La carta del parlamento ruso. Iván Duque sí tiene quién le escriba

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Sesión deliberativa del senado ruso.

El senado ruso muestra un conocimiento detallado de los planes subversivos que se tejen contra la Venezuela bolivariana, y deja claro que no va a permitir que se atente contra un aliado suyo, contra un amigo que aprecia

Alberto Acevedo

El único país que reaccionó de manera desproporcionada, descomedida y virulenta a una carta del Consejo de la Federación Rusa (senado de la república), advirtiendo de los riesgos de una intervención militar en Venezuela, fue Colombia. Como lo aclararon después, tanto la embajada rusa en Bogotá, como un vocero de la Comisión de Relaciones Exteriores de la cámara alta en Moscú, el documento no hizo mención específica de Colombia en ningún momento. Pero el subconsciente de los líderes colombianos les jugó una mala pasada y procedieron a dar explicaciones no pedidas.

Tanto el presidente Duque, como la vicepresidenta Martha Lucía Ramírez y el canciller Carlos Holmes, armaron una tormenta en un vaso de agua, pero ante la contundencia de los argumentos de los rusos, la prensa colombiana de inmediato le bajó el perfil al asunto, y no se volvió a decir una palabra. Solamente algunos columnistas, el fin de semana siguiente se refirieron al hecho, sin mostrar su verdadera trascendencia.

El Consejo de la Federación de la Asamblea Federal de la Federación Rusa, hizo el pronunciamiento el 27 de febrero pasado, y la embajada de Rusia en Bogotá, cumplidos los rigores de la traducción oficial, la entregó al presidente de la Cámara de Representantes en Colombia el 29 de marzo. El documento afirma: “El uso ilegítimo de la fuerza militar contra Venezuela por parte de otros Estados que respaldan a la oposición, será interpretado por el Consejo de la Asamblea Federal de la Federación de Rusia solamente como un acto de agresión contra un Estado soberano y una amenaza a la paz y la seguridad internacionales”.

Con licencia para intervenir

Como se ve no hay en esta advertencia una alusión directa a Colombia. Pero como se dice en este país, ‘el que la debe la teme’. Y como el presidente Duque ha estado involucrado cada vez más en acciones intervencionistas contra Venezuela, tomó como propia la alusión y gritó: “hay una actitud intervencionista por parte de Rusia contra nuestro país”.

Iván Duque, sin haber leído la carta, se apresuró a decir que “Colombia no está en posición de agredir a ningún Estado, pero está en su deber de defender la Carta Democrática Interamericana, y denunciar los atropellos de la dictadura en Venezuela”. A la mejor manera de Trump, el mandatario se arroga el derecho -que nadie le ha conferido-, de calificar al gobierno legítimo de Venezuela como una dictadura, y de contera invocar la Carta Interamericana, un instrumento de intervención diseñado por la diplomacia norteamericana. Entonces, sí tiene razón el parlamento ruso al advertir de los peligros de una aventura intervencionista contra Venezuela.

Por su parte el canciller Carlos Holmes Trujillo dijo: “La situación en Venezuela constituye un asunto regional y hemisférico, que no debe ser empleado como instrumento de ninguna competencia geopolítica”. Doble apreciación mendaz. No solo porque el problema de Venezuela debe ser resuelto por los venezolanos, y no en un escenario exógeno, sino porque Estados Unidos convierte la crisis venezolana en asunto geoestratégico cercano a sus intereses, una competencia que parece vedada otra potencia. La geoestrategia norteamericana es buena y conveniente, al menos para los gobernantes lacayos, pero es nociva cuando se trata de otra potencia.

Las amenazas no vienen de Venezuela

La carta del parlamento ruso apuesta por el diálogo, como una vía para la solución pacífica de los conflictos, aspecto que deliberadamente ocultan el gobierno y la prensa colombianos. Por esta circunstancia, el canciller venezolano, Jorge Arreaza, dijo que las declaraciones de su colega Holmes Trujillo son “una broma de mal gusto”, y que las amenazas a la paz regional, lejos de partir de Venezuela, provienen del narcotráfico en Colombia y de la cooperación “con el país más guerrerista e intervencionista del mundo”, haciendo alusión a Estados Unidos.

El embajador ruso en Bogotá, Sergei N. Koshkin, mostró su extrañeza por el revuelvo armado por los medios y fuentes gubernamentales en torno a la nota de los legisladores de su país. “Este asunto fue creado de la nada”, dijo el diplomático, no hay “acusaciones” puntuales por ninguna parte. “Yo no sé por qué solo el gobierno colombiano objetó, tal vez tiene sus propias razones políticas. Por favor, no nos echen la culpa en este sentido, actuamos como debe ser”, puntualizó el diplomático.

El jefe del Comité Internacional del Senado ruso, Konstantín Kosachov, también se mostró sorprendido por la reacción de Colombia y dijo que la misma nota fue enviada a la Organización de las Naciones Unidas, a la Unión Interparlamentaria, la Asamblea Interparlamentaria de la Comunidad de Estados Independientes, la Asamblea Parlamentaria de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, la Asamblea Permanente de la OSCE y el Parlamento Europeo, entre otras instancias gubernamentales y diplomáticas.

Intereses cruzados

Y aunque es cierto que el senado ruso no promueve amenazas de ninguna naturaleza, muestra un conocimiento detallado de los planes subversivos que se tejen contra la Venezuela bolivariana, y deja claro que no va a permitir que se atente contra un aliado suyo, contra un amigo que aprecia.

Esta situación muestra que aunque en el discurso políptico se plantea por algunas naciones el derecho de los pueblos a la no intervención en sus asuntos internos, y a resolver sus problemas domésticos sin injerencia foránea, lo cierto es que Venezuela se convierte paulatinamente en escenario de los intereses geopolíticos de las grandes potencias.

Y mientras Washington repite que todas las opciones están sobre la mesa, esgrimiendo el dogal de la intervención militar, Rusia y China, en el marco del Acuerdo de Cooperación Estratégica entre ambas naciones con Venezuela, formalizaron la entrega de insumos médicos y ayuda técnica y militar al país latinoamericano.

No son provincias norteamericanas

Solamente China envió, la semana pasada, 65 toneladas de medicamentos, incluyendo antibióticos y medicinas para la diabetes. Estados Unidos responde imponiendo sanciones a barcos cargueros que trasportaban petróleo para Cuba y anunciando nuevas sanciones políticas y económicas contra Venezuela y sus líderes.

El consejero de seguridad de la Casa Blanca, John Bolton, admitió con total desfachatez que el incremento de las sanciones obedece a que si terceros países cooperan con Caracas, ello obstaculiza los planes de Estados Unidos de asfixiar financieramente a Maduro e impulsar su caída. Rusia respondió de inmediato diciendo que la Casa Blanca no debe olvidar que ni Venezuela ni Rusia son provincias norteamericanas, sino naciones independientes y soberanas.

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