La anónima historia de George Hodgson

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George Hodgson.

El general revolucionario que, luchando en la misma orilla de Augusto César Sandino (1895-1943), se opuso con vehemencia no sólo a las pretensiones imperialistas de Usamérica, sino a las estrategias etnocidas desplegadas por los gobiernos de Nicaragua y Colombia en la primera mitad del siglo XX

Héctor Mondragón Báez

La proximidad de las efemérides de los 176 años de su nacimiento y de los 93 años de su muerte se constituye en una buena excusa para recordar trazos de la trayectoria biográfica de un insigne hijo del pueblo raizal del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, temprano precursor de los procesos autonómicos de los pueblos indígenas y afrodescendientes del Caribe insular y centroamericano, cuya memoria en el país infortunadamente corre el riesgo de caer en el limbo del olvido.

Se trata de George Montgomery Hodgson Bent (1884-1927), general revolucionario que, luchando en la misma orilla del “General de Hombres Libres”, Augusto César Sandino (1895-1943), se opuso con vehemencia no sólo a las pretensiones imperialistas de Usamérica, sino a las estrategias etnocidas desplegadas por los gobiernos de Nicaragua y Colombia para asimilar e integrar a sus respectivos proyectos de Estado-Nación a los pueblos Raizal (Creole), Miskito, Rama, Mayagna y Garífuna.

Vida rebelde

Su vida familiar fue una evidencia que las fronteras internacionales son artificiales. Nacido en San Andrés, Colombia, la tierra de su madre Jane Elizabeth May, y criado en Bluefields, Nicaragua, el terruño de su padre George S. Hodgson de ancestros jamaiquinos, las acciones que desarrolló durante su vida impactaron positivamente en la toma de conciencia de los pobladores de la región de uno y otro lado de las líneas divisorias.

Estudió en la Escuela Morava donde pudo cultivar su talento por el dibujo y la pintura, arte en el que llegó a destacarse. Luego de culminar la secundaria estudió odontología, profesión de la cual vivió hasta el fin de su vida, alternándola con su participación en distintas organizaciones defensoras de los derechos de los afrodescendientes, entre ellas la Universal Negro Improvement Association, UNIA, y con su brillante carrera militar iniciada en 1909, en donde sobresalió por haber introducido nuevos métodos en la guerra de guerrillas que le reportaron importantes victorias en Bluefields, Peral Lagoon y Kukra Hill.

En 1926 le sobrevienen quebrantos de salud que lo obligan a someterse a cuidados médicos, no habiéndose recuperado aún, retorna al campo de batalla donde su estado de salud se deteriora rápidamente. Cuando sus hombres intentan trasladarlo hasta un sitio seguro, se sobreviene su deceso.  Hoy, en un ejercicio de memoria, se recobra una historia originalmente publicada en Bogotá, D.C., en mayo de 1987 en la revista Margen Izquierda No. 14.

El proceso nicaragüense

El general liberal Juan José Estrada traicionó al presidente José Santos Zelaya y en alianza con los conservadores y con dinero yanqui tomó el gobierno. Pero Estrada no era el dueño del poder, sino los usamericanos, que poco después instalaron a unos títeres más de su gusto, mandando a Estrada a freír espárragos.

Después Hodgson se hizo un radical y apoyó una y otra vez los movimientos insurreccionales contra la oligarquía conservadora que se había instalado en el gobierno de Nicaragua.

En 1926, tras fracasar el “gobierno de transacción” liberal-conservador y tras producirse el golpe de Estado de Emiliano Chamorro, los liberales se rebelaron. Los primeros levantamientos se produjeron en la costa atlántica y su jefe visible y publicitado fue el general José María Moncada, un segundón de Estrada, en 1909, tan pro-yanqui como él. Pero no fue realmente Moncada quien comandó a los hombres en las primeras batallas, sino George Hodgson, quien con siete hombres tomó el cuartel de Bluefields y con las armas de los soldados dotó a más partidarios.

“El general Hodgson era en ese momento lo que hoy llamaríamos un guerrillero. Las armas las tomó del mismo enemigo porque en el primer ataque su gente tan sólo llevaba palos y machetes. Y después de Bluefields atacaron otras poblaciones de la Costa Atlántica”, afirma Walwin Petersen, legendario liberador de los esclavos raizales.

Celso Gordon

Uno de los hombres que luchó en los meses siguientes en las tropas de Hodgson vive aún [1987] en San Andrés. Tiene 87 años y “goza de buena salud física y mental”. Enrique Pusey Bent lo entrevistó para allegar datos útiles para este ensayo. Celso Gordon narró:

“Llegué a Bluefields en 1926 en el remolcador Rambler. Al mismo tiempo se supo que las tropas oficiales venían con refuerzos de la capital y por la noche fui enganchado (reclutado) por León Frankestein para pelear en las filas de Hodgson. Un sábado a las 12:00 de la noche, comenzaron las hostilidades. Hodgson adquirió las armas de un contrabandista llamado Bolkly. La primera refriega fue en el canal de Bluff. Eché plomo hasta que me salieron lágrimas en los ojos. Derrotamos a las tropas oficiales que intentaron en vano establecerse en el canal”.

Gordon recuerda a sus compañeros: Mano, Nelly, Cana, Mena Bulow y también Beltrán Sandoval, famoso porque asaltó los bancos de la Costa para financiar la revolución.

“Vaciamos los bancos de Puerto Cabezas y Brockman y con el dinero mandamos a comprar un “gunboat” (lancha armada) a México”. Gordon alude entonces a un gran éxito: la batalla del Lago Perlas. Tras esta victoria apareció en la Costa el máximo jefe de los rebeldes liberales: Juan Bautista Sacasa, gran amigo de los gringos. Pero las cosas cambiaron, porque los conservadores triunfaron en un importante enfrentamiento entre Muy Muy y Boaco. Sacasa abandonó la zona y Moncada quedó sitiado en El Bejuco, de donde fue rescatado por las tropas de Augusto César Sandino, quien acababa de tomarse Jinotega y salvar la revolución.

Sandino y Hodgson

Pero a todas estas cabe preguntarse: ¿por qué en ese abril de 1927 fue asesinado George Hodgson? La tradición raizal de San Andrés afirma que “se oponía al tratado”. Lo mismo recuerda Celso Gordon. Walwin Petersen cree que el tratado en debate fue el Esguerra-Bárcenas, firmado entre Colombia y Nicaragua en marzo de 1928 y que no fue del gusto ni de los Raizales de Bluefields ni de los Raizales de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, pues dividió otra vez el territorio de este pueblo, que ocupa tanto las islas, como el Caribe centroamericano.

Pero era imposible oponerse a un tratado que aún no se estaba discutiendo. El tratado que sí se debatía en abril de 1927 fue el de paz, que firmaron los liberales y los conservadores nicaragüenses veinte días después del asesinato de Hodgson: el acuerdo de Espino Negro. Contra la firma de tal pacto contrarrevolucionario estaba Sandino. Por lo cual, también en abril de 1927, Moncada ordenó al coronel José Campos que emboscara y matara a Augusto César Sandino, operación que fracasó.

Si los entreguistas de la revolución fallaron por entonces en su plan de eliminar a Sandino, lograron deshacerse de Hodgson. Este fue invitado a un banquete para tratar lo relativo a los acuerdos de paz y allí fue envenenado. (Se acuerda uno del envenenamiento del líder Totoró José Gonzalo Sánchez, pero también del asesinato de Sandino siete años después).

Eliminado Hodgson, los planes de los yanquis que ocupaban Nicaragua y de sus títeres Sacasa y Moncada salieron adelante en la Costa Atlántica. Hodgson era un líder popular muy querido, especialmente por los Raizales. Aunque era de piel clara (cooly looking), según el discurso de Green en sus exequias, fue un defensor de los derechos de los afrodescendientes, cosa nada del gusto de los yanquis que manejaban a los jefes liberales. Muerto Hodgson, “sólo un general se opuso a la traición Espino Negro: Sandino”.

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