La agricultura también empezó con las lentejas

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Aún hoy se cosecha la cebada silvestre en el sur de Siria. Foto: Juan José Ibáñez

El uso de las legumbres fue paralelo a la domesticación de los cereales en Oriente Próximo

Aún hoy se cosecha la cebada silvestre en el sur de Siria. Foto: Juan José Ibáñez

Miguel Ángel Criado

En lo que hoy es una Siria devastada por la guerra, hace unos 10.000 años empezó la domesticación de los cereales. Investigadores españoles han mostrado también que, además del trigo o la cebada, las legumbres y otros vegetales fueron la base de las incipientes sociedades agrarias de lo que hoy es Oriente Próximo.

El paso de la recolección a la agricultura fue una de las grandes revoluciones que marcó la historia de los humanos y su impacto sobre el planeta. La domesticación de plantas y animales liberó a los primeros agricultores de muchas incertidumbres. Fue también la base de la sedentarización y aparición posterior de las ciudades y sus jerarquías sociales. Estos procesos, que caracterizaron el Neolítico, se dieron en todos los continentes aunque en diferentes momentos. En la base de todo el edificio siempre hubo un cultivo dominante. En lo que hoy es China, por ejemplo, fue el arroz. El maíz jugó el mismo papel en el México actual. En el caso del trigo, todo apuntaba al oeste de Asia. Pero la historia no es tan simple ni tan sencilla.

“Los cereales fueron importantes en las actuales Siria y Jordania, pero en otras zonas no estaban aún presentes”, dice la investigadora de la Universidad de Copenhague y principal autora de un estudio sobre el origen de la agricultura, Amaia Arranz-Otaegui. En el este del llamado Creciente Fértil, que ocupaba áreas del sur de Turquía, la cabecera de los ríos Éufrates y Tigris y parte del Irán más occidental, los cereales llegaron hasta 1.000 años después. En estas zonas, claves en el Neolítico occidental, aprovechaban habas, garbanzos o lentejas. “Las legumbres van en paralelo a los cereales pero, quizá por el peso del trigo en nuestra cultura, las hemos dejado de lado”, comenta la investigadora vasca.

Junto a investigadores británicos, de las universidades del País Vasco y Cantabria y el Instituto Milá y Fontanals (CSIC), Arranz-Otaegui participó en las excavaciones del yacimiento de Tell Qarassa, en el sur de Siria, hasta 2010. El estallido de la guerra civil impidió una segunda parte de la expedición. Aún así, recopilaron suficiente información para que, tal y como publican en la revista PNAS, determinar que en esa región fue donde primero se produjo la domesticación de los cereales.

El trigo fue domesticado hace entre 10.700 y 10.200 años en lo que hoy es Siria

El proceso de domesticación fue largo y tiene muchas similitudes con el de otros granos como el maíz en otras latitudes. En el Levante mediterráneo se cosechaban cereales como la cebada y el trigo hace al menos 11.600 años. Pero, al igual que con el arroz y el maíz, antes de domesticar el cereal, pasaron siglos cultivando especies silvestres. Este cultivo de variedades salvajes, que aún se practica en zonas de Oriente Próximo, fue el inicio de un proceso de presión selectiva de los humanos sobre los vegetales.

En el yacimiento de Tell Qarassa, los científicos españoles encontraron tanto restos de cereales silvestres como una pequeña pero significativa proporción de semillas ya con la morfología de las variedades domésticas con una antigüedad de entre 10.700 y 10.200 años. “Hemos descubierto que los cereales de Tell Qarassa se sembraban en otoño y se segaban sobre febrero o marzo, cuando no estaban plenamente maduros, para evitar que se desprendieran las espigas en el momento de la siega”, dice el investigador del CSIC y director de la expedición Juan José Ibáñez.

Aún hoy los cereales silvestres tienen unas espiguillas muy frágiles. Sus semillas son, además mucho más pequeñas que las domésticas. Son dos mecanismos claves para su éxito reproductivo: al madurar, cualquier golpe de viento podría llevar la semilla a fecundar otro lugar. Lo que define la domesticación es que “la planta depende del ser humano para su reproducción”, recuerda Arranz-Otaegui.

En el sur de Turquía y las cabeceras del Tigris y el Éufrates el cereal no llegó hasta 1.000 años después

En el caso de la escaña y el farro, dos tipos de trigo, y la cebada encontrados en Tell Qarassa, hasta un tercio de los restos arqueobotánicos presentan características propias de semillas de variedades domesticadas. En otros yacimientos de la misma época y región no hay ni rastro de cereales domesticados. Más relevante aún, en otras regiones del Creciente Fértil, los cereales ni aparecen.

En las zonas de los actuales Irán, Irak o el sur de Turquía los cereales aparecen 1.000 o 2.000 años después. Los registros de los yacimientos aquí son ricos en frutas, frutos secos, frutos de plantas de ribera, en pistachos y sobre todo legumbres. La investigadora vasca reconoce que aún faltan pruebas que confirmen su cultivo y domesticación, pero, para ella queda claro que “en el Neolítico no solo se comían cereales”.

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