños de distintos orígenes oportunidades diferentes para crecer y desarrollarse. Los pobres y las clases medias bajas viven en vecindarios diferentes, asisten a escuelas diferentes y visitan clínicas diferentes.”

Pero el doctor Moreno y los investigadores del BID no son ingenuos. Seguramente la mayoría de ellos ha tenido la fortuna de nacer en barrios y familias de estratos socioeconómicos medios y altos y han podido acumular un gran capital humano; probablemente la mayoría de los autores tienen doctorados en las mejores universidades de Estados Unidos. Ellos hacen su trabajo profesionalmente el cual consiste en no hacerse preguntas de fondo, en plantear como natural lo que es producto del desarrollo histórico. Su labor es encubrir la situación y defender un modo de producción lesivo para la gran mayoría de trabajadores. Son cómplices conscientes del delito de explotación a los asalariados.

1 https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/La-crisis-de-la-desigualdad-America-Latina-y-el-Caribe-en-la-encrucijada.pdf

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