La crítica seria y la crítica deshonesta de El Capital

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Estatua de Karl Marx.

En su columna de El Espectador, del domingo 12 de mayo de 2019, intitulada “El fantasma ha cambiado de sábana”, Mauricio Botero Caicedo, después de citar la primera frase del Manifiesto, compara el marxismo con una religión arcaica, sin sustentar sus afirmaciones en alguna de las obras de Marx

Alberto Maldonado Copello

En su columna del domingo 12 de mayo titulada “El fantasma ha cambiado de sábana”, Mauricio Botero Caicedo después de citar la primera frase del Manifiesto del Partido Comunista, afirma lo siguiente: “Pero hoy, con distinta sábana, el fantasma que recorre el mundo no es el del marxismo (una religión pseudocientífica, tan arcaica como obsoleta), sino la llamada economía colaborativa que, según estimaciones, moverá miles de millones de dólares antes del año 2015”.

No es posible exigir un tratado científico en una columna de pocas palabras, pero un columnista serio que aparentemente sabe de ciencia, dado que tiene criterios suficientes para juzgar la teoría de Marx como pseudocientífica, como mínimo debería sustentar sus afirmaciones y remitir al lector a sus fuentes. En primer lugar, no precisa si al hablar del marxismo, se refiere a Marx y específicamente a una obra en concreto, por ejemplo El Capital, o si se refiere a otros autores marxistas. El hablar de marxismo en general le facilita la tarea de no tener que refutar teorías concretas. En segundo lugar, si se refiere a El Capital, no presenta ninguna evidencia o argumento para demostrar que es una religión pseudo científica ni tampoco sobre su carácter arcaico y obsoleto.

Conceptos de Marx no marxistas

Sobre Marx y su teoría económica afirma Joseph Schumpeter, un autor a quien Botero no podrá calificar de castrochavista o miembro de la religión marxista: “Como teórico de la economía Marx fue ante todo un hombre muy instruido (…) en la teoría económica de Marx no hay nada que pueda ser explicado por falta de conocimientos o de formación en la técnica del análisis teórico”. Era un lector voraz y un trabajador infatigable. A su atención escaparon muy pocas contribuciones de importancia. “Para su poderosa inteligencia el interés por el problema en cuanto tal estaba por encima de todo, a pesar de sí mismo, y por mucho que haya podido exaltar la importancia de sus conclusiones finales, mientras estaba trabajando, se preocupaba primordialmente por afilar los instrumentos de análisis que le proporcionaban la ciencia de su época, por allanar las dificultades lógicas y por construir sobre la base así adquirida, una teoría que por su naturaleza y objetivo era verdaderamente científica, cualesquiera que hayan podido ser sus deficiencias.”1

Y efectivamente, Schumpeter hace un análisis crítico profundo de las deficiencias de la teoría económica de Marx y de los planteamientos que no considera científicos, pero reconoce el carácter científico de El Capital.

De otra parte, George Soros, por ejemplo, afirma: “Hace 150 años Marx y Engels nos ofrecieron un análisis muy certero del sistema capitalista, debo decir que mejor en algunos aspectos que la teoría del equilibrio de los economistas clásicos.” (Página 141, citado por Francis Wheen, La historia de El Capital de Karl Marx, Random House Mondadori, Debate, Marzo de 2007). Asimismo, cuenta Wheen la siguiente anécdota: “En octubre de 1997, el corresponsal de economía del New Yorker, John Cassidy, informó de una conversación mantenida con un banquero británico que trabajaba en Nueva York: “Cuánto más tiempo paso en Wall Street –dijo el banquero- más convencido estoy de que Marx tenía razón. Hay un premio Nobel a la espera de un economista que resucite la obra de Marx y la convierta en una teoría coherente. Estoy convencido de que los planteamientos de Marx son la mejor forma de analizar el capitalismo”. Este comentario suscitó la curiosidad de Cassidy, leyó a Marx por primera vez en su vida y llegó a la conclusión de que su amigo tenía razón.” (p. 143).

Y señala además que, “hasta los periodistas de la revista The Economist, John Micklethwait y Adrian Wooldridge, partidarios a ultranza del turbocapitalismo, reconocieron la deuda: “Como profeta del socialismo puede que Marx esté acabado – escribieron en A Future Perfect: The Challenge and Hidden Promise of Globalization (2000)- , pero como profeta de ‘la interdependencia universal de las naciones’, como llamó a la globalización puede parecer aún sorprendentemente relevante…la descripción que hizo de la globalización sigue siendo hoy tan aguda como lo fue hace ciento cincuenta años”. (p. 145).

La opinión seria y responsable

Son estas las opiniones de personas no propiamente admiradoras de Marx y de El Capital. Botero, por su parte, es representante de una corriente amplia que sustituye la crítica seria por epítetos sin fundamento alguno. Quizá incluso hace parte de aquellos que “liquidan” El Capital sin haberlo leído y mucho menos estudiado, como hizo Schumpeter.

Según el DRAE la opinión es el “juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien”, juicio la facultad por la que el ser humano puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso, y valoración es reconocer o apreciar el valor o mérito de alguien o algo. Todos tienen derecho a su opinión pero, ¿no convendría en estos casos decir expresamente “opino que el marxismo es una religión pseudocientífica, arcaica y obsoleta” en vez de una afirmación tan contundente? No debería un columnista de un periódico serio de circulación nacional tener que hacer el esfuerzo de sustentar sus opiniones en conocimientos y no solamente en gustos o preferencias.

Pero bueno, no se puede esperar mucha honestidad intelectual del señor Botero, quien da prioridad a sus intereses económicos y políticos sobre el análisis serio. Lo preocupante es que haya gente de izquierda y progresista que comparte estas ideas.

1 Schumpeter, Joseph A., Capitalismo, socialismo y democracia, Tomo I, página 47, Ediciones Orbis, 1983. 

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