La democracia del after day

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Pietro Lora Alarcón

Escucho que el mundo no será igual y que atravesamos la hora más difícil, que preanuncia un soleado amanecer. El after day es el punto uno de las reflexiones. Un clima internacional persuasivo induce a inéditas opciones económicas y políticas. Al lado, la aceleración inevitable de contradicciones. Y en este demarcador de época quedan expuestos los proyectos divergentes de sociedad. Indignante la voz de quien reconoce la crisis, pero camufla simultáneamente la tragedia del sistema de salud destruido por el neoliberalismo más salvaje que le retiró recursos y estableció el dominio de las aseguradoras. Aun así, descaradamente, promete el paraíso del nuevo tiempo.

La perorata quiere sustentarse identificando una fase de destrucción creativa del capitalismo. Lectores trasnochados de Shumpeter plantean que destrucción y creación andan de la mano. Ejemplifican: entre el final de la secesión y la Primera Guerra en Estados Unidos los trenes remplazaron los caballos y el acero al hierro. Nada dicen del desempleo de la época.

Esos y otros discursos están de moda. Aunque, sin duda, la realidad admite otras interpretaciones, especialmente si queremos hablar de after day. Siendo justos habría que decir: 1º) que la pandemia desnudó la incompetencia del capitalismo como organizador de la realidad ante la exigencia de vida y salud. No es posible aceptar como “natural” los cálculos de la pérdida de vidas humanas porque, simplemente, eso no es contemporáneamente civilizado; 2º) que los grandes desafíos sociales requieren de un Estado en favor de las personas y eso solo es posible con un gobierno de vocación popular. No bastan líderes, mucho menos moralmente diminutos como un Duque, un Bolsonaro o un Trump; 3º) que la solidaridad es atributo de los pueblos y no de las fuerzas hegemónicas de poder. España e Italia soportaron solas la pandemia durante 45 días. El descaso del resto de la UE contrasta con el ejemplar esfuerzo de Cuba y otros países para ofrecer ayuda. 4º) que las clases dominantes carecen de una concepción real de democracia. Son oportunistas, aprovechan el “estado de excepción” para robustecer el autoritarismo, intentando arrinconar al legislativo y al poder judicial; implementar una legalidad marginal que proyecta nuevas formas de acumulación y que retira garantías laborales; imprimir la violencia para contener los brotes de protesta por el hambre y la desesperanza. 5º) que las pretensiones geopolíticas afloran con hostilidad, incrementando bloqueos y amenazando con la guerra. Una letalidad imperial en medio de la angustia y la tristeza.

Para la izquierda, parafraseando a Koselleck, toda época es un espacio de experiencias y un horizonte de expectativas. El nuevo tiempo será democrático si de él participan hombres y mujeres día a día organizando y decidiendo sobre lo fundamental. El after day exige un examen riguroso de la realidad y de un grado de unidad de los partidos y movimientos que sinteticen en amplia plataforma ciudadana una propuesta política contra el autoritarismo; pasa por la acción coordinada de las fuerzas sociales, parcialmente suspendida por la propia época que transitamos, pero que cuenta con un acumulado muy reciente de luchas. En particular, en Colombia, pasa por la defensa de los fundamentos de los acuerdos de paz, la denuncia enfática de la nueva etapa de violencia y asesinatos y de la instrumentalización del país con fines de guerra. En resumen: pasa por conquistar democracia.

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