La crisis en perspectiva: Precios del petróleo y recesión

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Hay un riesgo serio de que la región entre en una fase recesiva de su economía, que va a incidir en las tasas de inversión pública y privada y en los niveles de empleo.

Economia, Ilustracion Revista La Verdad
Ilustración Revista La Verdad

Carlos Fernández*

Los pronósticos de los organismos económicos internacionales y regionales sobre la economía latinoamericana para 2014 y 2015 coinciden en apuntar a un decrecimiento económico generalizado y están signados por la acelerada disminución de los precios de las materias primas, en particular el petróleo, ocurrida a partir del segundo semestre del año anterior.

El Banco Mundial (BM) prevé, para 2014, un crecimiento de 0,8% del Producto Interno Bruto (PIB) de la región latinoamericana y caribeña. Para 2015, este organismo proyecta un crecimiento de 1,7% en este indicador. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que el crecimiento del PIB de la región no alcanzará a ser sino de un 1,3%, con lo cual corrigió su pronóstico anterior, que estaba cifrado en un 2,2%.

La economía colombiana ha presentado un crecimiento superior al del conjunto de la región. Durante el tercer trimestre de 2014, el PIB colombiano creció 4,2% respecto al mismo período del año 2013. El PIB acumulado al finalizar septiembre de 2014 fue superior en 4,9% al obtenido durante los tres primeros trimestres de 2013. No obstante, el crecimiento del Producto durante el tercer trimestre de 2014 respecto al segundo trimestre de 2013 fue tan sólo de 0,6%.

Es de señalar que este crecimiento de la economía colombiana, que se destaca respecto al crecimiento de la región, descansa, principalmente, en el sector de la construcción (12,7%, si bien la construcción privada presentó en noviembre un descenso de 25%) y en los sectores que contribuyen a la circulación del valor generado (comercio, restaurantes y hoteles; servicios sociales, comunales y personales; establecimientos financieros y seguros, y transporte, almacenamiento y comunicaciones). Los sectores generadores de valor, como la industria y la extracción de materias primas presentaron decrecimientos importantes, en tanto que la agricultura muestra un comportamiento un tanto mejor que en períodos anteriores (3,4%).

Precios del petróleo y perspectivas económicas

El descenso vertiginoso de los precios del petróleo en el mercado internacional ha prendido las alarmas en todos los países de la región. En los productores de petróleo, por la mayor o menor dependencia de las finanzas públicas respecto de las exportaciones de este producto y por el descenso en la disponibilidad de divisas, y en los consumidores porque, aunadas al descenso de los precios petroleros, la eliminación de la flexibilidad financiera en Estados Unidos (comentada ya en estas páginas) y la política de apreciación del dólar provocan fenómenos devaluacionistas de las monedas nacionales que encarecen las importaciones de tales países.

Entre los productores de petróleo, se destacan en la región México, Colombia, Ecuador, Argentina, Brasil y Venezuela, es decir, las economías más importantes de la región. Chile, otra economía de enorme peso en el área, ha visto un descenso pronunciado en su principal producto de exportación, el cobre.

O sea que los pronósticos de los organismos internacionales mencionados atrás pueden estar pecando de optimistas, no obstante la disminución presentada en las proyecciones. Hay un riesgo serio de que la región entre en una fase recesiva de su economía, que va a incidir en las tasas de inversión pública y privada y en los niveles de empleo.

El gobierno colombiano ha señalado que el efecto negativo del descenso de los precios del petróleo sobre las finanzas públicas (que pone en riesgo la financiación de las inversiones en infraestructura y las que surjan de los posibles acuerdos de La Habana) será compensado con el crecimiento del sector de la construcción. Ya señalamos que, en el mes de noviembre, la construcción privada presentó un decrecimiento considerable mientras que la inversión pública demanda unos niveles tales de financiación que el fisco no podrá cubrir, lo que hará que se tenga que apelar al endeudamiento externo, que ya es bastante elevado.

¿Y Venezuela?

La revolución bolivariana afronta dificultades de diversa índole en materia de abastecimiento de productos esenciales de la canasta familiar, provocadas no sólo por la guerra económica que la burguesía tradicional le ha declarado al gobierno sino porque, habiendo utilizado la renta petrolera para saldar una parte importante de la deuda con los sectores populares, el descenso en los precios del petróleo va a significar que no se dispondrá de los recursos necesarios para mantener esta política, mucho menos en momentos en que el acceso al consumo de bienes generado por la elevación de los ingresos de los sectores populares genera expectativas de mayor consumo hacia el futuro.

El problema es más de fondo que el simple enfrentamiento con los acaparadores y especuladores que constituyen la vanguardia de la guerra económica. La economía venezolana, desde el comienzo de la explotación del petróleo, se ha estructurado alrededor de la renta petrolera, cuya distribución constituye un elemento político de primer orden. Durante los gobiernos de la burguesía, eran estos los que se beneficiaban del grueso de esta renta, sin preocuparse por generar un sector productivo nacional que disminuyera la dependencia de la economía venezolana de las importaciones, en particular de alimentos.

Durante los años de la revolución bolivariana, se acentuó el carácter extractivista de la economía, a fin de disponer de los recursos para pagar la deuda social. En la medida en que no se ha tocado la estructura rentística de la economía, la burguesía vieja y nueva apela a mecanismos de distribución de la renta petrolera que van, desde el establecimiento de un bolívar sobrevaluado, la disminución de los impuestos a la burguesía y la corrupción, antigua y actual, que, siendo antiética, constituye un mecanismo de apropiación de porciones importante de la renta que, en las actuales circunstancias, se convierte en la exportación de capitales en magnitudes considerables. Esto último implica carencia de divisas, devaluación y encarecimiento de las importaciones.

Venezuela está en un punto en el que se hace necesaria una reestructuración a fondo de su aparato productivo que lo haga más diversificado, si se quiere impedir que el descenso del precio del petróleo dé al traste con las posibilidades de política económica en favor de los sectores populares.

* Investigador del CEIS.