Comunicación y la batalla de ideas: Conferencia nacional

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De la mano de la globalización se desarrollaron también las pequeñas y nuevas tecnologías de la información, las cuales se fueron fusionando con los grandes medios de comunicación. Esta fusión, ha venido jugando un papel trascendental en el ejercicio homogeneizador e injerencista en la sociedad y el poder de dominación actual.

La fusión mediática ha sido un canal de conducción e imposiciones violentas, planes desestabilizadores dirigidos a procesos democráticos en el mundo, promovidos por las grandes potencias mundiales a fin de mantener un control social, político y económico. Un ejemplo de ello, ha sido el ataque frontal al proceso revolucionario venezolano, cuyo propósito es acabar los avances sociales y devolverle el poder, sustraído democráticamente, a las oligarquías de ese país al servicio de los Estados Unidos.

Es obvio que para ello, no ha sido necesario adoptar el ejercicio militar so pretexto de promover la “democracia” y las “libertades” de eso se han encargado los medios masivos privados y su control mediático, que guardan una unicidad en la información, por demás editorializada y filtrada. Colombia no se escapa de esta realidad.

En nuestro país, el grupo Andiarios representa a 53 periódicos los cuales funcionan como un ejército mediático al servicio del establecimiento, no tiene matices políticos, promociona por igual a la extrema derecha y a la derecha, de la mano con el mundo de las redes sociales, la radio y la TV. Esta herramienta ideológica es potencial y táctica, promueve proyectos políticos y económicos imperialistas, tiene como prioridad las nuevas generaciones para las cuales se les destina una inmensa inversión en propagandas y publicidad; “la política del consumo” y tras de ella nuevos lenguajes, valores y formas de relación social que se sustentan en la individuación, en el sálvese quien pueda, en el fin justifica los medios, en la segregación social etc.  Auténticos del capitalismo.

Para los revolucionarios, lo comunicacional es terreno puro de disputa del poder. Pero esto que parece obvio no lo es en el imaginario que subyace bajo la prédica de los medios como aparatos ideológicos o de la superestructura social. Es hora de pensar si la estructura puede comenzar a derruirse desde encima de la pirámide. Una batalla ideológica que demanda de toda la capacidad para revolucionar en un campo que para cualquier analista experto, es perdido. Pero no para los revolucionarios. Es preciso que ante este monstro, iniciemos un proceso más contundente, actualizado y moderno, que pase por una comunicación sencilla del mensaje a un auténtico escenario ideológico.

Es claro, que este mismo tiempo nos obliga a replantear el significado de la propaganda para los comunistas. Estos son tiempos en donde las luchas, no mutaron, sino que ampliaron los campos de acción. Debemos apostar a todas las formas de comunicación de masas, popular, alternativa, ciudadana, comunitaria, viral, virtual, etc.

Descubrir y crear nuevas geometrías de circulación del poder de los medios. Así como trabajamos en la cualificación política desde otras áreas internas, se hace necesaria la formación en comunicación. Por eso lo comunicacional de la organización no debe descansar sobre un organismo sino que debe ser orgánico, trasversal a la línea política. El reto es cómo aprender a comunicarnos con las bases, no para someterlas a nuestros modelos explicativos y fines políticos estratégicos sino para construir sentido de lucha de clases con ellas. No podemos hablar de democratizar la comunicación si nosotros aplicamos un modelo vertical y concentrado con ‘nuestros’ medios, además informando sobre presupuestos interpretativos de lo que creemos sienten, desean y viven los otros.

La conferencia de Arte, Cultura, Comunicaciones y Propaganda está destinada a entablar el debate, que de cara al Congreso 22 del Partido Comunista, es necesario dar sobre la comunicación del Partido, la propaganda de su programa de gobierno y la construcción de la revolución colombiana. El periodo de posacuerdo nos pone en el reto de ganar la batalla de ideas en el escenario de la política y la comunicación.

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