La batalla por la memoria del Libertador

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Mural en las calles de Caracas, Venezuela.

En la conmemoración del Bicentenario sacamos a Simón Bolívar de los manuales de la historia y lo devolvemos al campo social y popular

Ana María Rodríguez
@AnamariaRdrgz 

Simón Bolívar, el Libertador, el hombre que libró alrededor de 472 batallas, el que estuvo al mando de un millón de soldados, ese a quien intentaron asesinar 22 veces y contra el que conspiraron 14 veces para derrocar su gobierno, el que libertó Colombia, por quien hoy conmemoramos el bicentenario de nuestra independencia, el hombre de las dificultades; ese hombre tiene millones de historias y sigue siendo un campo en disputa, uno que debemos ganar… ¿Por qué?

Hacia los años ochenta, Jacobo Arenas pronunció la siguiente frase en medio de una entrevista con Carlos Arango: “Nosotros nos consideramos los herederos legítimos de la lucha revolucionaria y patriótica de Bolívar”. Esta sencilla respuesta muestra una problemática en el estudio de las ciencias sociales que se conoce como el uso político de la historia y la memoria. ¿Qué quiere decir esto? Que la historia y la memoria son campos en disputa, que el pasado, como diría el historiador Enzo Traverso, no debe regirse al presente, sino que, al contrario, el presente dará al pasado el uso que prefiera; y que explica por qué Simón Bolívar ha sido recuperado por conservadores, algunos liberales, por Rojas Pinilla, y por la izquierda colombiana.

Memoria en disputa

Este fenómeno no es una novedad y otros historiadores y científicos sociales lo han estudiado alrededor del mundo; por ejemplo, el historiador David Rieff en uno de sus libros mostraba cómo Juana de Arco, un personaje que encarna la nación en Francia era disputada por la derecha y la izquierda, aunque la imagen que recrea una sea incompatible con la otra. Por su parte Traverso ha hablado de ese uso político desde la historia del Holocausto, mientras que el filósofo Jürgen Habermas ha mostrado la relación que cada país genera con su pasado y las funciones políticas de estos relatos en Inglaterra.

En América Latina la historia no ha sido diferente, miles de libros se han escrito para contar las proezas de los hombres que rompieron las cadenas del yugo español y las formas de interpretarlo siguen siendo diversas. Pasa en Uruguay con Artigas, en Argentina con San Martín y claramente pasa en Colombia con Simón Bolívar.

Bolívar, desde la élite

Simón Bolívar murió el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta a causa de una tuberculosis. En sus últimos años vivió en la soledad y el olvido. Después de su muerte, su nombre estuvo tachado por un imaginario de fracaso durante un tiempo. Sin embargo, después del nacimiento del partido conservador, estos retomarían su nombre. Desde Miguel Antonio Caro reclamando un nuevo bolivarismo, conservador, centralista, paternalista y católico, pasando por Alberto Urdaneta y Manuel Briceño en el Papel Periódico Ilustrado, que defendía al Bolívar lleno de fe que pasaba por el territorio haciendo patria, hasta Laureano Gómez quien decía recuperar a Bolívar desde su definición del Estado, el recelo por el liberalismo, y la desconfianza de las grandes libertades.

A mediados del siglo XX la imagen de Bolívar se vería divida entre diferentes corrientes políticas, la hegemonía que había impuesto el partido conservador sobre la historia y la memoria de Simón Bolívar se disipó y permitió que otros más reconstruyeran su pensamiento y su imagen, claro está, dependiendo de los valores que se quisieran representar.

Es así como a la llegada de Gustavo Rojas Pinilla a la presidencia en 1953, este militar lo empieza a reivindicar al lado de otras dos nociones, su lema sería: Bolívar, Dios y Patria. Junto a la idea de unidad, Rojas Pinilla justificó sus relaciones con Estados Unidos en la lucha contra el comunismo, (parece había olvidado el recelo que tenía Simón Bolívar con este país y que este no estaba incluido en el Congreso Anfictiónico, el lugar de encuentro de los países latinoamericanos que resistían en 1826).

Sobre la estela del Libertador

Hasta los años setenta el poder del pensamiento, la obra y la imagen de Simón Bolívar le seguía perteneciendo a los políticos tradicionales con una excepción: El dirigente comunista Gilberto Vieira escribiría en 1946 “Sobre la estela del Libertador”, un texto que desafiaba la forma convencional con que la derecha había pintado a Bolívar, que rescataba los valores y el componente social de la lucha del Libertador y donde problematizaba tanto el texto escrito por Marx, como las fuentes que utilizó. Pasarían casi 25 años para que la izquierda volviera a pensar, a escribir y a preocuparse por devolverle a su pueblo a Bolívar.

Lo harían algunas insurgencias como el M-19 durante los años setenta y ochenta, o las FARC-EP desde los setentas hasta la dejación de armas. Lo harían y lo siguen haciendo algunos partidos, como el Partido Comunista y la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, y lo harían también algunos movimientos sociales y populares.

Desde diferentes lugares hemos devuelto a Bolívar al lugar donde debe estar, reflejado en las luchas por la independencia, por la libertad, por la patria, por la unidad, por la democracia. Bolívar sigue estando en el obrero, en la campesina, en los estudiantes y en los barrios. Hemos aprendido del Libertador no sólo por los libros de historia más reconocidos que escribieron durante años algunos conservadores, también hemos creado nuestra propia bibliografía que combina el rigor historiográfico con el pensamiento bolivariano, un ejemplo son los grandes textos de Juvenal Herrera. También hemos aprendido desde la experiencia, de las problemáticas que durante 200 años siguen latentes en el país. Hemos recuperado a Bolívar en nuestros símbolos, en nuestra música, en nuestras pinturas, en nuestras imágenes, seguimos pendientes de lograr ese sueño inconcluso que Bolívar nos heredó.

Nadie sabe para quién trabaja, general

A mediados del siglo XX el militar Álvaro Valencia Tovar, uno de los comandantes más importantes y un experto en contrainsurgencia escribió un libro llamado “El ser guerrero del Libertador”; en este libro explicaba cómo Bolívar se había convertido en un guerrero, cómo había creado su estrategia y los valores propios para pelear una guerra.

Lo que Valencia Tovar no sabía es que este sería uno de los libros de formación más importantes para los y las combatientes de las FARC, que su libro sería reeditado en las selvas de Colombia y lo leerían esas mismas personas que el buscaba acabar a diario. Un día llegó a su puerta la edición de las FARC de su libro con una nota que decía “nadie sabe para quién trabaja, general” firmado por Jacobo Arenas. Una victoria nueva sobre la historia y la memoria de Simón Bolívar.

Claro está, que no ha sido fácil recuperar al Libertador de la política tradicional y que seguimos labrando el camino a nuestra segunda y definitiva independencia. Seguimos en la lucha por devolverle su lugar en el campo popular. El pueblo sale a las calles gritando: “Somos el pueblo de Camilo y de Simón”.

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